viernes, 16 de enero de 2026

Donación de órganos y ética médica (V)

Consentir, en principio, en la propia donación post-mortem es algo que puede significar una actitud básica de generosidad.  

Cuestión: ¿Sería deseable legislar a favor de la presunción de donación general de la población?

Respuesta del Prof. Herranz: “Personalmente estoy a favor de que la ley declare que se presupone que todos están dispuestos a donar, y que el que quiera abstenerse de la donación post-mortem debe inscribirse en el correspondiente registro. 

Me parece que este planteamiento nada tiene que ver con una expropiación por parte del Estado de las vísceras de sus ciudadanos. Es, más bien, una norma que tiene en cuenta y reconoce dos aspectos básicos de la humanidad: de una parte, que los seres humanos que componen una sociedad son solidarios, dispuestos, en principio, a ayudar a los necesitados; de otra, que somos libres y un tanto descuidados, por lo que nos viene bien una ayuda para vencer la pereza. Una ley de consentimiento presunto puede no agradar a los defensores extremosos de la autonomía individual, pero es una muestra práctica de que no somos una sociedad de extraños morales, sino que nos interesamos los unos por los otros, estamos dispuestos a echarnos una mano.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015, p 201


domingo, 11 de enero de 2026

Donación de órganos y ética médica (IV)

En medicina, los protocolos tienen un valor relativo, como se demuestra a la hora de definir con exactitud lo que puede acontecer en el cadáver con encéfalo muerto. 

Cuestión: Una de las críticas más vivas a este criterio de muerte es si realmente el encéfalo es el órgano integrador de las funciones del organismo.

Respuesta del Prof Herranz: “Los criterios para equiparar el encéfalo con el órgano integrador de las funciones del organismo, me parece que necesitan ser refinados. 

Lo digo por mi experiencia directa. Hace años, estudié bastante a fondo la problemática fisiopatológica y ética del apoyo vital a la mujer gestante con muerte cerebral. Ese apoyo vital a las mujeres gestantes con muerte encefálica muestra que, más allá de la autolisis del tejido encefálico, se mantiene de algún modo la integración de las funciones vitales del organismo materno. 

Es decir, toda la complejidad fisiológica de la gestación se mantiene en presencia de un encéfalo muerto de varias semanas. Se puede sospechar que gracias a mediadores químicos liberados por la placenta, y con la ayuda de la asistencia vital externa, se mantiene en activo un grado suficiente de función. El cuerpo de la madre funciona a modo de incubadora de altísima precisión, dotada de eficientes servosistemas. Cuando se practica la autopsia a estas mujeres, se encuentra que el cerebro se ha convertido en una masa amorfa, necrótica, que fluye de la cavidad craneal. 

No existe duda de que la asistencia vital en el paciente con muerte encefálica puede mantener una fisiología compleja, unas funciones con un grado de integración llamativo. Por todo esto, me parece que es necesario no dar por terminada la discusión. Debemos seguir investigando y estudiando qué es lo que puede ocurrir en el cadáver con encéfalo muerto cuando recibe apoyo vital.  En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015, p 199-200

sábado, 3 de enero de 2026

Donación de órganos y ética médica (III)

En el diagnóstico de muerte los criterios científicos que aportan luz para su definición son siempre una ayuda con tal que se evite el excesivo énfasis y viveza.  

Cuestión: Algunos autores son escépticos sobre el criterio de muerte encefálica. Sostienen que en el cerebro de algunos pacientes diagnosticados de muerte encefálica se conserva, no solo cierta actividad residual, sino auténticas funciones. 

Respuesta del Prof. Herranz: “No quiero aludir aquí a la postura de algunos médicos, filósofos y teólogos para quienes es inválido el concepto de muerte encefálica como marcador de la muerte del individuo, o que rechazan la validez de los criterios clínicos para diagnosticar el cese irreversible de la función encefálica. No comparto la alarma que ellos manifiestan de vez en cuando, en ocasiones con una viveza excesiva. Sin embargo, a pesar de no compartir sus ideas, pienso que no deberían abandonar sus críticas. Es más, deberían ir afinándolas, depurándolas, privándolas del carácter combativo de que suelen revestirlas, e ir destilando lo que de sensato pueda haber en ellas. Porque así ayudarán a comprender cada vez mejor el problema, a redactarlo en términos cada vez más correctos, a que no se deje de indagar sobre los factores fisiopatológicos que siguen operando más o menos integradamente en el aparente cadáver, a pesar de la destrucción del encéfalo.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015