miércoles, 28 de septiembre de 2022

El respeto ético a la debilidad (II)

Afrontamos a continuación el valor clínico que se le debe dar al enfermo. Un valor que va más allá de la consideración científica a resolver mediante sofisticados y cada vez más precisos protocolos. Si nos quedásemos ahí, en un mero ajuste biológico y celular, no actuaríamos tampoco con la eficacia profesional médica que cabe prestar a la persona enferma.   

Así lo refiere el Prof Herraz:

“…Sucede que las profesiones sanitarias, la medicina y la enfermería, sobre todo, están llamadas vocacionalmente a servir y a ayudar a los enfermos y débiles.

Lo propio de las verdaderas profesiones y, en particular de las que cuidan de la salud de los hombres, no es poseer una ciencia compleja y que cuesta muchos años dominar. Consiste, más bien, en usar ese conocimiento experto para el bien de otros que están en situaciones particularmente vulnerables. Los auténticos profesionales no tratamos con cosas, con elementos parciales, fragmentarios, de la existencia de los hombres, sino con su salud y su vida entera. Los enfermos se ponen en nuestras manos, ellos enteros, cuerpo y alma, no simplemente sus cosas.

El enfermo, todo enfermo, se ve así forzado a confiar en nosotros. Nos sería muy fácil explotar la debilidad del enfermo, o dejarnos llevar de otros intereses que no fueran el interés del enfermo. Pero la ética profesional nos recuerda constantemente que ante el enfermo debilitado estamos particularmente obligados por un compromiso de lealtad y respeto.

El paciente terminal es un acertijo para médicos y enfermeras. Delante del enfermo terminal hemos que resolver un enigma: el de descubrir y reconocer en él toda la dignidad de un ser humano. 

La enfermedad terminal tiende a eclipsar la dignidad: la oculta e incluso la destruye. Si, en cierto modo, la salud nos da la capacidad de alcanzar una cierta plenitud humana, estar enfermo limita, de modos y en grados diferentes, la capacidad de desarrollar el proyecto de hombre que cada uno de nosotros acaricia. 

Una enfermedad seria, incapacitante, dolorosa, que merma nuestra humanidad, y mucho más la enfermedad terminal, no consiste sólo en trastornos biológicos, moleculares o celulares. Ni es tampoco un recorrido vivencial de etapas que van marcando las reacciones del enfermo ante la muerte ineluctable. Por encima de todo eso, la situación terminal constituye una amenaza a la integridad personal, que pone a prueba al enfermo en cuanto hombre.

Médicos y enfermeras no deberíamos olvidarlo al estar con nuestros enfermos. Nuestra asistencia no se puede reducir a una simple operación técnico-científica. Incluye siempre una dimensión interpersonal. No puede limitarse a aplicar un protocolo de cuidados paliativos: a ningún enfermo le podemos servir sólo con ciencia y conocimiento, herramientas y sistemas. 

Los protocolos son utilísimos, una ayuda grande. Pero son también fundamentalmente reduccionistas. Son como un formulario en el que hay que rellenar ciertos espacios en blanco, que se refieren siempre a cosas fácilmente mensurables y que les parecían importantes a los autores del protocolo... Tienen en cuenta algunas variables individuales, pero inducen a tratar a los pacientes como a elementos intercambiables. Los protocolos y sistemas no lo son todo en el servicio que hay que dar a los pacientes. Con su ayuda, hay que ser más competentes en el tratamiento del dolor y de los síntomas. Pero no pueden inhibir la atención humana que los más débiles necesitan: médicos y enfermeras han de comunicar paz y calor humano a sus pacientes, suprimir la soledad y de indefensión con que la enfermedad les amenaza”. Gonzalo Herranz, Conferencia en el VI Máster de Cuidados Paliativos. Aula “Ortiz Vázquez”, Hospital La Paz de Madrid, 8 de mayo de 1999


viernes, 23 de septiembre de 2022

El respeto ético a la debilidad (I)

Durante una serie de envíos vamos a comprobar porqué la auténtica Medicina tiene en la debilidad de todo enfermo la raíz de su actuación. Esa opción es fiel, sólida e inquebrantable. La Medicina sabe que le va en ello su propia existencia. El Prof Gonzalo Herranz lo irá argumentando de forma lúcida.  

Refiere el Prof Herranz:

“El tema de que he de tratar aquí es particularmente relevante. Nos coloca ante una pregunta: ¿qué dice la ética profesional del médico sobre la debilidad del paciente y, concretamente, de la debilidad del paciente terminal? ¿Es la debilidad signo para una particular protección o (una) marca para el abandono y el desprecio?

Es este un tema esencial de la Medicina y, a la vez, un asunto de vibrante actualidad. Es ahí donde la Medicina paliativa se presenta como protectora de humanidad.

La historia sufre vaivenes… Andar basculando entre el respeto y el abandono es asunto que ha estado continuamente presente en la historia de la Medicina y que está presente en el debate interior de muchos médicos y enfermeras.

La debilidad no parece de suyo muy respetable. Siempre se ha dicho en Medicina, delante del enfermo terminal: “ya no hay nada que hacer”. Y, muchas veces, la reacción ante la debilidad toma una de las muchas formas del abandono.

Platón, en la República, resume la actitud de la medicina griega, incluida la hipocrática: “Esculapio enseñó que la medicina era para los de naturaleza saludable pero que estaban sufriendo una enfermedad específica. Él les libraba de su mal y les ordenaba vivir con normalidad. Para aquellos, sin embargo, cuyos cuerpos están siempre en un estado interno enfermizo, ni siquiera les prescribía un régimen que pudiera hacer de su vida una miseria más prolongada. La medicina no era para ellos y no deberían ser tratados aunque fuesen más ricos que Midas”.

Y así siguen pensando hoy mucha gente racionalista y pragmática, los seguidores de cualquier filosofía, antigua o moderna, del poder, la vitalidad: en la costumbre de los antiguos de exponer a los enfermos o débiles, en el disgusto instintivo que todos sentimos en presencia de la vida empobrecida. Nietzsche llevó ese rechazo al extremo. Basado en las exigencias de la razón, el sentimiento, la naturaleza y el instinto, hace de la voluntad fundamental de estar sano el principio fundamental de la naturaleza. La voluntad vital y segura del instinto no mueve al hombre sano a respetar y compadecerse del enfermo y el débil, sino mas bien le empuja al desprecio, incluso a la aniquilación.

El reconocimiento del valor humano de los débiles entra en la humanidad con la tradición judeo-cristiana, sobre todo cristiana, de que todos, fuertes y débiles, somos iguales delante de Dios, de que todos poseemos una idéntica dignidad, intrínseca e inalienable, que se nos da con la misma existencia. Una dignidad que nos viene de ser todos y cada uno, sin distinción y misteriosamente, imago Dei”. En Gonzalo Herranz, Conferencia en el VI Máster de Cuidados Paliativos. Aula “Ortiz Vázquez”, Hospital La Paz de Madrid, 8 de mayo de 1999


domingo, 18 de septiembre de 2022

Papa Francisco sobre la eutanasia o el aborto

El Papa, durante la rueda de prensa en el vuelo de regreso a Kazajistán, expresó con claridad qué imagen le sugería a los que proceden a eliminar vidas, ya sea sirviéndose del aborto o de la eutanasia. Dijo: "Matar no es humano. Si tú matas con motivaciones, al final matarás más. Lo de matar lo dejamos a las bestias"    


martes, 13 de septiembre de 2022

Madre Teresa de Calcuta defensora de la auténtica libertad de la mujer embarazada

Santa Teresa de Calcuta, muy buena conocedora en lo qué significa ser mujer, qué significa ser libre a una mujer embarazada y qué libertad intangible subyace en el feto, advierte de cuál es el precio que siempre ¡siempre! se paga al aniquilar esas básicas libertades.
En este inolvidable acto, Santa Teresa de Calcuta revela las gravísimas consecuencias que conlleva menospreciar o ser indiferente a la auténtica libertad de la mujer embarazada y a la indiscutible libertad del feto.



viernes, 9 de septiembre de 2022

El valor de los Comités de Bioética (y IV)



Siguiendo la exposición del Prof Gonzalo Herranz, es evidente que la salud de un Comité de bioética en Medicina depende de su compromiso con la verdad científica, que ciertamente es imposible que surja de una visión reduccionista de la ciencia, razón que explica que haya tantos Comités de bioética cadáveres. El futuro de los Comités depende de su compromiso con la verdad. Sin ese compromiso "hablan" desde el cementerio.

Claramente lo expresa el Prof Herranz

“¿Cuál será el futuro de los Comités?... Los Comités, como toda empresa humana, pueden tener sus fallos y, de hecho, los han tenido y en abundancia. 

Pero es mi impresión que a los científicos, de la variedad cientifista, necesitan que alguien les recuerde, con inteligencia y con obstinación, lo que Max Planck dijo acerca de los límites éticos de la indagación científica: “Alegrarnos ante lo investigable e inclinarnos reverentemente ante lo que no se debe investigar”.

Los científicos de hoy necesitan que alguien les recuerde que la ciencia tiene unos límites éticos, que la ciencia no lo es todo ni, como ellos pretenden, lo explica todo. 

Necesitan que alguien, con mucha sencillez, les recuerde que el cientifismo es una herejía humana que sólo admite la existencia de cosas como las moléculas, genes, mecanismos, técnicas, enfermedades, pero que es ciego a algunos hechos y valores humanos básicos: que el paciente y su enfermedad, su cuerpo y sus órganos son indisociables; que los genes humanos están en las personas, no en los tubos de ensayo o en un vacío existencial que niega lo antropológico, lo personal, lo familiar, lo social y lo ético; que un embrión humano, incluido un embrión humano clonado, no es un mero complejo molecular o un curioso artificio celular, sino un ser humano, con un destino humano, plenamente abierto al futuro y repleto de dignidad humana.

Lo hecho hasta ahora por los Comités de Bioética es, como tantas cosas verdaderamente humanas, una mezcla de aciertos y pifias, de sabiduría y de debilidad, de valientes actos de fe y de astutas concesiones políticas. 

Su futuro es incierto. Pero han de continuar. Siempre tendrá que haber muchas voces que recuerden a la humanidad que, para seguir siendo humana, no le basta la ciencia, sino que necesita la sabiduría, una sabiduría que afirme ante la tentación reduccionista, en palabras de Juan Pablo II en su Encíclica Redemptor hominis “la prioridad de la ética sobre la técnica, el primado de la persona sobre las cosas, la superioridad del espíritu sobre la materia”. Gonzalo Herranz, “La Bioética, asunto público: presente y futuro de los Comités Internacionales y Nacionales de Bioética”, conferencia en el Congreso Internacional de Bioética. Universidad de La Sabana, 1997. 


jueves, 1 de septiembre de 2022

El valor de los Comités de Bioética (III)

Seguimos valorando de manos del Prof Herranz la naturaleza auténtica de los Comités de bioética. Es fundamental que en dichos comités se respire libertad. Libertad expresada en la calidad y consistencia científica con que se elaboran sus argumentos. Sin esa libertad los comités serán comités decorativos o de paja, más conocidos como “comités políticos”.  

El Prof Herranz, así se expresa:

“Aunque no fuera por otra cosa, los Comités de rango nacional e internacional deben existir para ser plataformas en las suenen las voces de hombres de buena voluntad. Nunca debería estar ausente en ellos la voz de la ética cristiana con su formidable fuerza vivificadora. Su exclusión sectaria significaría un empobrecimiento irreparable del valor de esos Comités.

…Un rasgo prácticamente universal es su carácter consultivo, asesor. Se arguye razonablemente que por ser comités de ética no pueden ser instituciones prescriptivas. Puesto que la ética no se puede imponer por la fuerza, los comités nunca podrán constituir un “poder” fáctico. 

Su fuerza está en su autoridad y ascendencia moral, en la objetividad con que los datos son expuestos, la ecuanimidad con que los argumentos son resumidos, y la consistencia y fuerza persuasiva de las conclusiones que propone. 

Los comités nacionales pueden hacer recomendaciones, pero se abstendrán de preparar borradores de nuevas legislaciones. No han de llegar necesariamente a un consenso: eso debe dejarse muchas veces a las negociaciones, pragmáticas e inevitablemente abiertas al compromiso, de los políticos.

Un extremo importante es el que se refiere al régimen de tutela, pues de él depende la mayor o menor autonomía e independencia del comité. Nunca la autoridad que acoge al comité debería someterlo a una situación de dependencia, económica y burocrática, que pudiera limitar la libertad de indagación o la independencia de funcionamiento.

Sobre todo, debe concederse a los comités la libertad de dar a conocer sus estudios, conclusiones y recomendaciones: cuando actúan como conciencia de la sociedad, como abogados de la dignidad y la justicia dentro del terreno que les ha sido asignado, su voz debe ser escuchada por todos, incluidos quienes los han creado. 

…Es rasgo propio de todo comité nacional aspirar a ser un lugar de convergencia de las diferentes tendencias ideológicas que circulan por la sociedad y los diferentes enfoques que, desde las distintas ramas, humanísticas o biomédicas, de la ciencia, ofrecen versiones y soluciones complementarias de los problemas que se estudian. Es decir, por definición, los Comités han de ser ideológicamente pluralistas y científicamente pluridisciplinarios...” Gonzalo Herranz, “La Bioética, asunto público: presente y futuro de los Comités Internacionales y Nacionales de Bioética”, conferencia en el Congreso Internacional de Bioética. Universidad de La Sabana, 1997.


miércoles, 24 de agosto de 2022

El valor de los Comités de Bioética (II)

El carácter esencialmente consultivo de los comités éticos les impide, también, éticamente arrogándose un poder vinculante del que carecen. Sustancialmente, a los comités se les pide que ponderen, deliberen y emitan las posibles soluciones que provengan de un profundo estudio. Como expresó el Prof Herranz, en el envío anterior, esa condición básica de que emitan sus distintas soluciones basadas en un profundo estudio invalida, de raíz, a los “comités decorativos o de paja (políticos)”.

El Prof Gonzalo Herranz:

“La grandeza y la debilidad de los comités de bioética radica justamente en su carácter consultivo… Pero nunca pueden imponer sus decisiones o, de algún modo, imponerlas como vinculantes

…hay cuestiones tan cargadas de tensión moral -cual es el caso, por ejemplo, del estatuto del embrión humano, del aborto, de la reproducción médicamente asistida o de la suspensión de la atención al paciente terminal- para las que no se vislumbra la posibilidad de un futuro de acuerdo y concordia. Es precisamente entonces el momento de que los propios Comités levanten acta del hecho, duro y duradero, de la diversidad ética de la sociedad. No cabría entonces imponer como pacto final una solución que fuera meramente mayoritaria: es obligado entonces aceptar los votos de disenso, respetar las minorías éticas y convivir pacíficamente en el desacuerdo educado, crear las condiciones de respeto a la libertad de cada uno.

El pluralismo cultural, es decir, la convivencia y cooperación, dentro de los comités, de personas de formación académica dispar, de procedencia geográfica y social diversa, de adscripción política, filosófica o religiosa diferente, supone un enriquecimiento irrenunciable. 

Creo que uno de los mayores peligros que acechan a la bioética hoy no es tanto el legítimo pluralismo ético, sino el reduccionismo operativo, la visión unilateral que reduce la realidad a lo abstracto, la visión meramente cientifista como ideología totalitaria, que proclama que la ciencia es la única fuente, fiable y universal, del conocimiento, que la realidad se reduce a la interpretación positiva y objetiva que la ciencia da del mundo y del hombre. Para contrapesar la enorme fuerza atractiva del cientifismo como ideología, se necesitan en los Comités gentes no dominadas por el paradigma tecnológico-manipulativo. Sin ellas, se perdería el componente verdaderamente humano de los conflictos planteados por el progreso, y se caería en el riesgo de reducir al hombre bioético a mera etiqueta diagnóstica, a constelación de genes, o a complejos moleculares…” Gonzalo Herranz, “La Bioética, asunto público: presente y futuro de los Comités Internacionales y Nacionales de Bioética”, conferencia en el Congreso Internacional de Bioética. Universidad de La Sabana, 1997. 


viernes, 19 de agosto de 2022

El valor de los Comités de Bioética (I)

En los momentos actuales, y para no dejarnos llevar de engaños, es tan necesaria como útil esta valoración que realiza el Prof Gonzalo Herranz sobre el valor de los Comités de Bioética.

Así se expresa el Prof Herranz:

“…Los Comités son una respuesta a la necesidad, tan humana, que todos sentimos de consultar unos con otros las cuestiones graves. Y, en concreto, consultar sobre materia ética es un signo de madurez moral. La formación del juicio y la toma de decisiones en bioética, por lo que la materia tiene de nuevo y de importante, es algo que invita, ya a nivel personal, a buscar la conversación y el consejo de otros. Se ponen así en común, horizontalmente, dudas y datos, perplejidades y soluciones. Uno consigue así protegerse del vértigo de bucear en solitario problemas nuevos. En particular, la consulta con otros libera de sesgos y miopías: nos hace oír voces diferentes y abrirnos a perspectivas no sospechadas.

...En la historia general de los comités, como en la de todo lo humano, se entremezclan la eficacia y la futilidad, la magnanimidad y el oportunismo. Según sean sus líderes y sus miembros, puede un Comité adquirir una autoridad incontestable o puede vegetar en la trivialidad. No podemos olvidar que los Comités públicos, incluidos los de Bioética, son hechura de alguna autoridad. Según sea la actitud, respetuosa o dominante, que hacia el Comité ella manifieste, éste puede ser un organismo vigoroso, original e independiente, o un títere, servil y manipulado. La autoridad que lo crea puede tenerlo en un puño y someterlo a influencias de poder que limitan su libertad. Puede también debilitarlo mediante una lenta asfixia económica e impedirle ejercer su función principal de ser una conciencia ética.

La tipología y el carácter de los comités es variadísima. L Walters ha hecho un inventario de los tipos y roles que los sociólogos han asignado a los comités, en función de su dependencia-independencia, que voy a resumir tomándome amplias libertades. Se dan, en un extremo, los comités decorativos, creados para desempeñar una función meramente ornamental: formados por hombres de paja, sirven para dar una apariencia de dignidad o imparcialidad a las normas de la política oficial ya decididas. No muy lejos de ellos, están los comités kamikaze, que se nombran para salvar, con su sacrificio, el desgaste político de la autoridad que los erige: están ahí para retrasar una decisión comprometedora o para recomendar decisiones impopulares. Los comités plataforma tienen un cometido más noble: son creados para servir de foro al pluralismo ético, para constituirse ellos mismos en inventario de la diversidad social y para actuar, de ese modo, como escaparate de ideas e intereses diferentes y encontrados. Hay también, felizmente, comités-comités, eficaces, competentes, que buscan y sistematizan la información, diseñan y evalúan las diferentes soluciones aplicables, ofrecen las bases sobre las que puedan tomarse decisiones. Se trata de comités, en fin, que ejercen una eficaz tarea de educación del público, y que son capaces de ganar para las sugerencias y recomendaciones que proponen el apoyo inteligente de la sociedad.” Gonzalo Herranz, “La Bioética, asunto público: presente y futuro de los Comités Internacionales y Nacionales de Bioética”, conferencia en el Congreso Internacional de Bioética. Universidad de La Sabana, 1997.


martes, 16 de agosto de 2022

El “idioma” del paciente


El quehacer médico tiene como principal misión saber interpretar con corrección el “idioma” que habla el paciente. Ese “idioma” el enfermo lo empieza a manifestar con la expresión de sus síntomas y también a través de la exploración. Esas son las dos formas iniciales con las que el enfermo desea “explicar” sus dolencias, y que el médico debe saber traducir en un elenco de posibles patologías. Dos formas, por cierto, primordiales insustituibles de expresión del enfermo que están en las antípodas de la llamada “medicina telemática”.  

Pero la labor de “interprete” del médico no acaba ahí, ya que, para entender adecuada y completamente al enfermo es imprescindible que se haga cargo, en buena medida, de las circunstancias que le acompañan y que pueden integrar, e incluso explicar, el conjunto de su enfermedad. A demás, muchas veces, el médico deberá contar con esas circunstancias para elaborar el ritmo tanto de las pruebas como del del tratamiento.

En ocasiones, puede ocurrir que ese dialogo entre paciente y médico se vuelva, sobre todo al principio, algo extraño para ambos, la mayoría de las veces de forma involuntaria sea por falta de explicaciones o de atención entre uno y otro. Eso, con todo, no constituye problema importante con tal de que se cuide la sinceridad y la sencillez entre ellos.

El problema capital proviene cuando en esa relación profesional entre el médico y el enfermo hay “interferencias” que mantienen un tono débil y casi inaudible en la comunicación de sus mensajes. Una causa principal del dicho deterioro hay que buscarla, básicamente, cuando el médico, en la práctica, se limita a tratar al enfermo como un mero elemento deteriorado al que únicamente hay que procurarle una tanda de remedios de restauración, o bien como un expediente a resolver con mayor o menor complejidad, sin que exista, en esa relación del médico con el paciente, espacio o tiempo para sopesar las distintas circunstancias personales que acompañan a toda enfermedad. Salta a la vista, por evidente, que en España las condiciones laborales en la Seguridad Social, en un altísimo porcentaje no solo no favorece sino que incluso impiden que el médico pueda dedicar ese tiempo que merece el paciente. Las responsabilidades son de alto calibre.  

La mayoría de los fracasos en el ejercicio de la medicina no provienen de un diagnóstico fallido, o en un error del tratamiento, que en un elevado porcentaje son subsanables. Sino que más bien proceden de que el paciente es profesionalmente pobremente “entendido” en toda la dimensión y amplitud con que la enfermedad exige.

El caso más grave y lacerante en la confusión y quiebra de la relación médico-paciente lo constituye las demandas a la eutanasia. Son fallos colosales de la sanidad, que colocan al paciente en la trágica tesitura de utilizar al médico, quien más le podría ayudar en su enfermedad, en instrumento de propio exterminio personal como táctica de solución para liberarse de un padecimiento que considera insoportable, y totalmente privado del derecho que le asiste en todo momento de la buena y auténtica medicina que en ese momento pasa por la siempre eficaz actuación profesional de los Cuidados Paliativos. 

La miopía y la sordera pueden padecerla también los profesionales de la sanidad, sobre todo cuando interpretan al paciente bajo esquemas rectores de grados de utilidad y grados de calidad de vida, o bien se dejan influir por ellos, alejándose de la verdadera y real medicina.  

Juan Llor Baños
Medicina Interna

miércoles, 3 de agosto de 2022

El valor sagrado de la vida humana

El Prof Herranz, médico de acreditado nivel científico internacional, nos previene del cientificismo que, como plaga, hace caer en una visión miope y sesgada de la realidad humana. Con la visión cientifista es imposible conducirse éticamente como médico.

A este propósito se expresa el Dr Gonzalo Herranz:

Frente al efecto perturbador del reduccionismo cientifista… se puede decir que la vida humana es sagrada, preciosa, llena de dignidad. Precisamente por eso, nos conviene de vez en cuando escapar por un momento a la influencia avasalladora del cientifismo reduccionista, un sarampión que suele atacar a los científicos, tanto a los bisoños como a los ya talludos, que les lleva muchas veces a mirar a la ética por encima del hombro. Nos vendrá bien asomarnos a un mirador más panorámico sobre la vida humana.

Nos puede venir bien dirigir por un momento la mirada al hombre vivo más sencillo: al embrión humano. Para una mente sana, allí hay un ser humano, todo lo vulnerable que se quiera, pero tan humano como lo fuimos cada uno de nosotros cuando empezamos a vivir. Para una mente entrenada en un biologismo fuerte, el embrión joven es simplemente un “acúmulo de células”. Y si se ha formado en un laboratorio de biología molecular, prefiere definirlo como una aglomeración de macromoléculas, tan interesante y compleja que descifrar su estructura y relaciones es tarea a la que merece la pena dedicar toda la carrera de investigador. 

Pero esa mente imbuida de mecanicismo no es capaz de ver más allá y pasa ciega ante la cuestión fundamental de que aquello, además de ser moléculas y células, es un ser humano, llamado a desplegar una vida, a realizar un destino. Reducirlo a acúmulo celular, a aglomeración molecular, a mecanismos e interacciones es robarle la humanidad al embrión. Y también quitarle la vida, pues el paradigma mecanicista, como afirma Grene, pretende que sólo lo no-vivo es real porque admite sólo las explicaciones formuladas en términos de moléculas y mecanismos, que son cosas muertas, mecánicas. Lo vivo sólo es entendido entonces mediante categorías no-vivas, la biología se convierte así en una tanatología” Gonzalo Herranz, Bases culturales y antropológicas de la Enseñanza en la Universidad Curso de Doctorado 2002-2003, Escuela Superior de Ingenieros Industriales de San Sebastián.


miércoles, 27 de julio de 2022

El aborto químico

Como complemento a los últimos envíos desarrollados por el Prof Herranz,"Píldoras contraceptivas y otros abortivos (I-X)", se adjunta a continuación un artículo reciente sobre el aborto químico, que viene a incidir en la artificial desinformación no exenta de ser positivamente intencionada y favorecida por todo tipo de intereses políticos y comerciales, y que colocan a los que facilitan la distribución de dichas sustancias para provocar el aborto en las antípodas de la ética médica. 

El artículo al que se hace referencia es: "El nuevo campo de batalla: el aborto con sustancias químicas", por Michael Cook, 21 de julio de 2022, en Mercatornet. De forma resumida, así se expresa:

"Con las clínicas de aborto cerrando sus puertas en los Estados Unidos y más de la mitad de los estados restringiendo el aborto hasta cierto punto, los defensores del aborto están promoviendo “abortos con medicamentos” o “abortos químicos”. Estos no requieren una visita a una clínica de aborto; los medicamentos se pueden recetar por telemedicina, incluso se pueden pedir en línea a médicos y farmacias en el extranjero, aunque esto es ilegal .

Según el Instituto Guttmacher, un grupo de expertos sobre el aborto, los abortos con químicos actualmente representan más de la mitad de los abortos estadounidenses. Sin embargo, su uso está restringido. En dos de los 50 estados están prohibidos; en 29 estados deben ser recetados por un médico; y en 19 estados deben tomarse en presencia de un médico, lo que es una prohibición efectiva de la telemedicina.

Debido a que la Corte Suprema de EE. UU. anuló Roe v. Wade, el presidente Joe Biden ha puesto todo el peso del gobierno federal detrás de la opción del aborto con químicos. En una orden ejecutiva del 8 de julio , ordenó al Departamento de Salud y Servicios Humanos que “proteja y amplíe el acceso a la atención del aborto, incluido el acceso a medicamentos que la FDA aprobó como seguros y efectivos hace más de veinte años”.

La FDA aprobó el uso de los medicamentos gemelos Mifepristone y Misoprostol en 2000 y los defensores del aborto afirman que son seguros y efectivos si se usan a las nueve semanas de gestación o menos.

El New York Times, junto con otros medios de comunicación y políticos, recomienda que la aprobación de la FDA se anteponga a las prohibiciones y restricciones estatales... Según la FDA, 26 mujeres estadounidenses han muerto después de usar mifepristona como abortivo.

El Instituto Charlotte Lozier, un grupo de expertos pro-vida, afirma que “el aborto químico tiene una tasa de complicaciones cuatro veces mayor que el aborto quirúrgico, y hasta una de cada cinco mujeres sufrirá una complicación”. También señala que los abortos con químicos tienen efectos sociales impredecibles. “Sin supervisión médica, las píldoras abortivas pueden caer en manos de traficantes y parejas abusivas. Ya hay relatos de mujeres a las que se les dan píldoras abortivas sin su conocimiento y en contra de su voluntad”.

Texas aprobó una ley que restringe los abortos con medicamentos a las mujeres que tienen siete semanas de embarazo. En su preámbulo declara:

“el uso de Mifeprex o mifepristona presenta complicaciones médicas significativas que incluyen, entre otras, hemorragia uterina, infecciones virales, dolor abdominal, calambres, vómitos, dolor de cabeza, fatiga y enfermedad pélvica inflamatoria; y la tasa de fracaso y el riesgo de complicaciones aumenta con el avance de la edad gestacional”.

Los activistas a favor del aborto describen tales afirmaciones como "desinformación", o simplemente como "mentiras", sin embargo, están bien documentadas en la bibliografía médica internacional". 


jueves, 21 de julio de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (y X)

A continuación el Prof Gonzalo Herranz describe con palabras certeras y nítidas la degradación que provoca el aborto farmacológico en el cuerpo de la mujer sirviéndose de la industria farmacéutica, y contando siempre con la complicidad de la grave pandemia de indiferencia a nivel internacional.

Prof Gonzalo Herranz

La banalización del aborto, es consecuencia final del continuo contracepción-aborto.

Es curioso ver cuan contradictoriamente ha sido recibida la mifepristona entre las feministas. Algunos grupos la consideran como el summum de la degradación de la mujer y de su esclavización sexual. Muchos otros la ven como el primer paso verdadero hacia la liberación sexual de la mujer.

De hecho, el dominio técnico de la reproducción ha sido incluido ya en las listas de los derechos de la mujer. Y no han faltado ni políticos ni médicos que se han apresurado a reconocer ese derecho, en busca quizá de los votos o del dinero de las mujeres. 

En noviembre de 1988, el entonces Ministro de Salud del Gobierno francés, Claude Evian, ordenó a la firma Roussel-Uclaf, el laboratorio farmacéutico que fabrica la mifepristona, reanudar la distribución del producto que había suspendido unos días antes ante la presión de los grupos pro-vida. Justificaba el ministro su orden en el interés de la salud pública, y para apoyar los derechos de las mujeres. 

Casi simultáneamente, más de 1000 ginecólogos asistentes a un Congreso en Rio de Janeiro, amenazaron con boicotear los medicamentos comercializados por Roussel-Uclaf si esta cedía a las demandas de los pro-vida, pues consideraban que la retirada de la RU 486 era 'un mazazo descargado sobre los derechos de la mujer'.

Sea o no un derecho de la mujer, el aborto precoz y deliberadamente inadvertido nunca se verá libre de traumas psicológicos y de conciencia. Sin duda alguna, es más intenso el impacto emocional causado por el aborto quirúrgico, con su necesario desplazamiento a una clínica, la anestesia y su condición de intervención invasiva. Pero el aborto 'casero' no está libre de tensiones y ansiedades. El aborto no médico deja a la mujer abandonada a sí misma y en la incómoda compañía del miedo, el dolor y el temor a la hemorragia. La píldora abortiva perfecta favorece la privacidad y el secreto de la mujer, pero la condena a la soledad.

Pero, ¿y si se generalizara el uso de una píldora antinidatoria-abortiva, segura y eficiente, que el farmacéutico despachara en su oficina sin necesidad de receta del médico? Entonces, se dice, la mujer se constituiría de hecho en dueña de su capacidad reproductiva. Una píldora así, ingerida mensualmente como 'inductor menstrual', le concedería la total autonomía reproductiva, a la vez que haría desaparecer los sentimientos de culpabilidad ligados al aborto. La mujer ya no tendría que preocuparse de si ha concebido o no. Le sería suficiente practicar una limpieza química de su útero con la periodicidad conveniente. Sería la fusión de la contracepción y el aborto en la nueva noción de contragestión.

Los efectos que esa hipotética aceptación y generalización del aborto farmacológico pudiera tener desde el punto de vista de la Ética médica son incalculables. 

Hace unos años describí así la amenaza de banalización del aborto farmacológico precoz: La significación de este tipo de aborto es sumamente importante: establecerá como un hecho socialmente admitido la noción de que el embrión humano es un simple producto de desecho. No sólo se cosifica al embrión, despojándole de su valor humano: se le reduce a la condición negativa de una excreta. Lo mismo que un laxante es capaz de exonerar de su contenido fecal al colon perezoso, la nueva píldora permitirá liberar al útero gestante del embrión que crece en él. Desconectado de la madre mediante un preciso mecanismo de competitividad molecular entre entihormonas y hormonas, y catapultado hacia la red de alcantarillado por la acción de los estimuladores específicos del miocito uterino, el embrión termina su existencia sin pena ni gloria. La transmisión de la vida humana, la suprema capacidad del hombre de concrear hombres, esa participación en el poder creador de Dios, quedará convertida así en una función del mismo rango fisiológico, psicológico y moral que la micción o la defecación.” Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.


jueves, 14 de julio de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (IX)

Que el aborto tiene graves implicaciones sobre quien lo práctica, o quien lo permite, no cabe duda, y la gravedad es tanto mayor si la actuación favorable al aborto se camufla bajo la voluntaria ignorancia que acepta, sin más, la falsedad en la terminología científica. 

Clarifica ejemplarmente esta cuestión el Prof Gonzalo Herranz:

“Decir “contragestión” (contracepción) en vez de aborto desconecta tal acción de cualquier implicación moral... Todo queda sometido a las meras leyes civiles que regulan la práctica del aborto y a la política de la eficiencia técnica y del control demográfico. 

El cambio léxico quiere además dar a entender que la preocupación por la significación antropológica y moral de la fecundación, una simple etapa más de un continuo biológico, es algo obsesivo, infundado. 

Introducido el neologismo, se convierte automáticamente en perverso o, al menos, oscurecedor y de mal gusto, utilizar, al tratar del aborto, expresiones como asesinato, matar, que están dotadas de contenido moral. 

El término “contragestión” (contracepción) no es sólo atraumático: anestesia la conciencia moral, pues ya no despierta una asociación de ideas con el proceso de transmitir la vida y con el papel que en él juega la mujer, sino sólo con la administración general de unos asuntos.

Todos sabemos cuán necesario es en el contexto científico utilizar una terminología precisa, inequívoca. 

El lenguaje de la ciencia es un instrumento de alta precisión, en el que las palabras han de designar las realidades con una objetividad descarnada. 

El buen científico sabe trazar una nítida separación entre los datos observados y comprobados y las hipótesis imaginadas o explicaciones plausibles, pero todavía no demostradas. No le es lícito al científico falsificar la realidad, ni negar su existencia o la de alguno de sus componentes.” Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.

jueves, 7 de julio de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (VIII)

Una de las tácticas empleadas para vender el aborto es disimularlo bajo la capa de neologismos que hagan olvidar y oscurecer la mayor crueldad que puede perpetrar el ser humano: exterminar al recién concebido y violentar a su madre. La indiferencia con la que socialmente es admitida esa violencia extrema, conviviendo de forma natural con ella, no deja de ser, también, una grave responsabilidad.

El Prof Gonzalo Herranz es bien certero en su análisis:    

“La perversidad del aborto queda psicológicamente camuflada o anulada cuando el hecho de destruir una vida humana se oculta bajo expresiones nuevas e inocentes, que son a la vez científicas, progresivas, técnicas y tolerantes, tales como 'microaspiración', 'extracción menstrual', 'interrupción voluntaria de la gestación' o simplemente 'interrupción', 'regulación menstrual', 'inducción de las reglas', 'intercepción', 'píldora mensual'. 

En el mundo artificial así creado, hablar, en relación con el aborto, de matar, asesinar, o destruir seres humanos, se considera ineducado y de positivo mal gusto, ya que esa terminología indica que no se han captado los valores de la autonomía individual, del derecho a escoger, de la hominización progresiva del feto, del rechazo de la superpoblación, del respeto ecologista por la naturaleza, de la responsabilidad social de contribuir a no degradar la superficie del planeta.

El activismo en favor del aborto ha dejado de ser una cruda militancia “proabortion”. Se ha sofisticado: hoy se prefiere hablar de defensa de las libertades civiles, proponer tolerantes actitudes “pro-choice”, argüir en favor de las justas reivindicaciones feministas. 

En los Estados Unidos, algunos manifestantes profirieron gritos, y portaron carteles, diciendo Abortion is beautiful! El eslogan no triunfó, pues, además de ser demasiado radical, resucitaba la palabra aborto. 

Lo ideal del activismo pro-aborto es mantener un exterior civilizado, y una militancia serena: la violencia quede para las acciones de rescate de los pro-vida. 

Es preferible más que gritar, arrullar a la sociedad con promesas de bienestar ecológico y de ejercicio de libertades individuales. Desde el punto de vista dialéctico, es preferible olvidarse de las palabras duras, tanto más cuanto que para englobar la contracepción abortiva y el aborto farmacológico se dispone de un neologismo muy científico y tranquilizador. El nuevo vocablo es contragestión.

Emile Etienne Baulieu, el padre de la píldora abortiva, de la mifepristona, ha acuñado específicamente el término contragestión para designar tácticamente todas las variantes de aborto inducido farmacológicamente. El nuevo término viene exigido, en primer lugar, por la conveniencia de que al tratar de la mifepristona no se haga referencia alguna al aborto. Explicaba Baulieu la razón: Mi propósito es eliminar la palabra aborto, porque esa palabra es tan traumática como el hecho mismo del aborto…. 

Es patente en Baulieu la intención de amoralizar, de situar en un terreno éticamente neutro, la transmisión de la vida humana y de reducirla a pura biología”.  Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.

jueves, 30 de junio de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (VII)


Las palabras cuando se vacían de contenido y se desfiguran bajo el poder de intereses particulares se convierten en las armas más letales, camuflando su acción devastadora y exterminadora como justificación y logro social. La historia del aborto constituye quizás el mejor ejemplo. La indiferencia con la que se contemplan y aceptan esas aberraciones es un arma tanto o más peligrosa.   

Las palabras, por otra parte, del Prof Herranz no pueden ser más explícitas:

La confusión deliberada de la terminología es instrumento de manipulación psicológica y moralLa aceptación en amplios sectores de la sociedad moderna del aborto como algo sociológica y éticamente normal fue hecha posible, en primer lugar, gracias a la amplia difusión que en esa misma sociedad había alcanzado la contracepción. Ésta introduce profundamente en la gente el convencimiento práctico de que los hijos se pueden programar de que, de hecho, se los puede tener en el número y momento deseados. 

El control de los nacimientos trae consigo la libertad reproductiva: los embarazos, los hijos, son clasificados en deseados y no deseados. Progresivamente, el aborto se va instaurando en la sociedad como el procedimiento final, sino único, de control de la fertilidad.

Pero esa aceptación no hubiera sido nunca tan rápida y tan extensa si no hubiera echado mano de la manipulación del lenguaje. La sustitución de la tradición de respeto a la vida -patrimonio de muchas culturas, en especial de la cristiana, y también de la ética hipocrática de la Medicina- por la nueva mentalidad utilitarista ha sido posible gracias a la ofuscación de las mentes, gracias al juego prestidigitador con las palabras. 

Al lado de la adulteración taimada de las definiciones, de las que hemos visto hace un momento unos ejemplos, en la mutación de las actitudes morales, ha jugado un papel decisivo la creación de neologismos acolchados, de apariencia suave pero de núcleo duro y destructor. 

Gracias al nuevo lenguaje, las nuevas actitudes y conductas, que hasta entonces habían sido tenidas por comportamientos repugnantes o inmorales, empezaron a revestirse de una apariencia de dignidad, y han terminado por imponerse como normas de buena ética civil. 

Hemos visto como la redefinición de concepción y gestación por parte del ACOG (The American College of Obstetricians and Gynecologists) y de la FIGO (Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia) ha sido suficiente para desplazar a un limbo de penumbra o de oscuridad moral al embrión preimplantado.

Pero conviene conocer con algún detalle el papel de la terminología trucada en la implantación social del aborto: su difusión mediante la tecnología publicitaria, el uso de fórmulas persuasivas, de sintagmas que dignifican el aborto, de expresiones que manchan a los que se oponen a él...” Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.

sábado, 25 de junio de 2022

Tribunal Supremo EE UU y Declaración Obispos 24 junio 2022

Este es un día histórico en la vida de nuestro país, que conmueve nues-tros pensamientos, emociones y oraciones. Durante casi cincuenta años, Estados Unidos ha impuesto una ley injusta permitiendo que algunos de-cidan si otros pueden vivir o morir; esta política ha resultado en la muer-te de decenas de millones de niños no nacidos, generaciones a las que se les negó el derecho incluso a nacer.

Estados Unidos se fundó sobre la verdad de que todos los hombres y mu-jeres son creados iguales, con derechos otorgados por Dios a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Esta verdad fue gravemente nega-da por la Corte Suprema de los EE.UU. con la sentencia Roe v. Wade, que legalizó y normalizó la eliminación de vidas humanas inocentes. Damos gracias a Dios hoy porque la Corte ahora ha anulado esa decisión. Reza-mos para que nuestros funcionarios electos promulguen ahora leyes y políticas que promuevan y protejan a los más vulnerables entre nosotros.

Nuestros primeros pensamientos están con los niños cuyas vidas han sido arrebatadas desde 1973. Lamentamos su pérdida y encomendamos sus almas a Dios, que los amó desde antes de todas las edades y los amará por toda la eternidad. Nuestros corazones también están con cada mujer y hombre que ha sufrido gravemente por el aborto; rezamos por su cura-ción y prometemos nuestra compasión y apoyo continuos. Como Iglesia, debemos servir a quienes enfrentan embarazos difíciles y rodearlos de amor.

La decisión de hoy también es el fruto de las oraciones, los sacrificios y la defensa de innumerables estadounidenses corrientes de todos los ámbi-tos de la vida. Durante estos largos años, millones de nuestros conciuda-danos han trabajado juntos pacíficamente para educar y persuadir a sus vecinos sobre la injusticia del aborto, para ofrecer atención y asesora-miento a las mujeres y para trabajar por alternativas al aborto, incluida la adopción, el cuidado de crianza temporal y la atención pública, con po-líticas que verdaderamente apoyen a las familias. Compartimos hoy su alegría y les estamos agradecidos. Su trabajo por la causa de la vida re-fleja todo lo que es bueno en nuestra democracia, y el movimiento pro-vida merece ser contado entre los grandes movimientos para el cambio social y los derechos civiles en la historia de nuestra nación.

Ahora es el momento de comenzar el trabajo de construir una América post-Roe. Es un tiempo para sanar heridas y reparar divisiones sociales; es un tiempo para la reflexión razonada y el diálogo civil, y unirnos para construir una sociedad y una economía que sostenga el matrimonio y la familia, y donde cada mujer tenga el apoyo y los recursos que necesita para traer a su hijo a este mundo con amor.

Como líderes religiosos, nos comprometemos a continuar nuestro servicio al gran plan de amor de Dios para la persona humana y a trabajar con nuestros conciudadanos para cumplir la promesa de Estados Unidos de garantizar el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad para todas las personas.


jueves, 23 de junio de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (VI)


La ciencia no establece un momento evolutivo del embrión humano al partir del cual adquiera, de forma solemne, la condición de criatura humana. La genética es clara y determinante para definir quién pertenece a la raza humana y quién no. Si al embrión no se le considera ser humano en crecimiento es porque su vida cae bajo el espejismo de intereses mezquinos que, además, se reproducen en el vivero insalubre de la indiferencia social.

A ese respecto, es significativa la aportación del Prof Herranz:  

“Se ha ganado en efectividad farmacológica y en seguridad para la mujer a cambio de un elevado costo ético.

Nada revela mejor la estrecha relación entre contracepción y aborto como los estudios sobre las potencialidades contraceptivas y abortivas del compuesto RU 486, también llamado mifepristona.

La mifepristona, es puente molecular entre contracepción y aborto. Es curioso, la mifepristona es un agente farmacológico que, según el modo y el momento en que sea administrado, puede actuar unas veces como contraceptivo, otras como antinidatorio y otras, finalmente, como abortivo.

Con las antiprogestinas, y en concreto con la mifepristona, se completa a nivel molecular el continuo contracepción-aborto.

Es, en primer lugar, el abortivo más intensamente estudiado. Cuando la mifepristona se administra sola no es muy eficaz, pues provoca el aborto solo entre el 64 y el 85 por ciento de las mujeres con embarazos de siete semanas o menos. Además, en el 10 al 30 por ciento de los casos, el aborto inducido es incompleto y debe terminarse con evacuación quirúrgica. 

Pero combinada con ciertas prostaglandinas, la mifepristona es capaz de inducir el aborto en el 92,7 al 99 por ciento de embarazos de siete semanas o menos. 

Estas elevadas tasas de eficacia abortiva se han alcanzado después de mucha investigación en busca del modo más eficaz de combinar mifepristona con prostaglandinas. 

Los efectos secundarios del tratamiento son, a veces, muy intensos, y debidos en su mayor parte a la prostaglandina. 

Los partidarios del aborto farmacológico observan con satisfacción que, poco a poco, van ganando terreno a sus rivales del aborto quirúrgico, y eso a pesar de los inconvenientes del procedimiento, pues a sus efectos colaterales hay que añadir el mínimo de cuatro visitas que, antes y después del aborto, la mujer ha de hacer necesariamente al médico. 

Según un trabajo publicado, el 88 por ciento de las mujeres que se habían sometido a un aborto farmacológico respondieron afirmativamente a la pregunta de si volverían a escoger ese método con preferencia al quirúrgico si tuvieran que someterse de nuevo a un aborto”. Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.

jueves, 16 de junio de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (V)

Es evidente que los promotores de los contraceptivos, especialmente los hormonales, persiguen la infertilidad también a través de la eliminación que pueden ocasionar de embriones humanos, es decir, de vidas humanas. La indiferencia social cubre y facilita esa actuación.

La exposición del Prof Gonzalo Herranz no deja dudas:    

Así, pues, desde el comienzo, contracepción y aborto se han tenido como mutuamente complementarios, han progresado hacia una simbiosis cada vez más plena, se han integrado en una unidad.

Veamos un ejemplo de cómo no existen barreras conceptuales entre contracepción y aborto … Las autoridades sanitarias de algunas ciudades de los Estados Unidos, tras el fracaso del preservativo en la reducción de la alta tasa de gestación entre las escolares, decidieron promover la difusión, a través de los consultorios médicos de las escuelas, del Norplant. Se trata de una progestina de efecto prolongado, que, en forma de cápsulas, se implanta bajo la piel, y que, al liberar pequeñas cantidades del producto activo, ejerce un efecto contraceptivo. El Norplant interfiere con la fertilidad mediante varios efectos, entre los que se incluye el bloqueo de la implantación del huevo fecundado.

Por decirlo de un modo suave, el Norplant es un contraceptivo 'duro', no sólo por la larga duración de su efecto, sino porque éste incluye un componente antinidatorio, esto es, abortifaciente. El que las autoridades sanitarias hayan recurrido a él es, por un lado, prueba de que la campaña de difusión del preservativo ha fracasado. Pero, por otro, indica claramente que para esas autoridades carece de relevancia práctica la distinción ética entre los métodos que impiden la fecundación, como son el preservativo y los otros métodos de barrera, y los métodos que provocan el rechazo del embrión joven. 

Es doloroso que la conciencia de muchas autoridades sanitarias se haya endurecido hasta el punto de no distinguir entre unos procedimientos y otros. Y lo es también que consideren a los jóvenes refractarios a todo mensaje moral. Se limitan a ofrecerles, como tantas veces sucede en la sociedad pragmática en que vivimos, un producto químico como sucedáneo de la virtud, del esfuerzo moral.

Esa misma pulsión pragmática es la que ha presidido la evolución de la contracepción oral. Buscando la minimización de los efectos secundarios, se ha producido con el paso del tiempo una escalada de 'dureza' en el mecanismo de acción de los contraceptivos. De los anovulatorios iniciales y de los métodos de barrera, el centro de gravedad en la práctica presente y en la investigación para el futuro se ha se ha trasladado a los antinidatorios y abortivos precoces. 

En general, los contraceptivos orales actúan a través de múltiples mecanismos de acción; pero ninguno de ellos está libre de un efecto antinidatorio: poco importante cuantitativamente, pero éticamente significativo, en los que combinan estrógenos y progestínicos; muy importante en otros, en especial en el caso de la 'minipíldora' y en los progestínicos de acción prolongada, que ejercen una acción predominantemente antinidatoria. “Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.


jueves, 9 de junio de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (IV)

Seguimos considerando al Prof Gonzalo Herranz 

“Proponer y difundir esta doctrina, (la doctrina oficial, de que el decisivo tiempo biológico que transcurre entre la fecundación y la anidación carece de interés para la embriología clínica, para la fisiología o la farmacología de la reproducción) es a ojos vistas una actitud acientífica, manipulativa, pues no se basa en la observación de los hechos, sino en su supresión parcial, caprichosa y voluntarista. 

Al redefinir lo que es concepción y gestación, se crea una ventana de irresponsabilidad moral: la destrucción del embrión preimplantatorio no se puede llamar aborto, ni se pueden calificar de abortifacientes los agentes que los matan o que hacen imposible la anidación del embrión preimplantado. Pero la realidad está ahí clara e innegable: muchos agentes contraceptivos actúan a través de la destrucción de seres humanos en los días de su existencia flotante que van de la fecundación a la anidación.

Pero no ha sido necesario esperar al desarrollo de los contraceptivos de acción abortiva para comprender el continuo que forman contracepción y aborto. 

Hace ya bastantes años, cuando las leyes de aborto estaban dando sus primeros pasos en los países avanzados, Emily Campbell escribía en el International Inventory of Information on Induced Abortion: Aborto y contracepción deben ser considerados conceptualmente como elementos complementarios, aplicados en un sistema total de planificación de nacimientos y de control de la fertilidad. Se describe a menudo el aborto como el modo de control de nacimientos usado con mayor frecuencia y posiblemente también como el procedimiento mediante el cual se ha impedido el mayor número de nacimientos. Y es cierto: el aborto provocado ha jugado un papel más prominente que la contracepción en la caída de la fertilidad que ha experimentado el mundo occidental desarrollado.” Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.



viernes, 3 de junio de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (III)

Cuando por interés ajeno a la ciencia se tergiversan el significado de las palabras en biología de la reproducción y, por ejemplo, el inicio de la concepción se coloca no en el estadio de la fecundación tras la unión de los gametos, sino que, sin base científica, se considera que la concepción se inicia con la anidación pasados ya unos diez días tras la fecundación, se da lugar a una confusión gravemente culpable que acepta como indiferente la pérdida de embriones humanos que pasan a ser tenidos como inexistentes de forma imaginaria y falsa.  

La claridad del Prof Herranz es muy significativa: 

“(El concepto de definición de la concepción) … fue objeto de estudio en septiembre de 1985, en una reunión de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) en Berlín Occidental.

En tal ocasión, el Comité de Aspectos Médicos de la Reproducción Humana, presidido por M.F. Fathalla, M.D., de Egipto, fue encargado por la Junta de Gobierno de la FIGO, respondiendo a una petición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de establecer una definición precisa del término gestación. El Comité acordó la siguiente postura: 

“La gestación empieza con la implantación del huevo fecundado. Siguiendo las definiciones citadas de concepción y gestación, un abortifaciente es aquello que actúa interrumpiendo la gestación, lo cual sólo ocurre después de la implantación”.

Como vemos, el padre ha desaparecido del terreno de la transmisión de la vida humana: no existe ya como agente biológico y moral en la procreación de un nuevo ser humano. Observamos que algo fundamental se nos ha escamoteado: los decisivos primeros días de la existencia flotante pero increíblemente activa del embrión preimplantado. 

… La causa está lista para sentencia. Los argumentos, plagados de peticiones de principio y hábilmente manipulados, permiten concluir a Tatum y Connell: “Es de esperar que estas definiciones oficiales y los datos científicos nuevos proporcionen un fundamento realista y científico para entender con mayor lucidez el mecanismo de acción de los DIUs entre el público, los teólogos, los políticos y los trabajadores de la salud en general”.

Nada se dice sobre lo que pasa al embrión entre la fecundación y la anidación, ni de su entidad biológica ni de su rango ético durante esos días tan importantes. Los expertos, las autoridades oficiales han decidido ignorar su existencia. Es inquietante la ingenua franqueza con que por decreto se reduce a la nada al embrión preimplantado. La ciencia oficial prescinde de él, lo desconoce: es un no-existente.

Pero lo igualmente grave es que la argumentación de Tatum y Connell, que representa de modo típico la posición de la 'ciencia oficial', consigue poner una única e idéntica etiqueta moral de inocencia a la contracepción anovulatoria, a la interceptiva y al aborto precoz, mediante un juego de palabras y de redefiniciones que permite ignorar la significación ontológica y moral del embrión preimplantado. Esta tergiversadora falsificación de conceptos es la piedra angular del control de los nacimientos del futuro.

Con el apoyo de la ciencia organizada, pasa a ser doctrina oficial que el decisivo tiempo biológico que transcurre entre la fecundación y la anidación carece de interés para la embriología clínica, para la fisiología o la farmacología de la reproducción, y, como era de esperar, también para la ética.” Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.


miércoles, 1 de junio de 2022

El derecho a portar armas puede acabar en “sacrificio de niños”, ¿y el aborto no?

… “Si todas las armas en Estados Unidos fueran confiscadas mañana, la matanza masiva endémica del aborto permanecería, incluso contando con que muchos de los dolientes de la matanza reciente de Uvalde consiguieran que se ilegalizara la libre compra de armas.

Por supuesto, hablemos de las leyes de armas. Pero no nos engañemos pensando que un ajuste tecnocrático puede aliviar el malestar moral de Estados Unidos, y nunca volvamos a hablar de sacrificio de niños hasta que hagamos que los úteros sean más seguros que una escuela de Texas”

Por Kurt Mahlburg, en Mercatornet, 31 de mayo de 2022 (Resumen)


sábado, 28 de mayo de 2022

Píldoras contraceptivas y otros abortivos (II)

Desenmascarar afirmaciones que se revisten de científicas sin aportar datos de ciencia conclusivos es una tarea que siempre será necesaria, y más en estos momentos. Un ejemplo históricamente paradigmático lo presenta el Prof Herranz respecto a los contraceptivos abortivos, desvelando poderosos intereses ajenos a la ciencia, pero que son a los promotores muy fructíferos. Aceptar convivir anestesiados con la pseudociencia se paga siempre con aceptar el naufragio personal y de la sociedad.

Así se expresa el Prof Gonzalo Herranz

Respecto a la progresiva irrelevancia de los conceptos, la frontera entre regulación de la natalidad/control de los nacimientos y aborto ha sido objeto de un desdibujamiento progresivo, hasta el punto de que para muchos médicos y bioeticistas, y también para algunos teólogos morales, es una cuestión carente de interés: es asunto que se puede ignorar o considerar como irrelevante. 

Hace unos años eran frecuentes los artículos que todavía se interrogaban sobre la significación biológica y moral de que un determinado agente actuara en una fase preconcepcional, evitando la ovulación o impidiendo la fecundación, o si ejercía su acción después de la fecundación, lesionando directamente al embrión joven o impidiendo simplemente su anidación. 

Las revistas publicaban artículos con títulos como, por ejemplo, La píldora del día siguiente y el dispositivo intrauterino: ¿cantraceptivos o abortifacientes?, o La Mifepristona, ¿agente contragestativo o abortifaciente médico? Ello es muy congruente con la vocación científica de la Medicina: no es suficiente conocer los efectos finales de las intervenciones biomédicas: es necesario determinar y estudiar en detalle los mecanismos por medio de los cuales actúan.

Pues bien, los artículos que estudian esos problemas constituyen una especie en riesgo de extinción. El hecho no parece deberse a que la materia carezca de interés científico. 

El desinterés por el problema viene de fuera: el esclarecimiento del mecanismo de acción puede crear un rechazo de esos procedimientos en ciertos ambientes religiosos o culturales. Para evitar tal rechazo, lo mejor es ignorar: tender un velo de silencio sobre lo ya conocido o volatilizar el problema, no interesándose por él ni científica ni éticamente. 

Una historia puede aclarar este modo de proceder. En un artículo de revisión, publicado en una revista seria, titulado Una década de contracepción intrauterina: 1976 to 1986, Howard J. Tatum y Elizabeth B. Connell, de la Emory University School of Medicine, Atlanta, Georgia, relatan como los DIUs fueron absueltos de toda malignidad. Estas son sus palabras: Se han hecho, ya desde el momento en que los DIUs empezaron a usarse con propósitos de contracepción, acusaciones de que su acción se debe fundamentalmente a una acción abortiva. Este concepto ha sido difundido por ciertos grupos religiosos que han proscrito en consecuencia el DIU como medio moralmente aceptable para controlar la fertilidad. 

Uno espera que los autores refuten esas acusaciones de un modo científico, aportando pruebas relevantes a la cuestión básica. Esto es, de si los diferentes tipos de DIUs poseen un mecanismo de acción preconcepcional sobre los gametos mismos o si, por el contrario, destruyen al embrión joven en algún momento de su existencia, sea antes, en el curso, o después de su implantación en la pared uterina. Pero el desengaño es inmediato: la refutación de aquellas alegaciones se hace, no en el terreno firme de los hechos científicos, sino por medio de la redefinición táctica de los conceptos, mediante lo que puede llamarse con justicia un lavado de cerebro.

Nos engañan Tatum y Connell cuando nos dicen: Las definiciones precisas de los términos gestación y aborto y los datos científicos recientes nos ayudan a rechazar tales conceptos erróneos y esas informaciones engañosas que, en el pasado, han enturbiado todo el problema de los mecanismos por los que se ejerce el efecto contraceptivo de los DIUs.

No cabe duda que las nuevas definiciones vienen avaladas por corporaciones muy importantes, más interesadas quizás en revestir de aparente dignidad sus rutinas profesionales, que en esclarecer la realidad de los hechos. Con cínica sencillez, esas nuevas definiciones ignoran la parte moralmente significativa de la realidad, y todo se considera arreglado mediante la solemne aprobación de una nueva terminología trucada”. Gonzalo Herranz, conferencia “La píldora RU-486 y otros abortivos: ¿El control natal del futuro?”, en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia. Santiago de Chile, 20 de agosto de 1994.