martes, 14 de mayo de 2024

Ética médica y píldora del día después (D

La ética sanitaria exige que, al menos, la adquisición de la píldora del día después venga acompañada de la adecuada advertencia de sus efectos.

El Prof Gonzalo Herranz:

“Con datos parciales, oscuros o sesgados no puede llegarse a decisiones responsables. Es criterio general que el consentimiento del paciente no sería genuino, esto es, ni libre ni informado, si el médico le ocultara información que el paciente tuviera por éticamente significativa. 

Con respecto a la píldora del día después, quien ha de juzgar es la propia mujer. …(Se) reconoce la especial e intransferible responsabilidad de cada uno en materia de reproducción humana, que, en el pluralismo ético de hoy, admite diferentes versiones: para unos, se trata de ejercer una maravillosa cooperación con el poder creador de Dios; para otros, se trata de expresar la centralidad que la reproducción humana ocupa en su plan de vida personal; para otros, finalmente, se trata de ejercer el derecho de transmitir al hijo, a través del material genético, la imagen de la propia identidad.

El médico ha de reconocer que quienes creen que la vida del ser humano comienza con la fecundación actúan con plena racionalidad cuando rechazan un tratamiento que pueda destruir una vida humana naciente, aun cuando la frecuencia absoluta de tal evento fuera baja. 

Es cierto que, en el proceso de consentimiento informado, el médico no está obligado a referir riesgos muy raros, pero esa norma decae cuando se tengan indicios razonables de que esa rara posibilidad es tenida ...como importante, o muy importante. Esos indicios se obtienen informando y preguntando. No hacerlo equivaldría a viciar el consentimiento, que ya no sería informado. Se sabe que se dan efectos psicológicos negativos —sentimientos de engaño, culpabilidad o tristeza, reacciones de rabia o depresión— en mujeres que creen que la vida humana comienza con la fecundación y que más tarde se enteran de que la píldora del día después pudo haber eliminado una de esas vidas, sin que se les hubiera informado y dado oportunidad de expresar su voluntad. La falta de consentimiento en un caso así puede exponer al médico a enojosas consecuencias deontológicas y judiciales.

… Respetar a las personas es respetar sus convicciones. Como es lógico, las convicciones que el médico no puede imponer no son sólo las políticas, ideológicas o religiosas. Son también las técnicas y científicas. El médico ha de manifestar sus opiniones y recomendaciones que hagan al caso, pero ha de hacerlo sin abusar de su posición de poder. Si piensa el médico que el embrión humano es respetable sólo después de haberse implantado o incluso más tarde, esa es su opinión, pero no puede imponerla a quien tiene a la fecundación por comienzo de la existencia humana. No puede olvidar el médico que, para mucha gente, son inaceptables aquellas formas de regulación de la reproducción que permiten la fecundación y provocan luego la pérdida del embrión.” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001.

viernes, 10 de mayo de 2024

Ética médica y píldora del día después (C)

El derecho del paciente a la información y el deber de informar que incumbe al médico no lo puede suplantar ninguna legislación, con especial gravedad cuando está en juego la vida humana.

El Prof Gonzalo Herranz:

"De todas formas, aun en medio del ocultamiento y la indeterminación, no faltan quienes, superado todo escrúpulo ético ante el aborto y la contracepción dura, se manifiestan con sincera franqueza. 

Un par de muestras: 

-en la versión española, pero curiosamente no en la inglesa, de la página del Population Council en Internet, se lee: "lo que hacen las píldoras anticonceptivas de emergencia y las minipíldoras de emergencia es, principalmente, modificar el endometrio (la capa de mucosa que recubre el útero), para así inhibir la implantación de un huevo fecundado". 

-Y Émile Etienne Baulieu acuñó el concepto de contragestivos para agrupar junto a la RU-486, la píldora abortiva que él había diseñado, los métodos de control de la fertilidad que son abortivos muy precoces, entre los que incluye los dispositivos intrauterinos, la contracepción hormonal a base de gestágenos y la contracepción postcoital. "De hecho –afirmó en su discurso al recibir la Medalla Lasker- la interrupción posterior a la fecundación, que tendría que ser considerada como abortiva, es algo que está a la orden del día […] Por esa razón, hemos propuesto el término "contragestión", una contracción de "contra-gestación", para incluir en él la mayoría de los métodos de control de la fertilidad".

Eso es hablar claro y sin tapujos. La evolución histórica de la contracepción ha seguido una trayectoria bien definida: de la anovulación a la intercepción, del ovario al endometrio, de antes de la fecundación a después de ella. El modo, lugar y tiempo de su actuación han ido cambiando a lo largo de los últimos años. Pero se sigue hablando de contracepción, como si nada hubiese ocurrido.

El médico que profesa un profundo respeto a la vida y que no ignora el efecto antinidatorio de la píldora del día después rehusará prescribirla, para lo que no necesita, a la vista de los términos que constan en la reciente autorización del levonorgestrel, recurrir a la objeción de conciencia. Pero, si un día se incluyera la píldora del día después entre las prestaciones de las aseguradoras privadas o del sistema nacional de salud, el médico podría presentar objeción de conciencia a su prescripción, al igual que lo hace ante el aborto de embriones y fetos de mayor edad.

…La información sobre la reproducción humana es un área privilegiada, especial. En nuestro caso, impone al médico, en especial al ginecólogo y al médico general, el deber de informar sobre la píldora del día después, no de modo rutinario, sino cualificadamente, pues la información que dan a quienes le preguntan ha de servirles a éstos para tomar decisiones con conocimiento suficiente y con suficiente responsabilidad. Tal información ha de ser objetiva, inteligible, adecuada.” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001. 


viernes, 3 de mayo de 2024

Ética médica y píldora del día después (B)


Silenciar, por indiferencia o por legislación, la acción abortiva que tiene la píldora del día después no disminuye su carga antiética y delictiva.

El Prof Gonzalo Herranz:  

“La cosa, importante, como es el efecto antinidatorio de la píldora del día después, permanece envuelta en una tenaz nube de ignorancia. Sorprende que una cosa así ocurra en el tiempo de la medicina basada en pruebas, tiempo en que, en farmacología clínica, se hila muy fino y no están bien vistas ni la ignorancia ni la indeterminación. Disponemos sólo de estimaciones indirectas, aunque relativamente fiables, que permiten concluir que, aun dada a tiempo, la píldora del día después no inhibe la ovulación siempre; que, a pesar de los cambios que induce en el moco cervical, la píldora del día después no impide que los espermios pasen en cantidad disminuida, pero suficiente, a la trompa; y que el efecto antinidatorio endometrial juega un papel, decisivo aunque no cuantificado, en la eficacia del tratamiento.

Claridades y ambages. Una situación así obliga a actuar en la duda, con menos datos de los necesarios, lo cual crea conflictos. 

Con razón, quienes profesan un respeto profundo a todos los seres humanos sin excepción, estiman que jamás uno de ellos puede ser expuesto al riesgo próximo de ser destruido, aunque ese riesgo no esté cuantificado. Basta con que la píldora del día después sea, de hecho, capaz de privar de la oportunidad de vivir al embrión humano para que la píldora del día después sea condenable. 

Quienes no profesan aquel respeto prefieren negar el problema ético valiéndose de ciertos cambios del lenguaje. Para ellos, mudar el nombre de las acciones transmuta su moralidad. Afirma un editorial del New England Journal of Medicine: "…aun cuando la contracepción de emergencia actuara exclusivamente impidiendo la implantación del zigoto, no sería abortiva". Pero no se nos dice qué es. Quebrar la vida de un ser humano, por minúscula que sea la víctima, es algo que merece ser llamado de alguna manera. 

Impedir la implantación del embrión humano es un hecho de notable importancia ética que no se puede volatilizar por el fácil expediente de dejarlo sin nombre. Su sustancia moral no desaparece, aunque se recurra a la redefinición de gestación y concepción que hace años pactaron la Organización Mundial de la salud (OMS), el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG), la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) y las multinacionales del control de la natalidad.

Pero la tal redefinición no es de recibo: a ella se vienen resistiendo año tras año, con una tenacidad sensata, muchos hombres y mujeres de buena voluntad, las sucesivas ediciones de los diccionarios generales y médicos, y los libros de embriología humana.” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001. 


sábado, 27 de abril de 2024

Ética médica y píldora del día después (A)

La trascendencia de lo que ocurre con la toma de la píldora del día después no puede pasar desapercibida. Basta asomarse a los efectos farmacológicos que presenta.

El Prof Gonzalo Herranz

“El mecanismo de acción de la píldora del día después incluye un componente de significado ético fuerte: impide la anidación y, con ello, el desarrollo del embrión humano

Sabemos que lo hace, pero ignoramos cuantas veces los hace. En consecuencia, recetar el médico o tomar la mujer la píldora del día después son acciones con fuerte carga de responsabilidad, en las que juegan un papel muy relevante factores de dos órdenes. Uno que podríamos asignar al área de la ética biológica; el otro, al de la ética profesional. 

El factor ético-biológico consiste en saber qué es lo que ocurre en el organismo de la mujer cuando ella hace uso de la píldora del día después: sólo sabiéndolo, no daremos palos de ciego y será posible actuar con conocimiento y racionalidad. 

El factor ético-profesional consiste en analizar, a la luz de los principios y normas de la deontología médica, qué requisitos -de información no sesgada, de respeto por las personas y sus convicciones morales- habrían de exigirse para que un médico pueda prescribir la píldora del día después.

Mecanismo de acción en la penumbra ¿Qué sabemos de la píldora del día después? Aquí, la pregunta no se refiere primariamente a su eficacia y seguridad, a sus interacciones: de eso sabemos suficiente. Se refiere a su mecanismo de acción, del que necesitamos saber y hablar más.

Es casi rutinario decir que la píldora del día después ejerce un efecto diverso y multifactorial, que depende de la relación temporal que se dé entre el momento de la ingestión del producto y el día del ciclo menstrual o el tiempo transcurrido desde la relación coital. 

En la versión oficial de los hechos, se dice que la píldora del día después puede inhibir la ovulación o, a través de sutiles perturbaciones de la función del eje hipotálamo-hipófisis-ovario, retrasarla; que puede modificar la textura del moco cervical y volverlo impracticable para los espermios; que puede enlentecer la motilidad tubárica y con ella el transporte de los gametos; que puede debilitar la vitalidad de los espermios y del ovocito y mermar su capacidad de fecundarse; o que, en fin, puede alterar el endometrio y hacerlo refractario o menos receptivo a la implantación del huevo fecundado. Es decir, unos cambios son contraceptivos porque inhiben a la fecundación; otros, en cambio, operan después de ésta y han de ser tenidos como interceptivos o abortivos muy precoces.

Qué parte juega cada uno de esos factores, y particularmente ese último y decisivo efecto antinidatorio de la píldora del día después, en el resultado neto final de que nazcan menos niños, nadie se ha propuesto dilucidarlo…” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001.


viernes, 19 de abril de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (y XIII)

La corrupción ética de la reproducción asistida se vende fácilmente con el empleo de un lenguaje suficientemente engañoso.

El Prof Gonzalo Herranz:

“Todas estas cosas no se pueden introducir en la sociedad y en la conciencia de la gente si no es a través de una artificialización del lenguaje. Esta artificialización opera a varios niveles. 

Uno de ellos es la reducción de un ser humano individual a una etiqueta sociológica o diagnóstico-médica. Eso conlleva el riesgo de expropiarles de su condición humana. 

El derecho a tener un nombre propio es uno de los derechos fundamentales de la persona. Cuando el médico se refiere a un feto o a un neonato que sufre de alguna alteración genética no como a un ser humano concreto y real, sino como a una etiqueta diagnóstica, una abstracta especie morbosa, los despersonaliza, los reduce a algo no-humano e irreal. El médico dice: Esta mañana aborte una Down y una hemofilia. Y, está claro, en sus cuentas no hay lugar para la significación humana de unas vidas plena y doliente o inocente y feliz. Su lenguaje artificial le dispensa de tener conciencia.

Eso mismo pasa a otro nivel cuando se habla de preembrión, como timo de la estampita, mediante el cual mucha gente inteligente acepta la neutralización ética del hombre recién concebido. O cuando se designa el aborto como microsucción, microaspiración, regulación menstrual, o interrupción voluntaria del embarazo (IVG).

Chesterton decía que los ricos inventan a veces palabras largas para revestir de dignidad cosas que dichas en lenguaje común no pueden ocultar lo malvado de una conducta. Decía que cuando un pobre comete determinada acción se le acusa de robo. Pero cuando el rico comete la misma fechoría se le diagnostica de cleptomanía.

Eso es lo que ha ocurrido con la cooperación que la Medicina ha prestado a los poderosos del control demográfico o de la reproducción asistida: Ha creado palabras largas para ocultar lo perverso de ciertas acciones. 

La familia artificial necesita un vocabulario artificial: sin él, la gente de la calle no hubiera tragado el anzuelo.

Yo espero que los universitarios (y todos) sepan (sepamos) ser, como es su obligación, agudamente críticos.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993  


viernes, 12 de abril de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (XII)


A las técnicas de fecundación in vitro se les exige calidad de manufactura. Ciertamente, los profesionales especialmente adiestrados en fecundación in vitro son los veterinarios.

El Prof Gonzalo Herrranz

“La artificialización de la familia conoce otras manifestaciones ligadas a la reproducción asistida. Las leyes pueden hacerse ciegas a la realidad, e incluso, autorizan a falsificarla. Pero la realidad no se deja trucar. 

Eso ocurre con la donación de gametos o de embriones. Como dice la Instrucción Donum vitae, "El respeto a la unidad del matrimonio y a la fidelidad conyugal exige que el hijo sea concebido en el matrimonio; el vínculo existente entre los cónyuges atribuye a los esposos, de modo objetivo e inalienable, el derecho exclusivo a llegar a ser padre y madre solamente el uno a través del otro... La fecundación artificial heteróloga lesiona los derechos del hijo, lo priva de la relación filial con sus orígenes...  obra y manifiesta una rotura entre parentalidad genética, parentalidad gestacional y responsabilidad educativa." 

Y como dice con mucha fuerza Sir Immanuel Iakobovits, una autoridad del Judaísmo, la inseminación artificial por donante "es moralmente objetable porque constituye una falsificación y una profanación del matrimonio; porque es un engaño al público, pues la paternidad del niño es registrada fraudulentamente a nombre del padre estéril; por el modo clandestino con que se practica, ya que oculta o hace desaparecer la identidad del donante; por la posibilidad de uniones incestuosas entre parientes próximos del donante y su descendencia artificial; por lo arbitrario de permitir que sea un médico o un ayudante de laboratorio quien decida quién ha de ser el padre del hijo de una mujer,... y, sobre todo, por la execración de la generación humana que se iguala a las técnicas de reproducción animal".

La artificialización de la familia mediante la reproducción asistida materializa al hijo en un producto, no en un don. 

Hay indicaciones que tanto los médicos como los padres se exigen o exigen un adecuado nivel de calidad del producto. Mediante el aborto in vitro, el seguimiento de las técnicas de diagnóstico genético o prenatal, se procede obstinadamente a la eliminación de los niños tarados o malformados. Los médicos lo hacen para verse libres de posibles demandas por malapráctica y para mantener el alto nivel de calidad exigible a una tecnología avanzada. Los padres porque su deseo de hijos no es ciego: el hijo artificial no puede ser en sí mismo un fracaso. Algo que ha costado tanto dinero y esfuerzo debe ser razonablemente normal o, en todo caso, supranormal.

Esto tiende a crear en la sociedad una difusa aspiración a tener sólo niños perfectos, a popularizar el diagnóstico prenatal como instrumento de selección, a establecer una intolerancia social hacia la deficiencia, la debilidad, la imperfección biológica, a caer en la tiranía de la normalidad.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993 


viernes, 5 de abril de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (XI)

Dictar sentencia aleatoria de vida o muerte a personas en su estadio inicial (embrión) es parte del trabajo ordinario del fecundador in vitro.

El Prof. Gonzalo Herranz

“Es curioso que, al principio de la práctica de la fecundación in vitro, sus promotores asumían una actitud humilde: decían que ellos estaban allí para ayudar a la naturaleza, para salvar in vitro la obstrucción de la trompa, pero que quienes de verdad eran los actores eran los miembros del matrimonio estéril, con sus gametos y su potencial parental. 

La cosa no duró. No tardó mucho en ponerse en práctica el recurso a los donantes para que aportaran sus gametos, a la producción de embriones heterólogos, al uso de úteros alquilados, a la reducción selectiva de los casos de gemelaridad elevada, etc. 

El papel asumido por el fecundador artificial se ha ido haciendo cada vez más dominante. En los primeros tiempos, los periodistas entusiastas daban el título honorífico de "padre de la primera niña probeta" a los que desarrollaron el rudimentario procedimiento de entonces. Ahora que todo parece más banal y menos glorioso, es cuando, en realidad, los fecundadores artificiales toman decisiones de vida o muerte sobre las criaturas que crean en su laboratorio.

Un ejemplo. He tratado de imaginar a veces cómo puede ser que un médico llegue a cosificar en tal grado al embrión humano que se sienta autorizado a practicar la combinación de fecundación in vitro con la llamada reducción selectiva. Años atrás, para incrementar al extremo la eficiencia de la FIVET o para vencer ciertos problemas de esterilidad ovárica, se provocaba una intensa estimulación ovárica con los que, in vitro o in vivo se obtenía un número excesivo de embriones (en ocasiones, hasta doce). Hoy se han dictado directrices firmes para evitar esa circunstancia. Al cabo de unas semanas, se determina, mediante ecografía, cuántos embriones se han implantado y se desarrollan normalmente. Se pregunta entonces a la madre cuántos niños desea tener. Y mediante guía ecográfica, el fecundador in vitro reduce al número deseado el de embriones presentes, elimina los sobrantes.

Esto, para mí, representa el colmo de la artificialización de la familia. Porque la combinación de fecundación en masa con la reducción del número de los embriones (no quiero llamarla selectiva, porque ¿Qué selecciona? ¿Muertes? ¿Vidas?) significa que se juega al azar cuáles de los hermanos van a vivir. Se hace una especie de ruleta rusa, una lotería como la empleada para diezmar un contingente rebelde, mediante la cual, son liquidados unos hermanos (niños, niñas) para ajustar su número a las preferencias de los padres o, lo que parece más probable, al deseo del fecundador de evitar los riesgos de una gestación múltiple y de asegurar al máximo la eficacia del procedimiento.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993