viernes, 12 de abril de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (XII)


A las técnicas de fecundación in vitro se les exige calidad de manufactura. Ciertamente, los profesionales especialmente adiestrados en fecundación in vitro son los veterinarios.

El Prof Gonzalo Herrranz

“La artificialización de la familia conoce otras manifestaciones ligadas a la reproducción asistida. Las leyes pueden hacerse ciegas a la realidad, e incluso, autorizan a falsificarla. Pero la realidad no se deja trucar. 

Eso ocurre con la donación de gametos o de embriones. Como dice la Instrucción Donum vitae, "El respeto a la unidad del matrimonio y a la fidelidad conyugal exige que el hijo sea concebido en el matrimonio; el vínculo existente entre los cónyuges atribuye a los esposos, de modo objetivo e inalienable, el derecho exclusivo a llegar a ser padre y madre solamente el uno a través del otro... La fecundación artificial heteróloga lesiona los derechos del hijo, lo priva de la relación filial con sus orígenes...  obra y manifiesta una rotura entre parentalidad genética, parentalidad gestacional y responsabilidad educativa." 

Y como dice con mucha fuerza Sir Immanuel Iakobovits, una autoridad del Judaísmo, la inseminación artificial por donante "es moralmente objetable porque constituye una falsificación y una profanación del matrimonio; porque es un engaño al público, pues la paternidad del niño es registrada fraudulentamente a nombre del padre estéril; por el modo clandestino con que se practica, ya que oculta o hace desaparecer la identidad del donante; por la posibilidad de uniones incestuosas entre parientes próximos del donante y su descendencia artificial; por lo arbitrario de permitir que sea un médico o un ayudante de laboratorio quien decida quién ha de ser el padre del hijo de una mujer,... y, sobre todo, por la execración de la generación humana que se iguala a las técnicas de reproducción animal".

La artificialización de la familia mediante la reproducción asistida materializa al hijo en un producto, no en un don. 

Hay indicaciones que tanto los médicos como los padres se exigen o exigen un adecuado nivel de calidad del producto. Mediante el aborto in vitro, el seguimiento de las técnicas de diagnóstico genético o prenatal, se procede obstinadamente a la eliminación de los niños tarados o malformados. Los médicos lo hacen para verse libres de posibles demandas por malapráctica y para mantener el alto nivel de calidad exigible a una tecnología avanzada. Los padres porque su deseo de hijos no es ciego: el hijo artificial no puede ser en sí mismo un fracaso. Algo que ha costado tanto dinero y esfuerzo debe ser razonablemente normal o, en todo caso, supranormal.

Esto tiende a crear en la sociedad una difusa aspiración a tener sólo niños perfectos, a popularizar el diagnóstico prenatal como instrumento de selección, a establecer una intolerancia social hacia la deficiencia, la debilidad, la imperfección biológica, a caer en la tiranía de la normalidad.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993 


viernes, 5 de abril de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (XI)

Dictar sentencia aleatoria de vida o muerte a personas en su estadio inicial (embrión) es parte del trabajo ordinario del fecundador in vitro.

El Prof. Gonzalo Herranz

“Es curioso que, al principio de la práctica de la fecundación in vitro, sus promotores asumían una actitud humilde: decían que ellos estaban allí para ayudar a la naturaleza, para salvar in vitro la obstrucción de la trompa, pero que quienes de verdad eran los actores eran los miembros del matrimonio estéril, con sus gametos y su potencial parental. 

La cosa no duró. No tardó mucho en ponerse en práctica el recurso a los donantes para que aportaran sus gametos, a la producción de embriones heterólogos, al uso de úteros alquilados, a la reducción selectiva de los casos de gemelaridad elevada, etc. 

El papel asumido por el fecundador artificial se ha ido haciendo cada vez más dominante. En los primeros tiempos, los periodistas entusiastas daban el título honorífico de "padre de la primera niña probeta" a los que desarrollaron el rudimentario procedimiento de entonces. Ahora que todo parece más banal y menos glorioso, es cuando, en realidad, los fecundadores artificiales toman decisiones de vida o muerte sobre las criaturas que crean en su laboratorio.

Un ejemplo. He tratado de imaginar a veces cómo puede ser que un médico llegue a cosificar en tal grado al embrión humano que se sienta autorizado a practicar la combinación de fecundación in vitro con la llamada reducción selectiva. Años atrás, para incrementar al extremo la eficiencia de la FIVET o para vencer ciertos problemas de esterilidad ovárica, se provocaba una intensa estimulación ovárica con los que, in vitro o in vivo se obtenía un número excesivo de embriones (en ocasiones, hasta doce). Hoy se han dictado directrices firmes para evitar esa circunstancia. Al cabo de unas semanas, se determina, mediante ecografía, cuántos embriones se han implantado y se desarrollan normalmente. Se pregunta entonces a la madre cuántos niños desea tener. Y mediante guía ecográfica, el fecundador in vitro reduce al número deseado el de embriones presentes, elimina los sobrantes.

Esto, para mí, representa el colmo de la artificialización de la familia. Porque la combinación de fecundación en masa con la reducción del número de los embriones (no quiero llamarla selectiva, porque ¿Qué selecciona? ¿Muertes? ¿Vidas?) significa que se juega al azar cuáles de los hermanos van a vivir. Se hace una especie de ruleta rusa, una lotería como la empleada para diezmar un contingente rebelde, mediante la cual, son liquidados unos hermanos (niños, niñas) para ajustar su número a las preferencias de los padres o, lo que parece más probable, al deseo del fecundador de evitar los riesgos de una gestación múltiple y de asegurar al máximo la eficacia del procedimiento.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993


sábado, 30 de marzo de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (X)

La distinción entre padres y fecundador in vitro son muy evidentes.

El Prof Gonzalo Herranz: 

“Se ha dicho que la fecundación in vitro ha dado a muchos matrimonios, junto al hijo deseado, la estabilidad que había estado a punto de quebrarse. Pero lo cierto es que, en al menos ocho de cada diez matrimonios que acuden a la FIVET, la técnica fracasa. Truncadas sus ilusiones, se hace muy difícil soportar un futuro matrimonial cerrado a la procreación. Perdida la ilusión del hijo deseado, muy frecuentemente, el matrimonio se rompe o queda fuertemente traumatizado por el estigma social de la infertilidad. Que tal fracaso produzca gran sufrimiento moral es lógico: la reproducción de laboratorio ha nacido y se ha desarrollado en un contexto biotecnológico. Quienes las han diseñado y las aplican apenas prestan atención a la naturaleza somato-psíquica y espiritual del hombre. 

Su poca sensibilidad hacia los valores humanos se manifiesta muy claramente en la ignorancia deliberada de los aspectos más fundamentales de su trabajo, hacia la realidad sobre la que está actuando el fecundador in vitro. 

Este trabaja de ordinario sin querer enterarse de que está jugando a Dios, sin darse cuenta de que ha asumido el papel de Destino. Él es quien hace la familia, no los esposos. El artificializa la familia: decide quién nace y quién no. Produce zigotos en número excesivo, para precaverse contra una eventual falta de embriones. Pero tiene que seleccionar, entre los zigotos producidos, cuales van a ser reimplantados en el útero y cuáles pasan a ser embriones sobrantes; decide, cuando transfiere inmediatamente al útero ciertos embriones y destina a la criopreservación a otros, quién recibe la oportunidad de nacer ahora, y quién más tarde o nunca.  

Determina que parejas son dignas de tener un hijo y, por ello mismo, a cuáles otras, por razones económicas, genéticas, socioculturales, o simplemente aleatorias, les niega tal oportunidad. 

El fecundador in vitro es, en efecto, quien establece los criterios para seleccionar las parejas a las que proporciona ayuda tecnológica: él fija qué estado matrimonial, qué grado de salud mental o qué nivel de estabilidad económica han de tener los candidatos, con qué intensidad han de desear tener un hijo, qué edad de la madre es apropiada o no. 

Trabaja el técnico de la reproducción humana olvidado de ordinario de que ha asumido para ciertos hombres el papel de Destino. Decide que la vida de un niño cuyos padres no tienen mucho dinero es menos valiosa y plena que la de otro niño cuyos padres viven desahogadamente, y consiente en crear una y en denegar la otra. Porque puede pensar que quien nace de unos padres algo desequilibrados no podrá tener una biografía significativa, se negará a engendrarlo, en beneficio de quienes se adaptan a su propia noción de normalidad.

Es ésta una responsabilidad enorme, pero transitoria. Una vez creada la criatura, el fecundador artificial rehúsa toda responsabilidad sobre ella. Desde un punto de vista antropológico, el médico juega un papel mucho más activo que los padres en el proceso de generar ciertas vidas humanas. A fin de cuentas, los padres funcionan, y no siempre, como simples, e incluso lejanos, proveedores de gametos: el fecundador in vitro es el co-creador inmediato, el artífice de la nueva vida. ¿Cuál es su responsabilidad antropológica? Ninguno de ellos ha querido responder a esta pregunta.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993


viernes, 22 de marzo de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (IX)

El acostumbramiento social en asumir como normal la fecundación in vitro no disminuye sus graves e innegables consecuencias a nivel individual y familiar.

El Prof Gonzalo Herranz:

“A continuación, quiero aducir datos y argumentos para demostrar que la producción artificial de niños no es la solución para los problemas de la familia.

Como hemos visto, hay en el mundo mucha gente que, pudiendo tener hijos, no los quiere: los evita o los destruye. Y, paradójicamente, hay a su lado muchos otros que quieren tenerlos, y no pueden. Y si los primeros confían en la eficacia de los medicamentos y artilugios mecánicos de la contracepción y en la catástrofe humana del aborto, los últimos ponen sus esperanzas en las técnicas de la reproducción asistida para recibir de ellas el alivio de su esterilidad. 

Las técnicas de reproducción asistida están haciendo mucho por artificializar la familia, y lo están haciendo de modo sutil pero eficiente.

La reproducción asistida, en particular la fecundación in vitro, conmovió, hace unos años, a la opinión pública mundial. Hoy se habla menos de ella. Pero, todos lo recordamos, podrán contarse con los dedos de una mano los logros de la Medicina que hayan tenido tanta y tan buena prensa. 

La embriagante mezcla de triunfo científico y de felicidad familiar con que los periodistas presentaron en sociedad a los niños probeta ha dejado una huella muy profunda. 

Cuando se publicó la Instrucción vaticana Donum vitae estalló un clamor de protesta contra lo que se consideró un documento rígido de mente moralista e insensible a uno de los más profundos problemas humanos como es la esterilidad matrimonial. Hoy las cosas se han serenado: el anunciado triunfo de la reproducción asistida sobre la esterilidad humana no se ha producido. Pero son pocas las voces que se levantan para evaluar el procedimiento en sí y los efectos que de modo insidioso está creando como impulsora de la familia artificial.

Eso es posible porque hay una especie de pacto de silencio en torno a ciertos aspectos de la reproducción asistida, un pacto de no dañar el prestigio social de esa tecnología

Se filtran las noticias (la mujer menopáusica convertida por la ciencia en una feliz madre de 50 años, la dura represión contra el Dr. Jacobson por haber inseminado con su propio semen a 75 mujeres, etc.) para rendir tributo a los inagotables recursos de la tecnología reproductiva o manifestar que los compromisos éticos de la especialidad son tomados en serio. Apenas se habla ya de niños artificiales. Sólo unos pocos, entre moralistas, psiquiatras y grupos feministas, sigue prestando atención a los problemas éticos, jurídicos y psicológicos de la reproducción asistida. La sociedad en general parece haber digerido el problema.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993 


viernes, 15 de marzo de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (VIII)

Está fuera de toda ética médica el plegarse a intereses particulares utilitaristas. Cuando se cede al utilitarismo el aborto lleva a la eutanasia, y viceversa.

El Prof Gonzalo Herranz

“Y como la familia es de una pieza, hay también una inevitable conexión entre la mentalidad anticonceptiva-abortista y la eutanasia. Cuando en una sociedad son muchos los que creen que tener hijos es un error ingenuo, las consecuencias socioeconómicas tardan unos años en llegar, pero llegan inexorablemente, al seno de las familias y a todo el tejido social. 

Algunos economistas y expertos en sociología de la familia se han puesto a pensar en lo que ocurrirá si no cambian a tiempo las tendencias demográficas actuales. La carestía de nacimientos -nos dicen- causará graves perturbaciones a todos los niveles de nuestra economía. Las primeras víctimas serán los padres de ninguno o de muy pocos hijos. Serán decenas de millones los adultos con la desgracia de terminar sus días sin tener a su lado nadie que les quiera de verdad, sin hijos ni nietos. 

Hay quien ha sugerido que, ante la falta de apoyo familiar para una fracción tan grande de la sociedad, debe instituirse una solución eficaz, del tipo de la eutanasia, que podría aplicarse voluntariamente a quienes la solicitaran o, incluso, involuntariamente al cumplir determinada edad. Y eso no por la simple razón económica de que la población activa, poco numerosa entonces, se resistirá a sacrificarse y prescindir de sus gastos de diversión y bienestar para subvenir a las necesidades de los ancianos y de los improductivos. Es que, en una sociedad egoísta, el anciano enfermo crónico, que vive solo, que no tiene familiares próximos que cuiden de él, es, como demuestra la experiencia holandesa, uno de los candidatos naturales para la muerte por compasión.

La falta de aprecio por la vida humana de los parientes viejos es la simple extensión y consecuencia de la falta de aprecio por la vida humana naciente que es el aborto. 

Se han cumplido ya en algunos países europeos bastantes años de la promulgación de las leyes despenalizadoras del aborto. Los efectos de esos años de desprecio legal de la vida son ya muy marcados en la sociedad y en la familia. 

Al aceptar mucha gente -los partidos políticos, los creadores de la opinión pública, algunos pensadores muy influyentes- con toda frialdad que el aborto es algo moralmente irrelevante, algo habitual que ha entrado en las costumbres admitidas, la sociedad se ha hecho 'oficialmente' indiferente o agnóstica ante el valor sagrado de la vida humana, de cualquier vida humana. La sociedad está preparada para que le digan que hay una cosa que queda por hacer: determinar cuáles son las vidas humanas que valen poco o que valen mucho menos de lo que cuestan, a fin de que se autorice legalmente su eliminación. 

Entran entonces en el mismo saco de vidas para desechar las que se calculan como molestas, costosas o simplemente indeseadas. Un amigo mío inglés, excelente filósofo, me decía que el aborto y la eutanasia han unificado su grito de guerra: al ya clásico `Todo niño, un niño deseado´ se ha añadido ahora `Todo anciano, un anciano deseado´.”  Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993  


miércoles, 6 de marzo de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (VII)

La Medicina no es ajena a la mentalidad antinatalista imperante en la sociedad, pero, si no se deja contagiar, puede ser un revulsivo muy eficaz al objetivar la realidad y dignidad de todo ser humano concebido.  

El Prof Gonzalo Herranz:

“E. E. Baulieu, el promotor de la píldora abortiva, ha creado la noción de contragestión, una habilidosa contracción del término contragestación, para englobar, bajo una denominación nueva y no traumática, fácil de aceptar por todos, todo el conjunto de procedimientos de contracepción abortiva y de aborto farmacológico…

En un ambiente ético infiltrado por la ideología contragestativa, el niño vale en la medida en que es deseado y para lo que es deseado. 

El amor a los hijos entra en crisis profunda: no faltarán las ocasiones en que los padres -ante la falta de trabajo, la necesidad de renunciar a un proyecto material largamente acariciado- no podrán evitar el pensamiento de que tal o cual hijo es, por encima de toda otra consideración, un error de cálculo, un fallo de programación, que obliga a renunciar a ciertas aspiraciones materiales o a aplazar un proyecto determinado. 

Peor aún, un hijo puede ser percibido por los otros miembros de la sociedad como un descrédito: es tonto tener hijos cuando hay sobradas razones, o simplemente alguna razón, para no tenerlos. 

Otras veces, el hijo es programado para resolver un problema. Se lo diseña como una pieza de recambio: para ocupar el lugar del hijo muerto o que va a morir a corto plazo a consecuencia de una enfermedad incurable, o para utilizarlo como donante de médula ósea para la hermanita que sufre leucemia.  

En un clima social en que los hijos se calculan y se deciden, se hace particularmente doloroso o humillante el que un crío salga torpe, o feo, o simplemente llorón, psicológicamente no encantador. 

¿A qué se debe la epidemia que se extiende por el mundo occidental de malos tratos infantiles, de sevicias (crueldad) e, incluso, de abuso sexual? La mentalidad de dominio tiende a despersonalizar a los niños. Sus mismos padres pueden ya no considerarlos como seres humanos a los que hay que profesar un respeto ilimitado, sino como animalitos domésticos o como objetos de los que se dispone caprichosamente. 

Los padres tienden a ejercer con intensidad creciente un derecho de propiedad y uso sobre sus hijos: el progreso de dignificación de las relaciones humanas, en general, y de las intrafamiliares, en particular, que había operado el progreso económico, se ha detenido o se ha venido abajo en la sociedad de bienestar neomaltusiana. La ideología del hijo como producto que se programa tiende a cosificar al hijo.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993 

viernes, 1 de marzo de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (VI)

La anestesiante mentalidad anticonceptiva insensibiliza la función educadora de los padres provocando un sopor general de indiferencia.

El Prof Herranz

“Voy a ofrecer para explicar este fenómeno una hipótesis bastante audaz. Me parece que en el fondo de toda esta tremenda abdicación de la función educadora de los padres está la mentalidad contraceptiva

El daño fundamental de la contracepción no está en los riesgos biológicos, ni en la falsificación psicológica que es el amor contraceptivo. Sólo a Dios corresponde juzgar a quienes la practican. Pero estamos viendo ya sus efectos sobre la familia y la convivencia humana. 

La contracepción ha sustituido en la mente de muchos la noción del hijo como don que se recibe de Dios y destinado a la libertad de ser un hijo de Dios, por la noción de hijo como producto programado, que entra en el juego económico de ganancias, impuestos y gastos permisibles

Del mismo modo que el Estado, mediante su política sanitaria y sus presupuestos anuales, se encarga de nuestra salud, se encargará, mediante los presupuestos de enseñanza, de dar la educación a nuestros hijos. El Leviatán estatal va camino de alcanzar el dominio monopolístico de la educación, lo mismo que va camino de hacerse con la exclusiva de los cuidados de salud…

Volvamos ahora a donde habíamos quedado. Hay un aspecto de la contracepción que merece ser comentado: la inevitable continuidad entre anticoncepción y aborto

Aunque son acciones moralmente distintas, es cierto, tienen psicológicamente una raíz común: son ambas formas de despreciar al ser humano débil, de declararlo no deseado e impedir que sea concebido o, si por fallo o imprevisión fue concebido, impedir que nazca y siga viviendo.

Además, en la cruda realidad de los procesos biológicos, se da una estrecha conexión entre ambos procedimientos. Hace falta ser muy despistado, o muy cínico, para ignorar hoy que son abortifacientes algunos procedimientos que tácticamente, para anestesiar la sensibilidad moral del público, la industria farmacéutica y las grandes agencias de planificación familiar llaman simplemente anticonceptivos: algunos productos hormonales, los DIUs, la mifepristona. 

Ha habido un deliberado borramiento en la conciencia social de la barrera, moralmente significativa, que separa anticoncepción y aborto precoz. 

A mucha gente se la ha convencido de que, si es normal que un hijo puede ser no deseado, se le puede no desear con tanta intensidad que, si la anticoncepción fallara, se debe recurrir al aborto como última barrera anticonceptiva.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993

viernes, 23 de febrero de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (V)

La imperante mentalidad anticonceptiva se beneficia del engaño de un estado laicista y de la salvaje competencia que envuelve el trabajo profesional. 

El Prof Gonzalo Herranz:

“Quiero comentar aquí algo que me ha impresionado mucho y que tiene que ver con la familia y la educación. Hay en Suecia una ley de "Mejores servicios de atención a los niños"…. 

La cosa es bien sencilla: para ganar más dinero, y tener más dólares para poder comprar las cosas que anuncia la tele, es cada vez mayor el número de las mujeres quieren tener un trabajo bien remunerado. Eso no estaría mal si se hiciese compatible con llevar adelante la familia. 

Pero, paradójicamente, en estos tiempos de desempleo, los empleos han de ser cada vez más absorbentes y competitivos. Hoy, más que nunca, tener trabajo significa hoy trabajar a tiempo completo, incluso con horas extra. Al Estado eso le parece muy bien, porque así se puede quedar con una buena parte de ese dinero, pues a mayores salarios, mayores impuestos. 

Pero si esas mujeres tienen un hijo y quieren trabajar un horario normal para ganar un salario que valga la pena, tienen que encontrar a alguien que cuide del niño. 

Aquí es donde viene la ley: como hay suficiente experiencia acumulada de que hay guarderías y escuelas que funcionan mal, y las que funcionan bien suelen ser caras, el Estado -propone la ley- se encargará de montar una red de guarderías y escuelas de alta calidad, que cubra todo el territorio nacional, donde todos los niños recibirán los mismos cuidados y educación, satisfaciendo unos altos estándares mínimos de calidad, igual para todos: el mismo alimento para el cuerpo y para la mente. Uno de los requisitos esenciales de tales instituciones será la prohibición de enseñar religión, ya que no todos los padres tienen la misma fe, incluso, muchos no tienen ninguna. Y eso es lo que manda la separación de poderes. Entre los educadores 'oficiales' está bastante extendida la opinión de que la religión se la ha de escoger cada uno más adelante, cuando ya sea una persona mayor. Imponerla a los niños es condicionar su libertad y sembrar la semilla de muchas neurosis y frustraciones, en lo personal, y de violentas divisiones y fundamentalismos intolerantes, en lo social.

En realidad, piensan los nuevos ingenieros sociales, sólo el Estado es quien está de verdad capacitado para ser el papá de todos, el educador de todos. La idea que está detrás de esas guarderías y escuelas es que vamos hacia la constitución de una sola y gran familia humana, en la que la ciencia dictará qué es lo que hay que enseñar y cómo. Los hijos de los trabajadores -y todos somos trabajadores- lo aprenden todo en la nueva escuela.  La educación, toda la educación, incluida la sexual y excluida la de la religión, es monopolio del gobierno. A casa, los niños van sólo a jugar.

…La anécdota revela a mi parecer dos cosas: que la gente parece casi dispuesta a vender su propia alma para obtener ventajas materiales. Dicen los funcionarios del Estado: "Nosotros nos quedamos con tu hijo. Tú olvídate de él y dedícate a trabajar y a ganar dinero". Lo terrible es que la gente acepta, porque ya no quiere a fondo a sus hijos: no les quiere como a personas a las que hay que tomar totalmente en serio y de cuya educación nadie puede responsablemente desentenderse.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993


viernes, 16 de febrero de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (IV)

Continuamos con el primer punto indicado por el Prof Herranz en el anterior envío: el ethos contraceptivo-abortivo y sus consecuencias para la familia. Sobran elucubraciones para explicar la raíz de la baja natalidad.

El Prof Gonzalo Herranz:

La mentalidad anticonceptiva se ha consolidado en el seno de algunas sociedades tan firmemente que empiezan a manifestarse algunas consecuencias preocupantes. La llamada familia nuclear (papá, mamá y el varoncito o, cuando más, la parejita) es una manifestación del egoísmo y de la falta de alegría de vivir de la sociedad contemporánea. 

Prácticamente en ningún país de Europa se alcanza la tasa de 2 hijos por familia. Esto significa que crece el número de las familias (¿se les puede llamar familias?) que tienen un hijo solamente o que han decidido no tener hijos. ¿Por qué? Porque en la TV, el cine y las revistas se nos cuenta más o menos abiertamente como los que han decidido no tener hijos ni son menos felices, ni menos maduros, ni menos equilibrados que los que son padres. Y, además, se lo pasan muchísimo mejor. Resulta, al fin, que son más inteligentes, porque siempre podrán tenerlos, una vez que han disfrutado a tope de la vida o han culminado su carrera profesional sin el engorro de cuidarse de unos mocosos. No se dan cuenta que están poniendo las bases de una sociedad en la que, si no se corrige pronto esa tendencia egoísta, cambiarán radicalmente las relaciones humanas. En tres generaciones, resultará un cuadro de pesadilla: los niños no tendrán hermanos, ni primos hermanos. La maravillosa influencia de unos sobre otros en el ambiente familiar, esa estupenda escuela de convivencia generosa y de maduración del carácter, habrá desaparecido. Por contraste, los niños crecerán en un extraño mundo de adultos: con una expectativa de vida de ochenta años, cada niño, si la familia va bien y no se rompe en fragmentos, tendrá, además de sus padres, sólo abuelos y bisabuelos: por ningún lado habrá ni tíos ni tías. El modelo es alucinante, porque constituye una pirámide invertida, en la que el niño es el vértice, con dos padres, cuatro abuelos, y ocho bisabuelos.

La cultura contemporánea, agresivamente consumista y cerrada a lo trascendente, fomenta en nosotros hasta un extremo del que no somos conscientes, la necesidad de satisfacer de inmediato nuestros deseos y nuestras necesidades, reales o inventadas. 

El ambiente social nos está gritando: ¡No! ¡No hay futuro, no hay cielo! ¡Esta vida es la única oportunidad, y no hay otra! y nos empuja a ser profundamente egoístas. Las estadísticas demográficas lo dicen claramente: el descenso de población de algunos países avanzados denuncia con claridad que crece el número de los que piensan en serio que tener hijos es un mal negocio, casi una esclavitud, que se lleva consigo mucha libertad, bastantes posibilidades de gozar de la vida y también mucho dinero. Los hijos no le dejan a uno vivir libre ni viajar. Le cargan a uno de responsabilidades y le dejan anclado a una mujer o a un marido, pues actúan como un factor de estabilidad matrimonial, demasiado débil, muchas veces, pero real. 

Los hijos son, sobre todo para la mujer, un freno para el ascenso profesional. Criar a los niños es un engorro, con su rutina de despertares nocturnos, de llantos imprevistos, de enfermedades y de falta de sosiego en casa. Y, en un tiempo en que el divorcio es posible y fácil, se corre el riesgo de quedarse, el divorciado o la divorciada, "compuesto o compuesta y con hijos". Para la mentalidad egoísta de tantos hombres y mujeres contemporáneos nuestros, la solución es la familia artificial, es decir, la que resulta de sustituir el matrimonio genuino por los sucedáneos llamados pareja estable o unión a prueba, donde el ideal de la familia numerosa es ridiculizado, donde irá imponiéndose en amplios sectores la noción de que el número ideal de hijos es cero, donde la educación es encomendada al omnipotente Estado del bienestar.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993 

viernes, 9 de febrero de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (III)

Que la medicina se preste a la comercialización es contrario a la ética. Y que se preste, en beneficio a de una mentalidad de dominio, al servicio de crear o suprimir vidas humanas, es extremadamente grave.

El Prof. Gonzalo Herranz:

“Los dos puntos que voy a tocar pueden parecer contradictorios, pero responden, como veremos, a una única mentalidad: la mentalidad de dominio, por la que el hombre se hace dueño del destino y se autoriza a sí mismo a crear o suprimir vidas humanas. 

El primero de esos puntos es la restricción de los nacimientos por medio de la anticoncepción y el aborto. El segundo, se refiere a la producción artificial de niños.

El primero, el ethos contraceptivo-abortivo y sus consecuencias para la familia.

Empecemos por hacernos una pregunta: la mentalidad contraceptiva ¿tiene algún efecto para la estructura y la vida familiar? La respuesta es, a mi modo de ver, un rotundo Sí. 

En la Encíclica Humanae vitae, Pablo VI describe proféticamente la demoledora influencia de la mentalidad contraceptiva sobre los esposos: conviene leer esos puntos de la Encíclica de vez en cuando. Basta ver lo que pasa en nuestra sociedad contemporánea para convencernos de que cómo el ethos contraceptivo ha erosionado las relaciones entre padres e hijos, ha llenado de frivolidad las relaciones sociales, ha banalizado la infidelidad matrimonial. 

Todo empezó, como todas las cosas, con unos comienzos pequeños: cuando algunos médicos empezaron a ensayar la píldora anovulatoria y los otros medios de la moderna anticoncepción, con la idea de controlar el tamaño de la población de ciertos países -o de ciertos grupos raciales incluidos dentro de sociedades avanzadas- no sospechaban que fueran a tener sus ensayos unos efectos tan enormes sobre las familias comunes. 

Hoy, en casi todos los ambientes, incluso en los nominalmente cristianos, para la gente tener hijos no es ya cuestión de recibir los que Dios mande. En un mundo en el que muchos viven de espaldas a Dios y en el que el hombre ha alcanzado un dominio técnico de los procesos reproductivos, los hijos ya no son ni un don ni una bendición. Son algo que se programa, se planifica, se ensaya. Se tienen los hijos que se desean y a esos se los tiene cuando se los desea. 

La anticoncepción, tal como la entiende la mayor parte de la gente, no tiene nada que ver -ni técnica ni psicológicamente- con la regulación responsable de la natalidad. Tiene mucho que ver, como lo demuestra el número creciente de esterilizaciones que se practican, con el egoísmo, la fascinación del bienestar, el rendirse sin condiciones a la 'ortodoxia neo-maltusiana'. 

Hoy, para mucha gente, cada niño tiene un contravalor económico. No es el fruto de un acto de amor, de una querida y consciente participación en el poder creador de Dios, sino el resultado de solucionar con habilidad presupuestaria las antinomias que se plantean a prácticamente todos los estratos sociales en los países avanzados y a las clases medias de los pueblos en desarrollo, 'o niño o segundo coche, o niño o viaje de placer, o niño o apartamento en la playa'. El niño se ha convertido en un producto más del muestrario en que el hombre y la mujer expresan su prestigio.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993 


jueves, 1 de febrero de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (II)

La Medicina está sometida, en los últimos años, a una fuerte presión política y sociológica que concibe a la familia al margen de la realidad biológica. Muchos médicos han sucumbido a prestar servicio a la manipulación reproductiva que configura la familia artificial.

El Prof Gonzalo Herranz:

“De hecho, la familia ha cambiado: de un modo casi increíble y en muchísimos aspectos. Hay países en que el mismo derecho de familia que se aplica a la familia clásica se aplica a las uniones entre sujetos del mismo sexo; en que ya no se es padre o hijo por la cruda y fuerte verdad biológica, sino porque uno declara simplemente al Registro Civil la mentira de que es padre del niño fabricado mediante inseminación artificial por donante; en que los padres pueden rechazar a sus hijos, antes o inmediatamente después de nacer, porque consideran que no son suficientemente aceptables, deseados o sanos; donde los médicos no sólo están autorizados, sino que pueden verse obligados, a administrar anticonceptivos o a practicar abortos a quien se lo pida con suficiente energía, incluidas, y  sin conocimiento de sus los padres, las menores de edad. Lo que dicen el derecho o la sociología sobre la familia ha cambiado de modo increíble en los últimos años. 

Pero, como no soy ni jurista ni sociólogo, sino médico, voy a limitarme a considerar sólo unos pocos aspectos del problema: la artificialización de la familia que ha sido protagonizada por ciertos médicos: en concreto, los que piensan que entre los fines de la Medicina se incluyen la programación de la sociedad, la imposición de un modelo cientifista de familia. 

Hace unos años, Peter Singer y Deane Wells -él el enfant terrible del progresismo ético; ella, parlamentaria en Camberra- publicaron un libro titulado "La Revolución reproductiva. Nuevos modos de hacer niños" para contar la historia de como los médicos han jugado un papel decisivo en poner al alcance de la gente los medios para hacer la familia artificial. Apenas prestan atención al elemento más revolucionario de toda la artificialización de la familia: la contracepción, y su programación a escala masiva en China mediante la política del "hijo único". 

Pero, no sé si comprensible o paradójicamente, en el libro de Singer y Wells no se habla ni una sola vez de la familia: sólo se habla de parejas, especialmente de las infértiles. Si se menciona a los padres es a propósito de la posibilidad de clonar hijos o de su participación en la decisión de aplicar técnicas de ingeniería genética. La maternidad de la que se habla es la subrogada de las mujeres que alquilan su útero. Probablemente porque el modelo simple de fecundación in vitro podría parecer extremadamente conservador, se habla con más extensión de la fecundación in vitro 'más allá del caso sencillo', de la donación de gametos o de embriones; de la fecundación in vitro para mujeres solas o parejas lesbianas, y otras posibilidades de la moderna combinatoria.

Me referiré sólo un par de cuestiones. Pero creo que será suficiente para persuadirnos de que la familia artificial, la que, vista desde la Medicina, es resultado de ciertas manipulaciones reproductivas, no da resultado, es una no-solución, una anti-solución.” Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993 


jueves, 25 de enero de 2024

LA FAMILIA ARTIFICIAL (I)

El Prof Herranz abordará en los siguientes apartados un tema nuclear. El respeto que se tiene a la familia natural concierne directamente a la ética médica. Así, la familia no natural, la artificial, es generadora de actitudes tan éticamente injustificables como los atentados a la dignidad del embrión humano por parte de la fecundación in vitro.

El Prof Herranz

“No soy experto en ciencias de la familia. Me dedico a la Bioética. Pero el tema de la familia artificial engloba, bajo ese título, algunos de los más serios desafíos que la secularista sociedad contemporánea ha lanzado a la tradición moral cristiana.

Me limitaré a decir cosas muy sencillas, pero sobre las que conviene reflexionar, conversar y hacerse preguntas tenazmente. Se trata de asuntos muy importantes… Voy a hablar de asuntos que exigen respuesta, cuestiones a las que hay que plantar cara, que obligan a tomar posiciones. Espero que a alguno le pueda convencer de que es urgente sacudir la indiferencia de tantísima gente, y también el embobamiento en que a algunos le ha sumido la artificialización de la procreación humana y de la estructura familiar.

Porque mucha gente está como fascinada, sin reaccionar apenas, ante los cambios que ha experimentado y que sigue experimentando, cada vez más deprisa, la familia. 

Las encuestas y las investigaciones sociológicas nos dicen, con la verdad relativa que es propia de las encuestas y de los trabajos de campo de la sociología, que la familia clásica, -con padre y madre, casados por la Iglesia, con tradiciones y con valores, con hijos numerosos, donde cada uno es querido como es, tal como Dios lo hizo- es cada vez menos frecuente, hasta el punto de que se afirma que es especie amenazada de extinción. 

Son cada vez más numerosas las familias artificiales, -las de sólo Registro civil, o ni eso siquiera, las uniones que la legislación progresista llama estables, las que han dado en llamarse uniparentales, los fragmentos familiares resultantes del divorcio, los nucléolos familiares con ningún hijo; y en las que se entra, no por la puerta del contrato matrimonial, sino como resultado de un ensayo de convivencia sin compromisos de unidad, estabilidad o fidelidad; donde los hijos no son recibidos como un regalo de Dios, sino como producto de una planificación deliberada.

Más aún: a un número creciente de personas no les parece mal que eso de constituir una familia no sea ya una cuestión del amor que, poniendo a Dios por testigo, se prometen de por vida un hombre y una mujer. 

Para muchos, constituir una familia es un asunto que, con sus restricciones o permisividades, van modulando cada vez más decisivamente los parlamentarios, los jueces, los sociólogos y los médicos. Sus leyes, sus sentencias, sus estadísticas o su tecnología ejercen hoy sobre la familia una influencia tremenda, la determinan, la transforman.” (Gonzalo Herranz, Universidad Panamericana, México, D.F., 24.III 1993)

jueves, 18 de enero de 2024

Ética del diagnóstico médico (y VIII)

El criterio clínico debe valorar la necesaria indicación de las técnicas y pruebas diagnósticas. Donde el criterio diagnóstico puede prescindir de prueba o técnica diagnóstica su realización atenta contra la ética de la profesionalidad médica. 

El Prof Herranz es muy claro al respecto:

El encarnizamiento diagnóstico. Se han hecho recientemente algunos estudios de correlación entre tipología psicológica del médico y su conducta diagnóstica. 

Abunda el médico que piensa que pasarse es mejor que quedarse corto, porque se supone que el médico está obligado siempre a hacer un diagnóstico, tiene que hacerlo necesariamente. 

Piensan esos médicos que es mucho peor decir a un enfermo que está sano, que decir a un sano que está enfermo. Y, curiosamente, parece que los jueces que entienden en causas de mala práctica están de acuerdo con ellos. 

Esa estrategia del "mejor pasarse que quedarse corto", del "mejor pasarse por el lado de lo seguro que lamentarlo después", conduce a dos destinos: a diagnosticar en exceso (con el posible valor añadido de apuntarse un triunfo espectacular: curar un cáncer que nunca existió, salir con una pérdida modesta cuando parecía que se iba a perderlo todo -y, eso gracias a la pericia del médico) o sospechar por el lado peor y hacer pruebas diagnósticas, agresivas y caras, en busca de un diagnóstico que, aunque más improbable, es más espectacular.

Esas dos formas de exagerar en diagnóstico parecen formas toleradas de la variación interindividual de los médicos, dos estilos diferentes de actuación, pero deben ser censuradas desde el punto de vista ético. 

¡El hecho de disponer de una tecnología nueva no autoriza a abusar de ella! Parece a veces que nadie quiere renunciar al prestigio de "estar al día, de estar a la última". Y, menos que nadie, el paciente que quiere ser investigado con lo que es la última novedad, la última moda, de la tecnología diagnóstica, de la que ayer habló el telediario.

De todo procedimiento recientemente ofrecido por la tecnología médica es lo común carecer de pruebas convincentes y contrastadas de que su aplicación tenga un efecto positivo sobre el destino del paciente; de que se haya evaluado, y se haya encontrado que su sensibilidad, su especificidad y su eficiencia diagnóstica sean satisfactorias y superiores a otros procedimientos ya aceptados y de los que se usa abundantemente; o de que su aplicación en masa es ventajosa económicamente. Incluso, en el caso de los procedimientos invasivos se carece de pruebas convincentes de que los riesgos físicos de la prueba están suficientemente justificados por unos beneficios netos medidos en mejor atención del paciente.

Hay hospitales y departamentos donde se abusa de determinada tecnología, sin que ello se manifieste en una mejora objetiva de la calidad de cuidados.

En la ola del entusiasmo creado por una nueva prueba de laboratorio, el médico puede hacer más daño que beneficio. Es el caso de la detección de los sujetos que responden a la prueba de detección de anticuerpos contra el virus de la hepatitis C,… Desde luego, la prueba debe usarse en los sujetos de grupos de riesgo. Pero, ¿es ético emplearlas, sólo por afán de saber, en poblaciones normales o de bajo riesgo? Una tesis doctoral no vale la felicidad de algunas personas. "Jamás los intereses de la ciencia o de la sociedad pueden prevalecer sobre los de los individuos", dice por dos veces la declaración de Helsinski.

Además de ese encarnizamiento diagnóstico movido por el afán de saber, de aplicar, sin discreción y sin prudencia, se da otro, más paralelo al encarnizamiento terapéutico: el que lleva a no dejar morir a nadie sin unos cuidados intensivos diagnósticos.

La Medicina defensiva ha creado una sobredosificación de pruebas diagnósticas.” (Gonzalo Herranz, Instituto Gallego de Educación Médica, Santiago Compostela, 6 de marzo de 1990) 


miércoles, 10 de enero de 2024

Ética del diagnóstico médico (VII)

El médico para elaborar el diagnóstico debe valorar y evaluar cada prueba que solicita. Si no las somete a su crítica, no está tratando al enfermo con el respeto que merece.

El Prof Gonzalo Herranz lo explica:

El riesgo de la hipocompetencia. Cuando se pide a los médicos que den una explicación del exceso de análisis y pruebas complementarias que solicitan, responden que tal conducta está motivada por varios factores: 

-uno, es el deseo de no omitir la obtención de cualquier dato potencialmente significativo y mostrar que nada ha escapado a las sospechas de su mente despierta; 
-otro, el de prevenir el riesgo de que, por carecer de algún dato, se retrase el diagnóstico del enfermo y se alargue la estancia de éste en el hospital…

Esas circunstancias tienden a crear una mentalidad ofuscada. Se termina por pensar que, si es bueno que el diagnóstico se base y se consolide sobre los datos de laboratorio o de exámenes complementarios, cuantos más datos se obtengan, tanto mejor será el diagnóstico. Es esa una mentalidad ciega a una parte importante de la realidad: el elevado costo de esos exámenes y su escaso rendimiento.

En la bibliografía hay muchos trabajos dedicados a mostrar cuán extensa e intensa es la ignorancia de los médicos acerca del costo de las pruebas diagnósticas. 

Pero lo grave del asunto es que la conducta de muchos médicos no se modifica, o lo hace sólo de modo transitorio, cuando se les informa de esos costos, y de que la idea de que costo elevado y calidad son inseparables es una falacia. 

Sólo muy lentamente va entrando en la conciencia de los médicos lo que Donabedian ha designado como el "principio de parsimonia", es decir, que el exceso de prescripción diagnóstica, aun cuando fuera inocuo, es una manifestación de descuido, de falta de juicio o ignorancia, que dilapida recursos disponibles, siempre insuficientes. Además, los análisis y exámenes superfluos no son siempre inocuos, pues comportan a veces riesgos innecesarios, causan efectos colaterales de importancia y reducen la calidad general de los cuidados médicos…

El médico tiene que conocer cuáles son las variaciones de los parámetros analíticos que son significativas y que justifican una decisión clínica. Eso implica que han de procurar distinguir la paja de los cambios debidos a la variabilidad analítica o individual, del trigo de las diferencias verdaderamente críticas.

Al hablar de este tema con unos médicos residentes, me decía uno de ellos que poner las cosas así era congelar la Medicina, ponerla a nivel de algo fríamente matemático. Le recordé que en absoluto se trataba de tal cosa. La preocupación del médico por lo humano comienza siempre con la corrección científica de sus decisiones y acciones: ese es el primer deber de humanidad. Y le animé a que, en su trabajo, no olvidara que la Medicina nunca podrá ser demasiado científica ni demasiado humana. Para ser una de ambas cosas necesita ser la otra en el máximo grado. La amenaza viene siempre de esa forma de la pereza que es la “hipocompetencia”, de no esforzarse por estar a la altura en lo humano y en lo científico de la Medicina.” (Gonzalo Herranz, Instituto Gallego de Educación Médica, Santiago Compostela, 6 de marzo de 1990) 

viernes, 5 de enero de 2024

Ética del diagnóstico médico (VI)

Los diagnósticos clínicos exigen que estén fundados con rigor intelectual. Si se confeccionan sin la necesaria inteligencia clínica, a través de una desordenada e improvisada demanda de pruebas, inducirá al empobrecimiento intelectual en el médico, que inexorablemente le aboca a una pérdida de calidad ética en su trabajo profesional.

Lo explica con claridad el Prof Gonzalo Herranz: 

“Muchas veces, el médico se ve obligado a despachar de cualquier modo su desproporcionada carga laboral. Y corre entonces el riesgo de exhibir una conducta paradójica: en vez de ofrecer a sus pacientes un diagnóstico sólidamente sustanciado, les administra, como placebo para aliviar su ansiedad o como entretenimiento para distraer su arrogante exigencia de atención, una lista de exploraciones complementarias y de pruebas de laboratorio.

Ya no se plantea con la frecuencia de antes la excitante tarea de completar y sopesar los datos del problema y elaborar un diagnóstico diferencial, la actividad intelectual más elevada de la práctica médica

Se ha producido, en la tarea diarias de muchos médicos de hoy, una dilución de la inteligencia, que se trata de compensar mediante un abuso de tecnología.

Tomemos un ejemplo para ilustrar lo que estoy diciendo y que describe, a su modo, un fenómeno común: como la dependencia excesiva de la tecnología provoca una retracción de la inteligencia. En un artículo reciente de Chest, se habla de cuánto se abusa de la broncoscopia. "Para establecer la necesidad de la broncoscopia, es esencial tener en cuenta la circunstancia epidemiológica, la historia y la exploración física. Donde el recurso abusivo a la TAC o a la resonancia magnética está causando una atrofia de la habilidad diagnóstica basada en la historia y la exploración física, es donde justamente aumenta el número de las broncoscopias mal indicadas... Hoy, cuando un diagnóstico presenta algunas dudas, los médicos se sienten más inclinados a emplear costosas y molestas técnicas endoscópicas o de diagnóstico por imagen, en vez de volver a la cabecera del enfermo y escuchar de labios de éste algo más acerca del comienzo y de la evolución de la enfermedad".

Es una descripción bastante realista de lo que está pasando. Parece que muchos médicos se han vuelto agnósticos acerca del valor de la anamnesis y dudan de que la exploración física sirva para mucho. 

El abandono de esa antigua convicción está haciendo la Medicina más cara y está sustituyendo el uso de la inteligencia por el ritual de rellenar impresos de petición de pruebas de laboratorio y de exploraciones de vanguardia. 

Es necesario recuperar de lo clásico el uso inteligente de los recursos diagnósticos, que es conducta a la vez más divertida y compatible con una alta calidad de cuidados. Además, el abandono de la inteligencia no sólo causa una pérdida notable de recursos económicos: hace también perder diagnósticos, atrofia la competencia profesional, es de calidad ética inferior.” (Gonzalo Herranz, Instituto Gallego de Educación Médica, Santiago Compostela, 6 de marzo de 1990)