Respuesta del Prof. Herranz: “En el Código no hay letra pequeña. Ciertamente hay ética de grandes problemas, que se presentan excepcionalmente; pero, sobre todo, hay mucha ética de la relación ordinaria y cotidiana médico-paciente.
En esa relación no hay nada trivial. El hecho de la enfermedad da importancia a todos los elementos que entran a formar parte de esa relación. Yo diría que, en cierto modo, la deontología anula la rutina, en el sentido de lo que pueda haber de trivialidad, de prescindible, de cosa hecha, por decirlo así a niveles subcorticales de conciencia.
La ética médica no necesita solemnidad, pero sí necesita seriedad. Obliga a no olvidar lo humano, lo peculiar y característico de cada persona, que se presenta como un enfermo. La medicina no ha sido nunca ni es salud pública; es relación singular entre dos personas, el médico y el paciente. Eso hace que la medicina se haga muy a ras de tierra, muy contextualizada, muy teniendo en cuenta todas las circunstancias personales, temporales, ambientales; y eso mete muchísima ética en la relación interpersonal médico-paciente.
La vida del médico debería estar tensada por la deontología; y la deontología es un campo de deberes: hay un deber de estudio, un deber de diligencia, un deber de respeto, pero no por la humanidad en general, sino por la humanidad concreta de este paciente que está delante del médico en ese momento... "en cualquier tiempo y lugar, en tiempo de paz y en tiempo de guerra", señala el artículo uno del Código de Ética Médica para Europa al definir la ética como un elemento esencial de la vocación médica. En tiempos de crisis económica (como la actual) y en tiempos de bonanza sigue habiendo una ética médica, que ha de vivirse, aplicarse y evaluarse para cada momento y circunstancia; no por relativismo, sino precisamente porque tiene una serie de valores permanentes que han de aplicarse a las circunstancias reales. Creo que ese realismo de la ética, que tiene que ver con la actuación diaria del médico, es un factor muy importante de enriquecimiento; porque la dignidad del enfermo ha de mantener éticamente despierto al médico siempre, recordándole esos aspectos fundamentales.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Prof. Gonzalo Herranz. José María Pardo. EUNSA, 2015, p 224-225.

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