Cuestión: Algunos profesionales de la Medicina opinan que no es necesario esperar a la muerte del paciente para la extracción de los órganos. Estos autores proponen la extracción de órganos vitales de pacientes que hayan expresado su deseo de donarlos en el caso de llegar a una situación de inconsciencia permanente.
Respuesta del prof. Herranz: “Esta es una manifestación más de la mentalidad pragmatista, de la pasión por la eficacia de muchos médicos, sobre todo en Estados Unidos, que nos puede jugar una mala pasada.
No cabe duda de que la calidad de los órganos procedentes de donante vivo es superior a la de los órganos procedentes de cadáver. Pero nunca se puede olvidar que una cosa es la donación ex vivo, y otra totalmente diferente es la donación post-mortem. Entre ellas existe una diferencia insalvable, tanto ética como jurídica.
La donación post-mortem exige, por definición, la muerte comprobada del donante. La muerte del donante es un requisito absoluto, innegociable. Entre los médicos que asisten al paciente vivo hasta el momento en que muere y los que forman parte del equipo de obtención de órganos hay una frontera ética, un muro que no se puede traspasar por ningún título. Se comprueban los indicadores de muerte y, en el acto, la frontera desaparece. Pero mientras no acaece y se comprueba la muerte, a un lado de esa frontera se atiende a un paciente hasta el final; al otro, pueden hacerse todos los preparativos burocráticos, éticos, humanos que sean necesarios, e incluso se puede preparar al receptor. Pero los equipos médicos que atienden al paciente vivo y los que han de obtener los órganos del cadáver han de permanecer separados: unos atendiendo al paciente; los otros a la espera de que sus colegas les entreguen al paciente muerto.
Un paciente no puede autorizar que se le extraigan los órganos antes de morir. Mientras esté vivo, ningún médico le podrá extraer ningún órgano: sería una agresión criminal. Donar en esas condiciones equivaldría a autorizar el propio homicidio, una figura social y jurídica muy difícil de imaginar. Obtener órganos de un paciente vivo, aunque en coma, es un crimen.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015, p 201-202

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