viernes, 30 de enero de 2026

Donación de órganos y ética médica (VII)

Los trasplantes deben ser realizados con la requerida certeza y ponderada indicación clínica que presenta el paciente, conjugando siempre la prudencia.  

Cuestión: ¿Resultaría lícito desde el punto de vista ético el trasplante de aquellos órganos estructuralmente ligados al pensamiento y a la identidad biológico-procreativa de la persona, como por ejemplo el cerebro y los órganos sexuales? 

Respuesta del Prof. Herranz: "En ética médica, y en la vida en general, es muy importante y decisivo reconocer los límites. El reconocimiento de los límites es parte de una visión bioética sana. 

En la cuestión de los trasplantes, hay un límite personal. De un lado, reconocer que la vida del ser humano es finita, limitada, puede ayudar a protegerle de la tentación no solo de la inmortalidad, sino de esa mentalidad tenaz, persistente de aferrarse a la vida, de sobrevivir a toda costa. Esto se da por ejemplo en el caso de los re-trasplantes. ¿Cuántos trasplantes puede recibir un mismo y único receptor? Se van dando casos, sobre todo en niños, en que el fracaso de un trasplante renal obliga a ir a un segundo, a un tercero, y cuando éste falla —y ya se ha deteriorado el corazón- se realiza un trasplante mixto de corazón y de riñón. Realmente la vida de un individuo tiene un valor inapreciable, pero es necesario conocer que tiene un límite. Las listas de espera son listas ligadas a una mortalidad muy fuerte. En el mundo, en la lista de espera, no sólo está ese niño; hay muchos otros niños. La cuestión del re-trasplante es ciertamente un problema, en el que a veces las influencias económicas y el mismo atractivo que puede tener para los equipos médicos (ver cuál es el límite del re-trasplante) es una cuestión que puede impurificar los motivos de una redistribución justa, equitativa y sin prejuicios de los escasos órganos disponibles. 

De otra parte, junto al límite personal que acabo de señalar, hay también un límite en lo que respecta a la naturaleza o a la significación simbólica del órgano que se trasplanta. Hay órganos tan ligados a la identidad personal que, desde el punto de vista del donante, son moralmente intransferibles; desde el punto de vista del receptor, moralmente inaceptables. Hay órganos que no pueden tener el carácter de repuestos, de accesorios, que pueden cambiarse. Son órganos que gozan de un estatuto y protección especial, por esa firmísima, inalienable, soldadura que tienen con la persona. Son, de un lado, el cerebro; de otros, las gónadas (no tanto los órganos sexuales). Estas transmiten la herencia y, hasta cierto punto, van a contribuir a la identidad personal de la descendencia.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015, p 202-204


sábado, 24 de enero de 2026

Donación de órganos y ética médica (VI)

Obtener órganos del paciente adelantándose al diagnóstico de su muerte es, sin excepción, programar un asesinato.

Cuestión: Algunos profesionales de la Medicina opinan que no es necesario esperar a la muerte del paciente para la extracción de los órganos. Estos autores proponen la extracción de órganos vitales de pacientes que hayan expresado su deseo de donarlos en el caso de llegar a una situación de inconsciencia permanente. 

Respuesta del prof. Herranz: “Esta es una manifestación más de la mentalidad pragmatista, de la pasión por la eficacia de muchos médicos, sobre todo en Estados Unidos, que nos puede jugar una mala pasada.

No cabe duda de que la calidad de los órganos procedentes de donante vivo es superior a la de los órganos procedentes de cadáver. Pero nunca se puede olvidar que una cosa es la donación ex vivo, y otra totalmente diferente es la donación post-mortem. Entre ellas existe una diferencia insalvable, tanto ética como jurídica. 

La donación post-mortem exige, por definición, la muerte comprobada del donante. La muerte del donante es un requisito absoluto, innegociable. Entre los médicos que asisten al paciente vivo hasta el momento en que muere y los que forman parte del equipo de obtención de órganos hay una frontera ética, un muro que no se puede traspasar por ningún título. Se comprueban los indicadores de muerte y, en el acto, la frontera desaparece. Pero mientras no acaece y se comprueba la muerte, a un lado de esa frontera se atiende a un paciente hasta el final; al otro, pueden hacerse todos los preparativos burocráticos, éticos, humanos que sean necesarios, e incluso se puede preparar al receptor. Pero los equipos médicos que atienden al paciente vivo y los que han de obtener los órganos del cadáver han de permanecer separados: unos atendiendo al paciente; los otros a la espera de que sus colegas les entreguen al paciente muerto. 

Un paciente no puede autorizar que se le extraigan los órganos antes de morir. Mientras esté vivo, ningún médico le podrá extraer ningún órgano: sería una agresión criminal. Donar en esas condiciones equivaldría a autorizar el propio homicidio, una figura social y jurídica muy difícil de imaginar. Obtener órganos de un paciente vivo, aunque en coma, es un crimen.”  En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015, p 201-202  


viernes, 16 de enero de 2026

Donación de órganos y ética médica (V)

Consentir, en principio, en la propia donación post-mortem es algo que puede significar una actitud básica de generosidad.  

Cuestión: ¿Sería deseable legislar a favor de la presunción de donación general de la población?

Respuesta del Prof. Herranz: “Personalmente estoy a favor de que la ley declare que se presupone que todos están dispuestos a donar, y que el que quiera abstenerse de la donación post-mortem debe inscribirse en el correspondiente registro. 

Me parece que este planteamiento nada tiene que ver con una expropiación por parte del Estado de las vísceras de sus ciudadanos. Es, más bien, una norma que tiene en cuenta y reconoce dos aspectos básicos de la humanidad: de una parte, que los seres humanos que componen una sociedad son solidarios, dispuestos, en principio, a ayudar a los necesitados; de otra, que somos libres y un tanto descuidados, por lo que nos viene bien una ayuda para vencer la pereza. Una ley de consentimiento presunto puede no agradar a los defensores extremosos de la autonomía individual, pero es una muestra práctica de que no somos una sociedad de extraños morales, sino que nos interesamos los unos por los otros, estamos dispuestos a echarnos una mano.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015, p 201


domingo, 11 de enero de 2026

Donación de órganos y ética médica (IV)

En medicina, los protocolos tienen un valor relativo, como se demuestra a la hora de definir con exactitud lo que puede acontecer en el cadáver con encéfalo muerto. 

Cuestión: Una de las críticas más vivas a este criterio de muerte es si realmente el encéfalo es el órgano integrador de las funciones del organismo.

Respuesta del Prof Herranz: “Los criterios para equiparar el encéfalo con el órgano integrador de las funciones del organismo, me parece que necesitan ser refinados. 

Lo digo por mi experiencia directa. Hace años, estudié bastante a fondo la problemática fisiopatológica y ética del apoyo vital a la mujer gestante con muerte cerebral. Ese apoyo vital a las mujeres gestantes con muerte encefálica muestra que, más allá de la autolisis del tejido encefálico, se mantiene de algún modo la integración de las funciones vitales del organismo materno. 

Es decir, toda la complejidad fisiológica de la gestación se mantiene en presencia de un encéfalo muerto de varias semanas. Se puede sospechar que gracias a mediadores químicos liberados por la placenta, y con la ayuda de la asistencia vital externa, se mantiene en activo un grado suficiente de función. El cuerpo de la madre funciona a modo de incubadora de altísima precisión, dotada de eficientes servosistemas. Cuando se practica la autopsia a estas mujeres, se encuentra que el cerebro se ha convertido en una masa amorfa, necrótica, que fluye de la cavidad craneal. 

No existe duda de que la asistencia vital en el paciente con muerte encefálica puede mantener una fisiología compleja, unas funciones con un grado de integración llamativo. Por todo esto, me parece que es necesario no dar por terminada la discusión. Debemos seguir investigando y estudiando qué es lo que puede ocurrir en el cadáver con encéfalo muerto cuando recibe apoyo vital.  En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015, p 199-200

sábado, 3 de enero de 2026

Donación de órganos y ética médica (III)

En el diagnóstico de muerte los criterios científicos que aportan luz para su definición son siempre una ayuda con tal que se evite el excesivo énfasis y viveza.  

Cuestión: Algunos autores son escépticos sobre el criterio de muerte encefálica. Sostienen que en el cerebro de algunos pacientes diagnosticados de muerte encefálica se conserva, no solo cierta actividad residual, sino auténticas funciones. 

Respuesta del Prof. Herranz: “No quiero aludir aquí a la postura de algunos médicos, filósofos y teólogos para quienes es inválido el concepto de muerte encefálica como marcador de la muerte del individuo, o que rechazan la validez de los criterios clínicos para diagnosticar el cese irreversible de la función encefálica. No comparto la alarma que ellos manifiestan de vez en cuando, en ocasiones con una viveza excesiva. Sin embargo, a pesar de no compartir sus ideas, pienso que no deberían abandonar sus críticas. Es más, deberían ir afinándolas, depurándolas, privándolas del carácter combativo de que suelen revestirlas, e ir destilando lo que de sensato pueda haber en ellas. Porque así ayudarán a comprender cada vez mejor el problema, a redactarlo en términos cada vez más correctos, a que no se deje de indagar sobre los factores fisiopatológicos que siguen operando más o menos integradamente en el aparente cadáver, a pesar de la destrucción del encéfalo.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015

sábado, 20 de diciembre de 2025

viernes, 12 de diciembre de 2025

Donación de órganos y ética médica (II)

La ética médica básica es guardiana del respeto a la vida que en todo momento se debe al enfermo. El médico la debe defender y garantizar sin excepción frente a todo señuelo utilitarista como pueda derivarse en amparar la muerte del donante en asistolia. 

Cuestión: …Para gran parte de la población la muerte es sinónimo de corazón parado. En muchos diagnósticos de muerte encefálica el corazón continúa latiendo. Además, esta urgencia de órganos para trasplante podría derivar en abusos por parte del cuerpo médico. 

Respuesta del Prof. Herranz: “Para que ese clima del que hablaba arriba se vaya implantando, es condición absoluta que los médicos cumplan los requisitos éticos de la obtención de órganos humanos para trasplante, que observen rigurosamente los criterios científicos del diagnóstico y de la certificación de la muerte del presunto donante. 

Los criterios clínicos para el diagnóstico de la muerte -ya sean los que se basan en la ausencia comprobada de la función cardiorespiratoria o los que establecen la llamada muerte encefálica- están ya muy claramente definidos… Lo esencial es, sin embargo, que sean aplicados y se comprueben con todo rigor en todos y cada uno de los casos. No es sólo una cuestión de evitar la alarma social. Es un asunto de integridad profesional, de respeto a la vida por precaria que sea, de cumplimiento deontológico del mandato absoluto de no matar el médico a su paciente. No se trata del propósito utilitarista de fomentar la donación, de evitar la alarma social que podría producirse a consecuencia de denuncias o sospechas de casos en los que se hubiera acortado la vida de un paciente con el propósito de obtener órganos. Hay ahí un deber básico, fuerte, primario de ética profesional de la Medicina.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015, p 198.