Este blog persigue favorecer la Formación Continuada en Medicina. Su contenido principal es la Ética Médica siguiendo el magisterio del Prof. Gonzalo Herranz (1931-2021), que fue: Vicepresidente de la Comisión de Ética del Comité Permanente de la Comunidad Europea; Miembro del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO y Experto ante el Parlamento Europeo, e impartió docencia en numerosas universidades.
martes, 13 de septiembre de 2022
Madre Teresa de Calcuta defensora de la auténtica libertad de la mujer embarazada
viernes, 9 de septiembre de 2022
El valor de los Comités de Bioética (y IV)
Claramente lo expresa el Prof Herranz:
“¿Cuál será el futuro de los Comités?... Los Comités, como toda empresa humana, pueden tener sus fallos y, de hecho, los han tenido y en abundancia.
Pero es mi impresión que a los científicos, de la variedad cientifista, necesitan que alguien les recuerde, con inteligencia y con obstinación, lo que Max Planck dijo acerca de los límites éticos de la indagación científica: “Alegrarnos ante lo investigable e inclinarnos reverentemente ante lo que no se debe investigar”.
Los científicos de hoy necesitan que alguien les recuerde que la ciencia tiene unos límites éticos, que la ciencia no lo es todo ni, como ellos pretenden, lo explica todo.
Necesitan que alguien, con mucha sencillez, les recuerde que el cientifismo es una herejía humana que sólo admite la existencia de cosas como las moléculas, genes, mecanismos, técnicas, enfermedades, pero que es ciego a algunos hechos y valores humanos básicos: que el paciente y su enfermedad, su cuerpo y sus órganos son indisociables; que los genes humanos están en las personas, no en los tubos de ensayo o en un vacío existencial que niega lo antropológico, lo personal, lo familiar, lo social y lo ético; que un embrión humano, incluido un embrión humano clonado, no es un mero complejo molecular o un curioso artificio celular, sino un ser humano, con un destino humano, plenamente abierto al futuro y repleto de dignidad humana.
Lo hecho hasta ahora por los Comités de Bioética es, como tantas cosas verdaderamente humanas, una mezcla de aciertos y pifias, de sabiduría y de debilidad, de valientes actos de fe y de astutas concesiones políticas.
Su futuro es incierto. Pero han de continuar. Siempre tendrá que haber muchas voces que recuerden a la humanidad que, para seguir siendo humana, no le basta la ciencia, sino que necesita la sabiduría, una sabiduría que afirme ante la tentación reduccionista, en palabras de Juan Pablo II en su Encíclica Redemptor hominis “la prioridad de la ética sobre la técnica, el primado de la persona sobre las cosas, la superioridad del espíritu sobre la materia”. Gonzalo Herranz, “La Bioética, asunto público: presente y futuro de los Comités Internacionales y Nacionales de Bioética”, conferencia en el Congreso Internacional de Bioética. Universidad de La Sabana, 1997.
jueves, 1 de septiembre de 2022
El valor de los Comités de Bioética (III)
Seguimos valorando de manos del Prof Herranz la naturaleza auténtica de los Comités de bioética. Es fundamental que en dichos comités se respire libertad. Libertad expresada en la calidad y consistencia científica con que se elaboran sus argumentos. Sin esa libertad los comités serán comités decorativos o de paja, más conocidos como “comités políticos”.
El Prof Herranz, así se expresa:
“Aunque no fuera por otra cosa, los Comités de rango nacional e internacional deben existir para ser plataformas en las suenen las voces de hombres de buena voluntad. Nunca debería estar ausente en ellos la voz de la ética cristiana con su formidable fuerza vivificadora. Su exclusión sectaria significaría un empobrecimiento irreparable del valor de esos Comités.
…Un rasgo prácticamente universal es su carácter consultivo, asesor. Se arguye razonablemente que por ser comités de ética no pueden ser instituciones prescriptivas. Puesto que la ética no se puede imponer por la fuerza, los comités nunca podrán constituir un “poder” fáctico.
Su fuerza está en su autoridad y ascendencia moral, en la objetividad con que los datos son expuestos, la ecuanimidad con que los argumentos son resumidos, y la consistencia y fuerza persuasiva de las conclusiones que propone.
Los comités nacionales pueden hacer recomendaciones, pero se abstendrán de preparar borradores de nuevas legislaciones. No han de llegar necesariamente a un consenso: eso debe dejarse muchas veces a las negociaciones, pragmáticas e inevitablemente abiertas al compromiso, de los políticos.
Un extremo importante es el que se refiere al régimen de tutela, pues de él depende la mayor o menor autonomía e independencia del comité. Nunca la autoridad que acoge al comité debería someterlo a una situación de dependencia, económica y burocrática, que pudiera limitar la libertad de indagación o la independencia de funcionamiento.
Sobre todo, debe concederse a los comités la libertad de dar a conocer sus estudios, conclusiones y recomendaciones: cuando actúan como conciencia de la sociedad, como abogados de la dignidad y la justicia dentro del terreno que les ha sido asignado, su voz debe ser escuchada por todos, incluidos quienes los han creado.
…Es rasgo propio de todo comité nacional aspirar a ser un lugar de convergencia de las diferentes tendencias ideológicas que circulan por la sociedad y los diferentes enfoques que, desde las distintas ramas, humanísticas o biomédicas, de la ciencia, ofrecen versiones y soluciones complementarias de los problemas que se estudian. Es decir, por definición, los Comités han de ser ideológicamente pluralistas y científicamente pluridisciplinarios...” Gonzalo Herranz, “La Bioética, asunto público: presente y futuro de los Comités Internacionales y Nacionales de Bioética”, conferencia en el Congreso Internacional de Bioética. Universidad de La Sabana, 1997.
miércoles, 24 de agosto de 2022
El valor de los Comités de Bioética (II)
El carácter esencialmente consultivo de los comités éticos les impide, también, éticamente arrogándose un poder vinculante del que carecen. Sustancialmente, a los comités se les pide que ponderen, deliberen y emitan las posibles soluciones que provengan de un profundo estudio. Como expresó el Prof Herranz, en el envío anterior, esa condición básica de que emitan sus distintas soluciones basadas en un profundo estudio invalida, de raíz, a los “comités decorativos o de paja (políticos)”.
El Prof Gonzalo Herranz:
“La grandeza y la debilidad de los comités de bioética radica justamente en su carácter consultivo… Pero nunca pueden imponer sus decisiones o, de algún modo, imponerlas como vinculantes…
…hay cuestiones tan cargadas de tensión moral -cual es el caso, por ejemplo, del estatuto del embrión humano, del aborto, de la reproducción médicamente asistida o de la suspensión de la atención al paciente terminal- para las que no se vislumbra la posibilidad de un futuro de acuerdo y concordia. Es precisamente entonces el momento de que los propios Comités levanten acta del hecho, duro y duradero, de la diversidad ética de la sociedad. No cabría entonces imponer como pacto final una solución que fuera meramente mayoritaria: es obligado entonces aceptar los votos de disenso, respetar las minorías éticas y convivir pacíficamente en el desacuerdo educado, crear las condiciones de respeto a la libertad de cada uno.
El pluralismo cultural, es decir, la convivencia y cooperación, dentro de los comités, de personas de formación académica dispar, de procedencia geográfica y social diversa, de adscripción política, filosófica o religiosa diferente, supone un enriquecimiento irrenunciable.
Creo que uno de los mayores peligros que acechan a la bioética hoy no es tanto el legítimo pluralismo ético, sino el reduccionismo operativo, la visión unilateral que reduce la realidad a lo abstracto, la visión meramente cientifista como ideología totalitaria, que proclama que la ciencia es la única fuente, fiable y universal, del conocimiento, que la realidad se reduce a la interpretación positiva y objetiva que la ciencia da del mundo y del hombre. Para contrapesar la enorme fuerza atractiva del cientifismo como ideología, se necesitan en los Comités gentes no dominadas por el paradigma tecnológico-manipulativo. Sin ellas, se perdería el componente verdaderamente humano de los conflictos planteados por el progreso, y se caería en el riesgo de reducir al hombre bioético a mera etiqueta diagnóstica, a constelación de genes, o a complejos moleculares…” Gonzalo Herranz, “La Bioética, asunto público: presente y futuro de los Comités Internacionales y Nacionales de Bioética”, conferencia en el Congreso Internacional de Bioética. Universidad de La Sabana, 1997.
viernes, 19 de agosto de 2022
El valor de los Comités de Bioética (I)
En los momentos actuales, y para no dejarnos llevar de engaños, es tan necesaria como útil esta valoración que realiza el Prof Gonzalo Herranz sobre el valor de los Comités de Bioética.
Así se expresa el Prof Herranz:
“…Los Comités son una respuesta a la necesidad, tan humana, que todos sentimos de consultar unos con otros las cuestiones graves. Y, en concreto, consultar sobre materia ética es un signo de madurez moral. La formación del juicio y la toma de decisiones en bioética, por lo que la materia tiene de nuevo y de importante, es algo que invita, ya a nivel personal, a buscar la conversación y el consejo de otros. Se ponen así en común, horizontalmente, dudas y datos, perplejidades y soluciones. Uno consigue así protegerse del vértigo de bucear en solitario problemas nuevos. En particular, la consulta con otros libera de sesgos y miopías: nos hace oír voces diferentes y abrirnos a perspectivas no sospechadas.
...En la historia general de los comités, como en la de todo lo humano, se entremezclan la eficacia y la futilidad, la magnanimidad y el oportunismo. Según sean sus líderes y sus miembros, puede un Comité adquirir una autoridad incontestable o puede vegetar en la trivialidad. No podemos olvidar que los Comités públicos, incluidos los de Bioética, son hechura de alguna autoridad. Según sea la actitud, respetuosa o dominante, que hacia el Comité ella manifieste, éste puede ser un organismo vigoroso, original e independiente, o un títere, servil y manipulado. La autoridad que lo crea puede tenerlo en un puño y someterlo a influencias de poder que limitan su libertad. Puede también debilitarlo mediante una lenta asfixia económica e impedirle ejercer su función principal de ser una conciencia ética.
La tipología y el carácter de los comités es variadísima. L Walters ha hecho un inventario de los tipos y roles que los sociólogos han asignado a los comités, en función de su dependencia-independencia, que voy a resumir tomándome amplias libertades. Se dan, en un extremo, los comités decorativos, creados para desempeñar una función meramente ornamental: formados por hombres de paja, sirven para dar una apariencia de dignidad o imparcialidad a las normas de la política oficial ya decididas. No muy lejos de ellos, están los comités kamikaze, que se nombran para salvar, con su sacrificio, el desgaste político de la autoridad que los erige: están ahí para retrasar una decisión comprometedora o para recomendar decisiones impopulares. Los comités plataforma tienen un cometido más noble: son creados para servir de foro al pluralismo ético, para constituirse ellos mismos en inventario de la diversidad social y para actuar, de ese modo, como escaparate de ideas e intereses diferentes y encontrados. Hay también, felizmente, comités-comités, eficaces, competentes, que buscan y sistematizan la información, diseñan y evalúan las diferentes soluciones aplicables, ofrecen las bases sobre las que puedan tomarse decisiones. Se trata de comités, en fin, que ejercen una eficaz tarea de educación del público, y que son capaces de ganar para las sugerencias y recomendaciones que proponen el apoyo inteligente de la sociedad.” Gonzalo Herranz, “La Bioética, asunto público: presente y futuro de los Comités Internacionales y Nacionales de Bioética”, conferencia en el Congreso Internacional de Bioética. Universidad de La Sabana, 1997.
martes, 16 de agosto de 2022
El “idioma” del paciente
El quehacer médico tiene como principal misión saber interpretar con corrección el “idioma” que habla el paciente. Ese “idioma” el enfermo lo empieza a manifestar con la expresión de sus síntomas y también a través de la exploración. Esas son las dos formas iniciales con las que el enfermo desea “explicar” sus dolencias, y que el médico debe saber traducir en un elenco de posibles patologías. Dos formas, por cierto, primordiales insustituibles de expresión del enfermo que están en las antípodas de la llamada “medicina telemática”.
miércoles, 3 de agosto de 2022
El valor sagrado de la vida humana
A este propósito se expresa el Dr Gonzalo Herranz:
“Frente al efecto perturbador del reduccionismo cientifista… se puede decir que la vida humana es sagrada, preciosa, llena de dignidad. Precisamente por eso, nos conviene de vez en cuando escapar por un momento a la influencia avasalladora del cientifismo reduccionista, un sarampión que suele atacar a los científicos, tanto a los bisoños como a los ya talludos, que les lleva muchas veces a mirar a la ética por encima del hombro. Nos vendrá bien asomarnos a un mirador más panorámico sobre la vida humana.
Nos puede venir bien dirigir por un momento la mirada al hombre vivo más sencillo: al embrión humano. Para una mente sana, allí hay un ser humano, todo lo vulnerable que se quiera, pero tan humano como lo fuimos cada uno de nosotros cuando empezamos a vivir. Para una mente entrenada en un biologismo fuerte, el embrión joven es simplemente un “acúmulo de células”. Y si se ha formado en un laboratorio de biología molecular, prefiere definirlo como una aglomeración de macromoléculas, tan interesante y compleja que descifrar su estructura y relaciones es tarea a la que merece la pena dedicar toda la carrera de investigador.
Pero esa mente imbuida de mecanicismo no es capaz de ver más allá y pasa ciega ante la cuestión fundamental de que aquello, además de ser moléculas y células, es un ser humano, llamado a desplegar una vida, a realizar un destino. Reducirlo a acúmulo celular, a aglomeración molecular, a mecanismos e interacciones es robarle la humanidad al embrión. Y también quitarle la vida, pues el paradigma mecanicista, como afirma Grene, pretende que sólo lo no-vivo es real porque admite sólo las explicaciones formuladas en términos de moléculas y mecanismos, que son cosas muertas, mecánicas. Lo vivo sólo es entendido entonces mediante categorías no-vivas, la biología se convierte así en una tanatología” Gonzalo Herranz, Bases culturales y antropológicas de la Enseñanza en la Universidad Curso de Doctorado 2002-2003, Escuela Superior de Ingenieros Industriales de San Sebastián.





