Respuesta del Prof. Herranz: “Finalmente, creo que en la vida diaria del médico influyen también las implicaciones sociales que tiene la deontología. El médico vive en y de la responsabilidad; ese es el estímulo constante de su vida moral: sentirse responsable. Por ejemplo, hay un deber deontológico de conocer epidemiología clínica, de saber cómo enferma la población, el grupo humano que el médico trata.
Pienso también que, después de tantos años de medicina socializada, no se ha implantado una ética médica de la gestión de gobierno en los sistemas nacionales de salud, una ética humana, cordial, no burocrática. Demasiadas cosas quedan al capricho, a la ideología de los que gobiernan, con sus típicas alternancias de política de partido; sufrimos constantemente modificaciones reglamentarias, existe una cierta inestabilidad que inquieta y que no permite madurar a la ética de la gestión sanitaria social. Sería una pérdida irreparable que los médicos se vieran a sí mismos, si las tendencias actuales continúan y se acrecientan, como meros mercenarios, empleados asalariados de un sistema en el que trabajan anónimamente, donde son sustituibles unos por otros, lo que neutraliza ese gran estímulo, ese aliciente, que es lo personal en el trabajo del médico.
Resumiendo, creo que la vida diaria de un médico nada tiene de rutinario, nada tiene de banal; y tampoco lo tiene esa ética cotidiana. Hasta cierto punto, nada queda en la indiferencia para un médico que vive éticamente su trabajo: desde el porte humano y la expresión facial, hasta la capacidad de escuchar, la sinceridad en la relación médico-paciente: poder decir la verdad sin trabas administrativas, poder confesar las propias limitaciones y los errores.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Prof. Gonzalo Herranz. José María Pardo. EUNSA, 2015, p 225-226.






