sábado, 28 de mayo de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (II)

Desenmascarar afirmaciones que se revisten de científicas sin aportar datos de ciencia conclusivos es una tarea que siempre será necesaria, y más en estos momentos. Un ejemplo históricamente paradigmático lo presenta el Prof Herranz respecto a los contraceptivos abortivos, desvelando poderosos intereses ajenos a la ciencia, pero que son a los promotores muy fructíferos. Aceptar convivir anestesiados con la pseudociencia se paga siempre con aceptar el naufragio personal y de la sociedad.

Así se expresa el Prof Gonzalo Herranz

Respecto a la progresiva irrelevancia de los conceptos, la frontera entre regulación de la natalidad/control de los nacimientos y aborto ha sido objeto de un desdibujamiento progresivo, hasta el punto de que para muchos médicos y bioeticistas, y también para algunos teólogos morales, es una cuestión carente de interés: es asunto que se puede ignorar o considerar como irrelevante. 

Hace unos años eran frecuentes los artículos que todavía se interrogaban sobre la significación biológica y moral de que un determinado agente actuara en una fase preconcepcional, evitando la ovulación o impidiendo la fecundación, o si ejercía su acción después de la fecundación, lesionando directamente al embrión joven o impidiendo simplemente su anidación. 

Las revistas publicaban artículos con títulos como, por ejemplo, La píldora del día siguiente y el dispositivo intrauterino: ¿cantraceptivos o abortifacientes?, o La Mifepristona, ¿agente contragestativo o abortifaciente médico? Ello es muy congruente con la vocación científica de la Medicina: no es suficiente conocer los efectos finales de las intervenciones biomédicas: es necesario determinar y estudiar en detalle los mecanismos por medio de los cuales actúan.

Pues bien, los artículos que estudian esos problemas constituyen una especie en riesgo de extinción. El hecho no parece deberse a que la materia carezca de interés científico. 

El desinterés por el problema viene de fuera: el esclarecimiento del mecanismo de acción puede crear un rechazo de esos procedimientos en ciertos ambientes religiosos o culturales. Para evitar tal rechazo, lo mejor es ignorar: tender un velo de silencio sobre lo ya conocido o volatilizar el problema, no interesándose por él ni científica ni éticamente. 

Una historia puede aclarar este modo de proceder. En un artículo de revisión, publicado en una revista seria, titulado Una década de contracepción intrauterina: 1976 to 1986, Howard J. Tatum y Elizabeth B. Connell, de la Emory University School of Medicine, Atlanta, Georgia, relatan como los DIUs fueron absueltos de toda malignidad. Estas son sus palabras: Se han hecho, ya desde el momento en que los DIUs empezaron a usarse con propósitos de contracepción, acusaciones de que su acción se debe fundamentalmente a una acción abortiva. Este concepto ha sido difundido por ciertos grupos religiosos que han proscrito en consecuencia el DIU como medio moralmente aceptable para controlar la fertilidad. 

Uno espera que los autores refuten esas acusaciones de un modo científico, aportando pruebas relevantes a la cuestión básica. Esto es, de si los diferentes tipos de DIUs poseen un mecanismo de acción preconcepcional sobre los gametos mismos o si, por el contrario, destruyen al embrión joven en algún momento de su existencia, sea antes, en el curso, o después de su implantación en la pared uterina. Pero el desengaño es inmediato: la refutación de aquellas alegaciones se hace, no en el terreno firme de los hechos científicos, sino por medio de la redefinición táctica de los conceptos, mediante lo que puede llamarse con justicia un lavado de cerebro.

Nos engañan Tatum y Connell cuando nos dicen: Las definiciones precisas de los términos gestación y aborto y los datos científicos recientes nos ayudan a rechazar tales conceptos erróneos y esas informaciones engañosas que, en el pasado, han enturbiado todo el problema de los mecanismos por los que se ejerce el efecto contraceptivo de los DIUs.

No cabe duda que las nuevas definiciones vienen avaladas por corporaciones muy importantes, más interesadas quizás en revestir de aparente dignidad sus rutinas profesionales, que en esclarecer la realidad de los hechos. Con cínica sencillez, esas nuevas definiciones ignoran la parte moralmente significativa de la realidad, y todo se considera arreglado mediante la solemne aprobación de una nueva terminología trucada”. Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.


martes, 24 de mayo de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (I)


Abordamos un nuevo capítulo de envíos marcados por las enseñanzas del Prof Gonzalo Herranz. Se trata esta vez de un tema de ética médica de notable vigencia en el mundo profesional sanitario y de gran repercusión social. La ignorancia que de intento se ha difundido en este campo de forma generalizada, tanto por la industria farmacéutica como por amplios sectores influyentes de la sociedad, está movida por intereses muy variados pero coincidentes en silenciar los hechos científicos y entorpecer la actuación ética médica. 

Pasamos a dar la palabra al Prof Herranz:
   
"...Merece la pena que echemos una mirada atrás, para examinar dos cuestiones: 

La primera se refiere a cómo se ha ido estableciendo, lenta pero inexorablemente, la continuidad bioquímica, psicológica, médica y moral de contracepción y aborto.

La segunda, será mostrar como ya hoy, ni la mayoría de los médicos generales, ni de los especialistas en ginecología, ni de los farmacólogos están interesados en considerar como científica ni éticamente relevante la distinción entre efectos contraceptivos en sentido estricto, es decir, anovulatorios, y efectos abortivos de los métodos de control de los nacimientos. 

Para llegar a esa indiferencia científica y ética ha sido necesario realizar con complicidad una manipulación del lenguaje a fin de narcotizar la conciencia moral y desdibujar la taxonomía biológica clásica que distinguía la concepción como un fenómeno cardinal de la fisiología reproductiva. 

La manipulación de las palabras y la redefinición de los términos ha permitido a algunos olvidarse de las diferencias éticas y biológicas que hay entre contracepción y aborto.

Estaremos entonces en condiciones de abordar un tema central: comprender cómo se planifica para el futuro esa nueva síntesis de contracepción y aborto con la introducción de las antiprogesteronas, las píldoras capaces de actuar como contraceptivos y también de inducir el aborto. Y cómo se establece definitivamente, en los planos bioquímico, médico, psicológico y moral el continuo contracepción-aborto. El futuro, según Baulieu, es la era, no de la contracepción, sino de la contragestión.

Primero: mirando al pasado. En efecto, en el campo de la contracepción se ha ido produciendo una evolución histórica consistente, casi inexorable, que interesa conocer, porque no es sólo una historia de cómo han evolucionado las moléculas, las dosis, las vías de administración, los efectos indeseados o los ensayos clínicos, sino que es sobre todo la historia de cómo se ha ido imponiendo una ideología, de cómo se ha falsificado la ética, de cómo la eficiencia técnica y económica ha ahogado importantes valores morales.

Y la historia es ésta: el primitivo diseño de controlar la fecundidad se operaba mediante agentes anovulatorios, que al impedir la ovulación, situaban los conflictos éticos en la fase preconcepcional. Es obvio que existe una grave responsabilidad moral, formulada de modo muy lúcido en la Humanae vitae, al cegar las fuentes de la vida y al hacer artificial y deliberadamente infértil el acto conyugal mediante los anovulatorios. Pero no estaba cargada esa acción con la culpa adicional de destruir un ser humano.

Pero aquella píldora anovulatoria de primera generación era un producto farmacológicamente "pesado". La dosis de hormonas, especialmente de estrógenos, necesaria para trastornar cada mes la maduración del folículo ovárico y evitar la ovulación era demasiado fuerte y provocaba a muchas mujeres efectos secundarios molestos.

Se hizo necesario disminuir la dosis de hormonas contenidas en la píldora. Tal modificación trajo consigo varias consecuencias: el mecanismo de acción inicial, anovulatorio, fue sustituido por un complejo y nuevo mecanismo de acción, en el que se combinan el efecto anovulatorio ocasional, con modificaciones del moco cervical, que se vuelve muy denso, viscoso y difícil de atravesar por los espermios, con modificaciones de la motilidad de la trompa de Falopio, que dificultan el transporte del ovocito. Pero, sobre todo y en particular, se producen cambios en el endometrio, la cubierta interna del útero, que se vuelve refractario a la anidación del embrión, en el caso de que se hubiera producido la fecundación. Este último factor tiene una gran significación técnica, humana y moral, ya que determina que las nuevas píldoras, que actúan a través de mecanismos diferentes, posean un efecto potencialmente abortivo.

Es curioso que no es mucha la información que tenemos sobre este aspecto de la contracepción. No se suele investigar mucho sobre él. Parece que los laboratorios farmacéuticos que producen contraceptivos modernos no están muy interesados en determinar la intensidad del efecto abortivo: no es ciertamente asunto fácil de estudiar si queremos hacerlo con gran precisión. Pero, estoy convencido, la escasez de estudios no viene de la dificultad de su diseño experimental, sino del posible daño que a la buena reputación de la píldora de baja dosis de estrógenos podría causarle el esclarecer que actúan en el 30%, en el 15%, o en el 5% de los casos a través de una acción antinidatoria, abortiva precoz." Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.


lunes, 23 de mayo de 2022

Causas del descontrol en la enfermedad por alcoholismo (y III)

Pocas patologías son tan deletéreas como las que arrastra el alcoholismo. Se sabe que, por ejemplo, reduce las expectativas de vida en unos 20 años, y favorece la aparición de 60 enfermedades, junto con evidencias, entre muchas, del tipo como: que en la mujer el alcohol produce doble efecto lesivo que en el hombre; que genera el síndrome alcohólico fetal si la mujer en estado de gestación persiste en la bebida; que es inductor de suicidio en un 35%, con especial incidencia en el suicidio juvenil; que genera el 50% de los heridos graves y fallecimientos en carretera, y que es causa de cerca de la mitad de los homicidios que se cometen.

Así, el enfermo alcohólico, inmerso en una sociedad carente de sensibilidad para inhibir los peligros que provoca sus “evasiones”, también tiene perdidos los resortes que le podrían facilitar su tratamiento. El enfermo alcohólico, en general, sólo es asistido convenientemente cuando su patología cursa con cierta gravedad, sea cirrosis u otra entidad clínica, y con un detrimento serio en su pronóstico de vida. Todo ello condicionado y acrecentado por carecer de especialista propio y específico de enfermedad por alcoholismo.  

Además, en estos tiempos, como desgracia añadida, el enfermo alcohólico puede ser presa fácil de una mentalidad utilitarista, tipo filosofía eutanásica o abortiva que, sirviéndose del pronóstico de vida reducido que con frecuencia padece, le ofrezca un adelanto fraudulento de la muerte, en el adulto, con la eutanasia, y del aborto, en el síndrome alcohólico-fetal.    

Iniciar el camino de solución a este difícil y trágicamente lesivo problema de la enfermedad alcohólica supone actuar en sus causas, no tanto de desde la perspectiva coercitiva, sino desde el esfuerzo mantenido en la formación continuada tanto a nivel social como asistencial y facultativo, que ponga de relieve una apuesta real por valorizar, sin equívocos, la cultura del aprecio por la vida que contrarreste la cultura del desprecio por la vida. La cultura del desprecio por la vida, en esencia, consiente y acepta, con indiferencia social e individual, que la persona se pueda arruinar orgánica y psíquicamente persiguiendo la “evasión” alcohólica.   
Juan Llor Baños
Medicina Interna
mayo 2022


domingo, 22 de mayo de 2022

Causas del descontrol en la enfermedad por alcoholismo (II)

Aunque es cierto que la decisión para descontrolarse con el alcohol, por muy irresistible que sea la atracción, siempre es individual, también es cierto que todo ello ocurre en un escenario social propicio, que en el fondo da por buena, de forma implícita, aunque también en ocasiones explícitamente: botellones, de salas de diversión, etc., en donde se da rienda suelta a que se desplieguen esas “evasiones”.

Es muy repetida la información, que va en aumento año tras año, sobre la mortalidad por alcoholismo que a nivel mundial supera los 3 millones, unos 6 fallecidos por minuto. Esa cifra, prácticamente, solo tiene valor estadístico, ya que, hasta el momento, carece de poder para incentivar una reacción eficaz en formación y asistencia a distintos niveles. 

Además, el alcoholismo, en cuanto enfermedad, tiene intrínsecamente reducida su capacidad de resolución por un doble componente: el primero, situado en el propio paciente, pues en la mayoría de los casos no admite ser reconocido como tal enfermo y, en segundo lugar, en el propio facultativo, que al enfrentarse a un enfermo así es difícil que encuentre otra salida distinta a la de inhibirse en asistencia o en dar una propuesta de tratamiento a sabiendas que nada o poco puede solucionar.

Sin embargo, pocas patologías son tan deletéreas como las que provoca el alcoholismo. Se sabe que, por ejemplo, reduce las expectativas de vida en unos 20 años, y favorece la aparición de 60 enfermedades, a lo que se añade el riesgo de promover un severo deterioro de la salud en las personas que familiarmente o por amistad conviven o se relacionan con el enfermo alcohólico.

En esta enfermedad, tampoco es eficaz para alertar de su gravedad, el recurrir repetidamente al estudio estadístico, que ciertamente es un instrumento de primera calidad para cobrar conciencia de la magnitud de la tragedia, pero puede inducir al peligro de pensar que sólo los números, con sus llamadas a la atención y a la consideración, pueden iniciar o facilitar la solución del problema. Esos números sólo serán eficaces si son simultáneos a un revulsivo programa de acción en formación y en atención médica reglada.

Juan Llor Baños

Medicina Interna

Mayo 2022


sábado, 21 de mayo de 2022

Causas del descontrol en la enfermedad por alcoholismo (I)

Introducción

El alcoholismo merece la pena prestarle atención desde muchas vertientes, pero vamos hacerlo aquí, especialmente, desde el punto de vista médico, basándonos, en la enorme carga que supone su morbi-mortalidad a nivel de la práctica médica y su clara implicación de responsabilidad ética.

Es fundamental, en este problema de repercusión sanitaria tan elevada, centrar los esfuerzos en corregir las causas que lo provocan y acentúan. Si la raíz desde donde se genera el alcoholismo no se controla, poco, o menos que nada, se podrá hacer, aunque los esfuerzos en paliarlo sean grandes.

En realidad, más que el alcohol, lo que mata es la falta de atención o, más exactamente, el “síndrome de indiferencia” que permite que el alcoholismo se difunda sin tasa ni límites, sin criterio alguno de sujeción, y sin vislumbrar un plan de contención asistencial y de formación que actúe de forma planificada y coordinada.

El alcoholismo como expresión de una mentalidad 

¿A qué se debe ese descontrol en la actuación tanto a nivel individual, como social y sanitario? ¿Cuáles son sus raíces?

El alcoholismo, y la enfermedad que genera, reflejan claramente una actitud personal en quien lo practica. Una actitud de abandono y derrotismo en manos del alcohol inducida por el atractivo de la “evasión”. Esa evasión que puede adoptar dos características principales y distintas:

La primera forma, es buscar la evasión a través del alcohol para pretender superar una insatisfacción personal. Son los “adictos primarios” o “tipo primario de bebedor compulsivo”. Se bebe como EVASIÓN PARA SUPERAR o remediar una deficiencia subjetiva personal.

La segunda clase, lo constituyen los “adictos secundarios” o “tipo secundario de bebedor compulsivo”. Se busca la evasión PARA MANTENER o ADQUIRIR una meta de conveniencia personal o social y que se autojustificada. Esa autoindulgencia progresiva evoluciona hacia las características del tipo primario.

En ambos casos, en el inicio, antes someterse a la intoxicación alcohólica, por lo general, el estado de salud es aceptable, y es sometido a un derrumbamiento voluntario que presagia el cataclismo orgánico y psíquico.

Juan Llor Baños

Medicina Interna

Mayo 2022


sábado, 14 de mayo de 2022

Proteger la debilidad: valor ético fundamental en medicina (y VI)

Finaliza el Prof Gonzalo Herrranz este apartado del valor ético de la debilidad. Es una realidad más que evidente que el hombre no pude, ni podrá nunca, eliminar la debilidad, ni en él ni en los demás. En el médico, reconocer y proteger la debilidad, es lo que garantiza el fondo de riqueza en humanidad que es esencial para ejercer la medicina.  

Es conveniente atender al Prof Herranz:

“La reconstrucción del respeto a los débiles: un programa para estudio. Es evidente que a los débiles tienen pocos amigos verdaderos y eso puede deberse a que hoy se reflexiona y se escribe muy poco sobre la dignidad de los débiles. 

Quizá sean muy pocas en el mundo las Escuelas de Medicina que dedican al menos una hora lectiva en algún rincón del curriculum, a enseñar el significado ético de la debilidad. Interesa, por ello, desarrollar la teoría y la práctica del respeto a la debilidad, recoger ideas y experiencias sobre este tema y preparar, desde la perspectiva pro-vida, un paquete didáctico para enseñar a nuestros estudiantes y jóvenes graduados el respeto por la debilidad. Creo que será un instrumento educativo muy interesante y valioso.

Hay que explicar y enriquecer, por ejemplo, la doctrina contenida en Códigos y Declaraciones. 

…Hace falta, por último, ofrecer una seria justificación filosófica del fenómeno de la fragilidad y de la minusvalía biológica del hombre, cuya presencia en esta vida es absolutamente inevitable y cuya aceptación es la más humana de las aventuras. 

Por mucho que progresen las técnicas de rehabilitación, por muy generosos que sean los presupuestos para los servicios de salud y prevención, por atenta que pueda ser la respuesta al derecho de todos a la salud, nunca todo eso junto podrá eliminar de la tierra la debilidad ni podrá abolir el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. 

Es ilusorio pensar que el eslogan "Salud para todos" pueda cambiar la condición esencialmente débil y vulnerable del hombre, pues ser hombre equivale a aceptar como inevitable el dolor y la deficiencia. La vida de cada hombre, su destino humano, incluye la capacidad de sufrir y la aceptación de la limitación y el sufrimiento. 

Ante la inexorabilidad de la debilidad en el mundo, el médico se empeña en reducir el dolor, la angustia y las incapacidades de sus pacientes, a sabiendas de que nunca sabrá bastante para vencer por completo a sus enemigos. Aquí radica el núcleo humano de la Medicina

Tan exigente de ciencia y de competencia es la operación de aplicar las terapéuticas más modernas, casi milagrosas en su eficacia, como la de administrar cuidados paliativos, que requieren muchos conocimientos y el dominio de lo que yo creo que es lo más difícil del arte médico: saber decir a sus enfermos que el hombre está hecho para soportar las heridas que en su cuerpo y en su espíritu abre la enfermedad y el paso de los años, que la aceptación de esas limitaciones es parte del proceso de humanización. No se es verdaderamente humano si no se acepta un cierto grado de flaqueza en uno mismo y en los demás. Eso se nos exige como parte de cumplir con el deber de ser hombre.” Conferencia “La protección de la debilidad. Un valor ético fundamental en medicina”, International Right to Life Federation, Palma de Mallorca, 12 a 14 de febrero, 1988


jueves, 5 de mayo de 2022

Proteger la debilidad: valor ético fundamental en medicina (V)

Presenta el Prof Gonzalo Herranz el segundo y tercer ejemplo, anunciados en el envío anterior, para poner de manifiesto el desvarío, y la degradación, de algunos médicos que se sirven de la medicina para rebajarla en beneficio propio a costa de menospreciar a quien no ofrecerá nunca la menor resistencia: el enfermo en su intrínseca debilidad. No hay mayor honor del que puede hacer gala el médico que el constante y explícito aprecio a la debilidad del paciente.

Merece atención el Prof Herranz:

El segundo ejemplo nos es, por desgracia, más familiar… La Mifepristona, la "RU 486", no es sólo un arma química que aniquila al embrión humano, ni sólo un teratógeno o un fármaco con efectos indeseados sobre la salud física de la mujer, ni una forma de aborto que reduce casi a cero el trauma psicológico de pasar por un quirófano. 

El aborto inducido con Mifepristona además de matar al embrión, le profana, le degrada a la condición negativa de producto de desecho y le homologa con la materia fecal. Del mismo modo que un laxante es capaz de aligerar de su contenido al intestino perezoso, la nueva píldora permitirá liberar al útero gestante del embrión que crece en él. Desconectado de la madre por un eficiente mecanismo de competitividad molecular entre antihormona y hormona y exprimido fuera del útero gracias a la acción de una prostaglandina, el embrión termina su breve existencia en la red de alcantarillado. De este modo, la transmisión de la vida humana, esa suprema participación del poder creador de Dios por la que el hombre es hecho capaz de concrear otros hombres, queda convertida en una operación banal, del mismo rango fisiológico, psicológico y moral que la micción o la defecación. No soy capaz de decidir cuál de las dos afrentas de la RU 486 es mayor: si la aniquilación del embrión o la degradación de la maternidad.

El tercer ejemplo quiere mostrar como la obsesión por aplicar los avances de la ciencia provoca en algunos médicos una intolerancia adquirida a la debilidad. El diagnóstico prenatal se está convirtiendo, gracias al cribado de los débiles, en un concurso de tiro sobre blanco movible, donde impera la regla de "apunta y dispara". Esto se demuestra con claridad en el caso del diagnóstico prenatal del albinismo.

Gracias a ingeniosos procedimientos de Genética bioquímica estamos conociendo cada día mejor las diferentes variedades de este trastorno. Al mismo tiempo, no dejan de mejorar los procedimientos, no menos ingeniosos, que permiten a los albinos adaptarse a su deficiencia, de modo que puedan llevar una vida normal y trabajar en empleos normales. Cierto que no podrán nunca descollar en ciertas actividades, pero parece que gracias, entre otras cosas, a su uso superior de la memoria, pueden alcanzar niveles sociales y económicos más altos que sus hermanos normalmente pigmentados. Pues bien, se ha puesto a punto un método para el diagnóstico prenatal del albinismo. Algunos genetistas

clínicos no se resignan a que la nueva técnica se quede fuera de la panoplia del aborto eugénico. Y ya que es improbable que en los países occidentales de clima templado se llegue a aceptar la eliminación selectiva de los albinos, ofrecen el nuevo procedimiento a los países tropicales, donde los problemas socioculturales, oculares y cutáneos de los albinos se les antojan incompatibles con la dignidad debida a una vida humana.

La eliminación de los débiles parece haberse constituido en pasión dominante de algunos científicos.

Creo que con la misma tenacidad debemos nosotros difundir nuestro mensaje de respeto a la debilidad”. Conferencia “La protección de la debilidad. Un valor ético fundamental en medicina”, International Right to Life Federation, Palma de Mallorca, 12 a 14 de febrero, 1988