martes, 27 de octubre de 2020

A PROPÓSITO DE LA PUBLICACIÓN “LEYENDO ENTRE LÍNEAS. UNA HISTORIA CRÍTICA DE LA CONTRACEPCIÓN” (I)

"Leyendo entre líneas. Una historia crítica de la contracepción" Autores: Gonzalo Herranz, Pilar León-Sanz, José María Pardo, Joakin Irala (Ed Amazone 2020) 

Estamos ante una publicación que tiene todos los ingredientes para ser considerada una señal de clara de orientación en la convulsa encrucijada histórica en la que estamos largamente inmersos por una imperante mentalidad contraceptiva a nivel internacional, y en la que desgraciadamente nos desenvolvemos en el día a día severamente intoxicados. Esta publicación que presentamos, saca a la luz las causas de esta borrachera que padecemos a nivel científico, cultural y social.  

Esta encrucijada se ha ido fraguando desde los inicios del siglo pasado. En aquel entonces, muchos empezaron a deslumbrarse por la búsqueda de una solución terapéutica que facilitara los objetivos de una sociedad que comenzaba a impregnarse de una mentalidad negativista a la concepción. La atención se dirigió a la medicina, en busca de una fórmula que facilitara la anticoncepción. La medicina fue empujada y, de forma progresiva, se dejó empujar, por esa mentalidad que le logró seducir a través de intereses comerciales pagando el alto precio de silenciar los efectos adversos de esas fórmulas anticonceptivas, principalmente en lo referente a su innegable efecto abortivo.

Los vientos de la mentalidad contraceptiva desde su inicio fueron muy fuertes, casi huracanados en su origen social, y la ciencia médica recibía ese embate violento que le forzaba para que su investigación se acomodara a los intereses particulares de moda.

Causa una gran satisfacción comprobar que en la reciente publicación  “Leyendo entre líneas. Una historia crítica de la contracepción” del Prof. Gonzalo Herranz, y otros, (Ed Amazone 2020), haya arrojado luz sobre esa oscura maraña forjada por la mentalidad anticonceptiva con su potente influencia a nivel médico y social, pues era evidente que se hacía necesario un estudio de aproximación para comprobar cuáles fueron los procedimientos de su actuación, ya que las sombras de sospechas de una elaboración fraudulenta desde la perspectiva ética eran más que evidentes.

El trabajo del Prof. Herranz y otros, en este libro, es de agradecer por lo que supone de exploración inédita que arroja luz con suficiente intensidad para alertar de la flagrante incorrección ética que fue el origen de la utilización de los anticonceptivos hormonales, u otros dispositivos, que ponen en peligro la implantación del embrión recién fecundado. 

En este libro se comprueba como el trabajo científico se plegó a intereses que desvirtuaban la corrección del método empleado, la pulcritud de los resultados y, por lo tanto, unas aplicaciones al margen de la ética médica. En el libro, se demuestra como la degradación ética en los trabajos realizados mantuvo una permanente ceguera, irresponsable y culpable, frente a los potenciales efectos abortivos a los que lleva la utilización de anovulatorios.

“Leyendo entre líneas. Una historia critica de la contracepción” ha supuesto un trabajo ímprobo. Un trabajo de años, elaborado con paciente corrección y exactitud milimétrica de datos y resultados. Ahí se ponen al descubierto una correlación de hechos que, oscurecidos bajo una gigantesca e intencionada estructura pesudocientífica, escondían intenciones orientadas, ante todo, a favorecer la anticoncepción, consumando la quiebra de los pilares éticos por sus procedimientos, y el hundimiento definitivo de la calidad científica de ese proyecto de trabajo.


LA ENFERMEDAD ALCOHÓLICA. ASPECTOS GENERALES

   
Hay muchos bebedores de riesgo que no son conscientes de su situación. Es importante evitar que la enfermedad del alcohol, como es habitual, avance silencioso en estos pacientes y amanezcan en el hospital, pasados los años, cuando ya poco se puede hacer por ellos. Si hubiera un medidor general de hasta qué medida sería aceptable beber, se podría poner un límite en los tres vasos de vino diarios para los hombres y dos para las mujeres. A partir de esa cantidad, esa persona puede empezar a entrar a zona de riesgo y habría que vigilar su relación con el alcohol. No significa que no se pueda beber. La cuestión está en que hay que tomar la proporción ajustada. 
   El descontrol en la bebida leva a un final devastador. De esas personas que beben muy por encima de lo recomendado, sobre un 15% pueden evolucionar a una cirrosis hepática, que suele ser, además, el preámbulo del cáncer de hígado. 
   La cirrosis es
la degeneración hepática, la desestructuración del hígado. Se pierde su arquitectura, tanto orgánica como funcional. Un órgano que es capital para el funcionamiento del cuerpo humano se convierte en prácticamente inservible. 
   Revertir la cirrosis es imposible. Lo único que se puede hacer es frenar su progresión. El clásico pensamiento de que una borrachera ocasional es normal y no supone ser alcohólico es uno de los mitos que hay que echar por tierra, al igual que la frecuente borrachera es la que define a la enfermedad alcohólica. La enfermedad alcohólica no se define sólo por la frecuente borrachera. Hay muchas personas que sin llegar a estar con frecuentemente embriagados son enfermos alcohólicos. Muchos son bebedores sociales, sin saberlo, son enfermos del alcohol. 
   El grado de dependencia al alcohol marca la diferencia entre unos pacientes y otros.
   También es preciso un cambio de mentalidad en los familiares del enfermo alcohólico, pues no nos encontramos frente a una persona con un vicio, aunque en un principio pudo serlo, ahora enfrente tenemos a una persona absolutamente incapaz de vencer una dependencia. Sin contemplarlo así es imposible tratar adecuadamente su enfermedad. Si se sigue y se le trata con razonamientos para convencerle que tiene que salir del vicio, el fracaso está servido. El enfermo alcohólico tiene una voluntad tan debilitada que no puede disponer de ella: esa es la esencia de su enfermedad.

Si se precisa más aclaración, o consulta, dirigirse a: medicinayvida@gmail.com

viernes, 3 de noviembre de 2017

El enfermo terminal

                                                                    Consideraciones para la reflexión:

1) Cuando se judicializa la relación médico-paciente se rompe toda la actuación médica. Salta hecha añicos y se pierde el control con el enfermo, a favor de otros condicionantes de tipo jurídico que no benefician y dificultan, con sentencias, los condicionantes de la enfermedad, siempre nuevos, que suponen cambios en la evolución del paciente.

2) Cuando se habla de "muerte digna" no se percibe muy bien el significado de la expresión. No hay una muerte digna, por la sencilla razón que la muerte no es digna nunca, igual que no hay un "hambre digna"... Lo único realmente digno es la persona.

3) Los argumentos en pro de la eutanasia sucumben cuando se ofrece a los pacientes terminales la especialidad médica que corresponde: la Medicina Paliativa. Esa especialidad es el instrumento médico, de gran riqueza de contenido profesional, en favor del enfermo desahuciado, para dar la medicación necesaria y evitar todo la superflua.

En ese sentido, se expresa el Prof. Gonzalo Herranz, con los siguientes terminos:

Sólo se puede hablar de verdadera libertad de elección cuando la medicina paliativa es practicada con competencia y ofrecida como alternativa humanizante a todos los que la necesitan.

"Lo específico de médicos y enfermeras es ayudar, con su conocimiento y habilidades, a los enfermos y débiles, a seres humanos que viven la crisis de estar perdiendo su vigor físico, sus facultades mentales, su vida. El respeto por la dignidad del hombre, toma en Medicina, una forma peculiar y específica: el respeto a la vida debilitada. En la Medicina paliativa, el respeto a la vida está condicionado de forma casi constante por la presencia de la vulnerabilidad esencial, por la fragilidad extrema del hombre, por el reconocimiento de lo inevitable y próximo de la muerte. El respeto ético de médicos y enfermeras que administran cuidados paliativos es respeto a la vida declinante; su trabajo consiste en cuidar de gentes en el grado extremo de debilidad.

Cuando al enfermo se le considera a esta luz, como algo a la vez digno y miserable, podemos reconocer su condición a la vez inviolable y necesitada. Este es el fundamento ético de la atención terminal que se debe a todo paciente, la justificación moral de los cuidados paliativos."