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sábado, 22 de junio de 2024

Ética médica y píldora del día después (y I)

Los términos anticonceptivos que ocultan y falsifican la realidad biológica y clínica ponen en evidencia una injustificable y nociva actuación médica que es incompatible con la ética.

El Prof Herranz

“Los neologismos técnicos de contracepción endometrial, de intercepción postcoital, de efecto antinidatorio sólo describen una parte de la realidad. Ocultan el hecho de que, en muchas ocasiones, según sea el momento del ciclo en que la mujer haya realizado el acto sexual, se impide la supervivencia de un número considerable de embriones humanos.

Eso es lo relevante. Llamarle o no aborto es, en cierta medida, indiferente para la realidad ética subyacente, pero con alguna palabra hay que denominar la acción de eliminar vidas humanas inocentes

Ofuscar a las mujeres diciéndoles que con la píldora del día después nunca pasa nada, en lo biológico y lo ético, es un condenable paternalismo, es tenerlas por incapaces de asumir la responsabilidad de sus acciones, escamotearles la oportunidad de escoger. 

Deben saber que por efecto de la píldora del día después una vida humana puede ser cercenada, un destino humano cancelado, la promesa de una vida personal anulada. 

Y esa es una tragedia que no es justo trivializar con juegos de palabras por sugerentes que sean, por inteligentes que parezcan, aunque hayan recibido las bendiciones del Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología (ACOG), la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Sociedad Española de Contracepción (SEC).” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001. 


viernes, 7 de junio de 2024

Ética médica y píldora del día después (G)

Los términos médicos tienen que ser fieles a la realidad que deben transmitir, sino corren el peligro de corromperse por intereses ilegítimos.

El Prof Gonzalo Herranz:

“…Refería, que se había recurrido a cambiar el significado de algunas palabras para hacer más convincente la idea de que la píldora del día después no es abortiva. Creo que es clarificador conocer la historia y la intención de esos cambios.

La transición a una sociedad dominada por el ethos contraceptivo exigía un cambio de pensamiento y de actitudes sobre lo que haya de entenderse por concepción: sólo cambiando el sentido de la palabra podrían cambiar las costumbres sociales. La cosa resultó bastante sencilla: consistió en disociar concepción de fecundación, e identificar concepción con implantación terminada.

Véamoslo con algo de detalle. Concepción, en su acepción original, genuina, de uso general no manipulado, es y ha sido siempre equivalente de fecundación: la concepción es la unión del espermatozoide y el óvulo, es el comienzo del nuevo ser, marca el inicio del embarazo. Eso es lo que en mayoría masiva dicen los diccionarios generales de las diferentes lenguas y lo que repiten en mayoría masiva los diccionarios médicos.

Pero en el nuevo orden de cosas, las cosas son distintas. En el nuevo lenguaje, concepción ya no es ni fecundación ni comienzo del nuevo ser, sino, como antes, el inicio del embarazo, pero marcado por la culminación de la implantación del blastocisto en el endometrio. El cambio no es un mero ejercicio de precisión académica: supone una revolución ideológica.

Pero el significado genuino de las palabras… aguanta impertérrito. Los libros de embriología y los diccionarios se han resistido al cambio. Es un ejercicio, a la vez absorbente y divertido, examinar lo que unos y otros dicen de concepción y fecundación, de embrión y pre-embrión, de cigoto y mórula, de blastocisto y gástrula, de embarazo y aborto, de contraceptivo y abortifaciente. 

La incorporación de la nueva ideología ha sido parcial y errática: se adaptan unos conceptos, pero se dejan sin enmendar otros. Todo parece artificial y fabricado

Baste un botón de muestra: el autoritativo Dorland’s (Dorland's Medical Dictionary), en la entrada "concepción", sigue la redefinición moderna: "concepción, el comienzo del embarazo, marcado por la implantación del blastocisto en el endometrio". Pero, curiosamente los revisores se olvidaron de modificar la entrada "embarazo", que sigue anclada en la vieja tradición: "embarazo, la condición de tener en el cuerpo un embrión o feto en desarrollo, después de la unión de un oocito y un espermatozoide". Unas veces, el comienzo del embarazo es la implantación, otras veces la fecundación. Fascinante…” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001. 


viernes, 31 de mayo de 2024

Ética médica y píldora del día después (F)

La clave para superar la indiferencia médica que se padece en los graves temas actuales de ética médica puede venir por: 1) ser responsables en actualizar a fondo la formación profesional, 2) ser leales a la verdad de esa formación, y 3) levantar la voz en los distintos foros. 

El Prof Gonzalo Herranz:

“La autorización para comercializar la píldora del día después trae a primer plano esos dos aspectos básicos de la ética profesional de la medicina: el respeto a las convicciones del paciente y la comunicación de la verdad….

…Hace poco tiempo envié a Diario Médico (DM)… un par de "Tribunas" sobre la píldora del día después, convencido de que iban a provocar un debate necesario y, así lo deseaba, clarificador. Pero ese debate no se ha producido: han ido pasando los días y nadie del campo profesional ha dicho en las páginas de DM esta boca es mía.

Lo curioso es que se trata de un silencio selectivo, intraprofesional. En la calle, los medios de comunicación, con la colaboración de muchos médicos, no han parado de hablar sobre la píldora del día después con ocasión de los diferentes pasos de su camino hacia las farmacias. Y el DM mismo se ha hecho eco de una Nota, breve y clara, de la Conferencia Episcopal Española.

¿Qué podrá significar ese silencio dentro de la profesión? Podría, en principio, ser expresión de varias actitudes: 
-del aburrimiento de unos por un asunto mil veces tratado y del que decir algo nuevo parece imposible; 
-del desinterés de otros por un problema moral que juzgan superado; 
-del desdén de muchos ante la naturaleza insoluble de un conflicto ético más;
-de la fatiga de los que empiezan a cansarse de pugnar por unos valores que ya no son compartidos. 

Pero la cosa no se puede quedar ahí. Es necesario traerla de nuevo a colación: no es bueno que los médicos respondamos con el silencio o la indiferencia a una cuestión que tanto interesa a la gente y que nos implica de lleno.

Jugando con las palabras. Quiero tratar aquí de un punto que está en el fondo del problema y que dejé sólo esbozado en un escrito reciente: me refiero al cambio de léxico que permite a los promotores de la píldora del día después afirmar que ésta no es abortiva. Porque no se trata sólo de un cambio léxico: viene a ser la imposición de una ideología.

Refería, que se había recurrido a cambiar el significado de algunas palabras para hacer más convincente la idea de que la píldora del día después no es abortiva. Creo que es clarificador conocer la historia y la intención de esos cambios. (Seguirá).” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001. 

viernes, 24 de mayo de 2024

Ética médica y píldora del día después (E)

El médico actúa con violencia cuando renuncia a informar a la mujer de los efectos a los que se expone con la toma de la píldora del día después.

El Prof Gonzalo Herrranz:  

“En su relación con el paciente singular, el médico no puede aplicar los criterios asignados, por las encuestas sociológicas, a las mayorías. 

Los sondeos de opinión pueden decir que la opinión prevalente es que el embarazo indeseado o inesperado tiene su destino más apropiado en el aborto, o que la píldora del día después es la opción que ha de ofrecerse sin más averiguación a quien solicita contracepción urgente. 

Pero esa bien puede no ser la opinión de muchos otros. Incluso puede estar en contradicción con otras estadísticas. Así, por ejemplo, entre las adolescentes, que constituyen al respecto el grupo más vulnerable, las circunstancias (sociales, culturales, religiosas, familiares) que intervienen en la decisión de abortar o de continuar el embarazo son muy complejas e impredecibles, y obligan a prestar al asunto una atención individual y libre de prejuicios. 

En todo caso, el más justificado sería el prejuicio a favor de la vida. En efecto, los datos relativos al millón aproximado de adolescentes que anualmente quedan embarazadas en los Estados Unidos suelen mostrar con notable constancia que deciden abortar sólo un tercio de ellas (35%), mientras que los otros dos tercios (65%) lo continúan, aunque una séptima parte del total (14%) terminan en un aborto espontáneo.

El médico no puede prejuzgar que la persona que tiene delante participa de las mismas convicciones éticas que él. 

Y, menos todavía, puede dar por supuesto que esa persona prefiere ignorar o no dar importancia a las implicaciones morales o religiosas del uso de la píldora del día después. Y, dado que hay pruebas que sostienen que la píldora del día después ejerce un efecto antinidatorio y siendo imposible que el médico sepa de antemano si la mujer que le consulta objetará o no a su empleo, no se puede sostener que sea buena práctica médica privar a la mujer de la información imprescindible para que ella preste su autorización. No dar esa información sería a la vez un engaño y un abuso, que expropiaría a la mujer de su autonomía.

La situación definida como contracepción de urgencia no exime de ese diálogo singular y libre de prejuicios entre el médico y la mujer. No pertenece la prescripción de la píldora del día después al pequeño número de situaciones de urgencia extremada en las que puede prescindirse del consentimiento informado. En el caso de la presunta prescripción de la píldora del día después no puede prescindirse de entablar con la mujer una relación inteligente, informativa, éticamente respetuosa, que tenga en cuenta sus creencias y valores.” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001. 


martes, 14 de mayo de 2024

Ética médica y píldora del día después (D

La ética sanitaria exige que, al menos, la adquisición de la píldora del día después venga acompañada de la adecuada advertencia de sus efectos.

El Prof Gonzalo Herranz:

“Con datos parciales, oscuros o sesgados no puede llegarse a decisiones responsables. Es criterio general que el consentimiento del paciente no sería genuino, esto es, ni libre ni informado, si el médico le ocultara información que el paciente tuviera por éticamente significativa. 

Con respecto a la píldora del día después, quien ha de juzgar es la propia mujer. …(Se) reconoce la especial e intransferible responsabilidad de cada uno en materia de reproducción humana, que, en el pluralismo ético de hoy, admite diferentes versiones: para unos, se trata de ejercer una maravillosa cooperación con el poder creador de Dios; para otros, se trata de expresar la centralidad que la reproducción humana ocupa en su plan de vida personal; para otros, finalmente, se trata de ejercer el derecho de transmitir al hijo, a través del material genético, la imagen de la propia identidad.

El médico ha de reconocer que quienes creen que la vida del ser humano comienza con la fecundación actúan con plena racionalidad cuando rechazan un tratamiento que pueda destruir una vida humana naciente, aun cuando la frecuencia absoluta de tal evento fuera baja. 

Es cierto que, en el proceso de consentimiento informado, el médico no está obligado a referir riesgos muy raros, pero esa norma decae cuando se tengan indicios razonables de que esa rara posibilidad es tenida ...como importante, o muy importante. Esos indicios se obtienen informando y preguntando. No hacerlo equivaldría a viciar el consentimiento, que ya no sería informado. Se sabe que se dan efectos psicológicos negativos —sentimientos de engaño, culpabilidad o tristeza, reacciones de rabia o depresión— en mujeres que creen que la vida humana comienza con la fecundación y que más tarde se enteran de que la píldora del día después pudo haber eliminado una de esas vidas, sin que se les hubiera informado y dado oportunidad de expresar su voluntad. La falta de consentimiento en un caso así puede exponer al médico a enojosas consecuencias deontológicas y judiciales.

… Respetar a las personas es respetar sus convicciones. Como es lógico, las convicciones que el médico no puede imponer no son sólo las políticas, ideológicas o religiosas. Son también las técnicas y científicas. El médico ha de manifestar sus opiniones y recomendaciones que hagan al caso, pero ha de hacerlo sin abusar de su posición de poder. Si piensa el médico que el embrión humano es respetable sólo después de haberse implantado o incluso más tarde, esa es su opinión, pero no puede imponerla a quien tiene a la fecundación por comienzo de la existencia humana. No puede olvidar el médico que, para mucha gente, son inaceptables aquellas formas de regulación de la reproducción que permiten la fecundación y provocan luego la pérdida del embrión.” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001.

viernes, 10 de mayo de 2024

Ética médica y píldora del día después (C)

El derecho del paciente a la información y el deber de informar que incumbe al médico no lo puede suplantar ninguna legislación, con especial gravedad cuando está en juego la vida humana.

El Prof Gonzalo Herranz:

"De todas formas, aun en medio del ocultamiento y la indeterminación, no faltan quienes, superado todo escrúpulo ético ante el aborto y la contracepción dura, se manifiestan con sincera franqueza. 

Un par de muestras: 

-en la versión española, pero curiosamente no en la inglesa, de la página del Population Council en Internet, se lee: "lo que hacen las píldoras anticonceptivas de emergencia y las minipíldoras de emergencia es, principalmente, modificar el endometrio (la capa de mucosa que recubre el útero), para así inhibir la implantación de un huevo fecundado". 

-Y Émile Etienne Baulieu acuñó el concepto de contragestivos para agrupar junto a la RU-486, la píldora abortiva que él había diseñado, los métodos de control de la fertilidad que son abortivos muy precoces, entre los que incluye los dispositivos intrauterinos, la contracepción hormonal a base de gestágenos y la contracepción postcoital. "De hecho –afirmó en su discurso al recibir la Medalla Lasker- la interrupción posterior a la fecundación, que tendría que ser considerada como abortiva, es algo que está a la orden del día […] Por esa razón, hemos propuesto el término "contragestión", una contracción de "contra-gestación", para incluir en él la mayoría de los métodos de control de la fertilidad".

Eso es hablar claro y sin tapujos. La evolución histórica de la contracepción ha seguido una trayectoria bien definida: de la anovulación a la intercepción, del ovario al endometrio, de antes de la fecundación a después de ella. El modo, lugar y tiempo de su actuación han ido cambiando a lo largo de los últimos años. Pero se sigue hablando de contracepción, como si nada hubiese ocurrido.

El médico que profesa un profundo respeto a la vida y que no ignora el efecto antinidatorio de la píldora del día después rehusará prescribirla, para lo que no necesita, a la vista de los términos que constan en la reciente autorización del levonorgestrel, recurrir a la objeción de conciencia. Pero, si un día se incluyera la píldora del día después entre las prestaciones de las aseguradoras privadas o del sistema nacional de salud, el médico podría presentar objeción de conciencia a su prescripción, al igual que lo hace ante el aborto de embriones y fetos de mayor edad.

…La información sobre la reproducción humana es un área privilegiada, especial. En nuestro caso, impone al médico, en especial al ginecólogo y al médico general, el deber de informar sobre la píldora del día después, no de modo rutinario, sino cualificadamente, pues la información que dan a quienes le preguntan ha de servirles a éstos para tomar decisiones con conocimiento suficiente y con suficiente responsabilidad. Tal información ha de ser objetiva, inteligible, adecuada.” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001. 


viernes, 3 de mayo de 2024

Ética médica y píldora del día después (B)


Silenciar, por indiferencia o por legislación, la acción abortiva que tiene la píldora del día después no disminuye su carga antiética y delictiva.

El Prof Gonzalo Herranz:  

“La cosa, importante, como es el efecto antinidatorio de la píldora del día después, permanece envuelta en una tenaz nube de ignorancia. Sorprende que una cosa así ocurra en el tiempo de la medicina basada en pruebas, tiempo en que, en farmacología clínica, se hila muy fino y no están bien vistas ni la ignorancia ni la indeterminación. Disponemos sólo de estimaciones indirectas, aunque relativamente fiables, que permiten concluir que, aun dada a tiempo, la píldora del día después no inhibe la ovulación siempre; que, a pesar de los cambios que induce en el moco cervical, la píldora del día después no impide que los espermios pasen en cantidad disminuida, pero suficiente, a la trompa; y que el efecto antinidatorio endometrial juega un papel, decisivo aunque no cuantificado, en la eficacia del tratamiento.

Claridades y ambages. Una situación así obliga a actuar en la duda, con menos datos de los necesarios, lo cual crea conflictos. 

Con razón, quienes profesan un respeto profundo a todos los seres humanos sin excepción, estiman que jamás uno de ellos puede ser expuesto al riesgo próximo de ser destruido, aunque ese riesgo no esté cuantificado. Basta con que la píldora del día después sea, de hecho, capaz de privar de la oportunidad de vivir al embrión humano para que la píldora del día después sea condenable. 

Quienes no profesan aquel respeto prefieren negar el problema ético valiéndose de ciertos cambios del lenguaje. Para ellos, mudar el nombre de las acciones transmuta su moralidad. Afirma un editorial del New England Journal of Medicine: "…aun cuando la contracepción de emergencia actuara exclusivamente impidiendo la implantación del zigoto, no sería abortiva". Pero no se nos dice qué es. Quebrar la vida de un ser humano, por minúscula que sea la víctima, es algo que merece ser llamado de alguna manera. 

Impedir la implantación del embrión humano es un hecho de notable importancia ética que no se puede volatilizar por el fácil expediente de dejarlo sin nombre. Su sustancia moral no desaparece, aunque se recurra a la redefinición de gestación y concepción que hace años pactaron la Organización Mundial de la salud (OMS), el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG), la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) y las multinacionales del control de la natalidad.

Pero la tal redefinición no es de recibo: a ella se vienen resistiendo año tras año, con una tenacidad sensata, muchos hombres y mujeres de buena voluntad, las sucesivas ediciones de los diccionarios generales y médicos, y los libros de embriología humana.” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001. 


sábado, 27 de abril de 2024

Ética médica y píldora del día después (A)

La trascendencia de lo que ocurre con la toma de la píldora del día después no puede pasar desapercibida. Basta asomarse a los efectos farmacológicos que presenta.

El Prof Gonzalo Herranz

“El mecanismo de acción de la píldora del día después incluye un componente de significado ético fuerte: impide la anidación y, con ello, el desarrollo del embrión humano

Sabemos que lo hace, pero ignoramos cuantas veces los hace. En consecuencia, recetar el médico o tomar la mujer la píldora del día después son acciones con fuerte carga de responsabilidad, en las que juegan un papel muy relevante factores de dos órdenes. Uno que podríamos asignar al área de la ética biológica; el otro, al de la ética profesional. 

El factor ético-biológico consiste en saber qué es lo que ocurre en el organismo de la mujer cuando ella hace uso de la píldora del día después: sólo sabiéndolo, no daremos palos de ciego y será posible actuar con conocimiento y racionalidad. 

El factor ético-profesional consiste en analizar, a la luz de los principios y normas de la deontología médica, qué requisitos -de información no sesgada, de respeto por las personas y sus convicciones morales- habrían de exigirse para que un médico pueda prescribir la píldora del día después.

Mecanismo de acción en la penumbra ¿Qué sabemos de la píldora del día después? Aquí, la pregunta no se refiere primariamente a su eficacia y seguridad, a sus interacciones: de eso sabemos suficiente. Se refiere a su mecanismo de acción, del que necesitamos saber y hablar más.

Es casi rutinario decir que la píldora del día después ejerce un efecto diverso y multifactorial, que depende de la relación temporal que se dé entre el momento de la ingestión del producto y el día del ciclo menstrual o el tiempo transcurrido desde la relación coital. 

En la versión oficial de los hechos, se dice que la píldora del día después puede inhibir la ovulación o, a través de sutiles perturbaciones de la función del eje hipotálamo-hipófisis-ovario, retrasarla; que puede modificar la textura del moco cervical y volverlo impracticable para los espermios; que puede enlentecer la motilidad tubárica y con ella el transporte de los gametos; que puede debilitar la vitalidad de los espermios y del ovocito y mermar su capacidad de fecundarse; o que, en fin, puede alterar el endometrio y hacerlo refractario o menos receptivo a la implantación del huevo fecundado. Es decir, unos cambios son contraceptivos porque inhiben a la fecundación; otros, en cambio, operan después de ésta y han de ser tenidos como interceptivos o abortivos muy precoces.

Qué parte juega cada uno de esos factores, y particularmente ese último y decisivo efecto antinidatorio de la píldora del día después, en el resultado neto final de que nazcan menos niños, nadie se ha propuesto dilucidarlo…” Gonzalo Herranz, Artículos en Diario Médico, 3-IV, 30-IV y 14-V-2001.


viernes, 17 de febrero de 2023

El ficticio embrión. Entrevista (III)

En Medicina es obligación ética actuar con formación actualizada, sin dejarse llevar por criterios provenientes de la superficialidad o por de una formación acrítica que da por bueno lo escasamente fundamentado o muy interesado, causantes de conductas mortíferas: concepto de preembrión, vana dispensación de la píldora abortiva, etc.

El Prof Gonzalo Herranz lo fundamenta de forma diáfana:

Pregunta: Habla de una necesaria reformulación de la Bioética. ¿Qué espera que su libro (“El embrión ficticio. Historia crítica de un mito biológico”, 2013, Ed Palabra) aporte en esta dirección? 

Respuesta: La bioética ha sido muy poco crítica con la ciencia de la que se ha servido. Me gustaría que mi libro indujera a muchos a tomar mucho más en serio la Biología de la Bioética.

Pregunta: La interdisciplinariedad se suele entender como fortaleza en el estudio de los problemas. ¿Por qué usted la señala como debilidad de la bioética?

Respuesta: Me parece que la interdisciplinariedad no ha funcionado a su nivel más profundo: en la validación sincera de los datos intercambiados entre las distintas disciplinas. Ha habido mucha tolerancia, por no decir blandura, para ideas y datos que apoyaban los prejuicios cientificistas y las ideologías de política social. Creo que será muy interesante estudiar las actas de los grandes comités nacionales de bioética, para medir el nivel de connivencia que se dio entre sus miembros y, especialmente, la falta de oposición interna, de pluralidad de visiones: muchos de esos comités eran, y siguen siendo, ideológicamente “monocolor”.

Pregunta: ¿Qué le diría a una mujer que aborta, a un científico que investiga con embriones humanos o a una pareja que va a recurrir a la fecundación in vitro?

Respuesta: Hay que hablarles con mucha comprensión y paciencia, porque esas personas están en situaciones muy poco propicias al debate sereno. Su conciencia subjetiva está ya fraguada. Se han autoconvencido de que están haciendo algo muy bueno y que mucha gente buena piensa así. Es muy difícil devolverles a la realidad, invitarles a que formen su conciencia rectamente, a que revisen los argumentos con que justifican sus acciones. Para aceptar que esos argumentos son falaces se necesita una gran apertura de mente, algo de estudio, y mucha generosidad moral. Entrevista al Prof Gonzalo Herranz, en Aceprensa, 11 noviembre 2013.

miércoles, 27 de julio de 2022

El aborto químico

Como complemento a los últimos envíos desarrollados por el Prof Herranz,"Píldoras contraceptivas y otros abortivos (I-X)", se adjunta a continuación un artículo reciente sobre el aborto químico, que viene a incidir en la artificial desinformación no exenta de ser positivamente intencionada y favorecida por todo tipo de intereses políticos y comerciales, y que colocan a los que facilitan la distribución de dichas sustancias para provocar el aborto en las antípodas de la ética médica. 

El artículo al que se hace referencia es: "El nuevo campo de batalla: el aborto con sustancias químicas", por Michael Cook, 21 de julio de 2022, en Mercatornet. De forma resumida, así se expresa:

"Con las clínicas de aborto cerrando sus puertas en los Estados Unidos y más de la mitad de los estados restringiendo el aborto hasta cierto punto, los defensores del aborto están promoviendo “abortos con medicamentos” o “abortos químicos”. Estos no requieren una visita a una clínica de aborto; los medicamentos se pueden recetar por telemedicina, incluso se pueden pedir en línea a médicos y farmacias en el extranjero, aunque esto es ilegal .

Según el Instituto Guttmacher, un grupo de expertos sobre el aborto, los abortos con químicos actualmente representan más de la mitad de los abortos estadounidenses. Sin embargo, su uso está restringido. En dos de los 50 estados están prohibidos; en 29 estados deben ser recetados por un médico; y en 19 estados deben tomarse en presencia de un médico, lo que es una prohibición efectiva de la telemedicina.

Debido a que la Corte Suprema de EE. UU. anuló Roe v. Wade, el presidente Joe Biden ha puesto todo el peso del gobierno federal detrás de la opción del aborto con químicos. En una orden ejecutiva del 8 de julio , ordenó al Departamento de Salud y Servicios Humanos que “proteja y amplíe el acceso a la atención del aborto, incluido el acceso a medicamentos que la FDA aprobó como seguros y efectivos hace más de veinte años”.

La FDA aprobó el uso de los medicamentos gemelos Mifepristone y Misoprostol en 2000 y los defensores del aborto afirman que son seguros y efectivos si se usan a las nueve semanas de gestación o menos.

El New York Times, junto con otros medios de comunicación y políticos, recomienda que la aprobación de la FDA se anteponga a las prohibiciones y restricciones estatales... Según la FDA, 26 mujeres estadounidenses han muerto después de usar mifepristona como abortivo.

El Instituto Charlotte Lozier, un grupo de expertos pro-vida, afirma que “el aborto químico tiene una tasa de complicaciones cuatro veces mayor que el aborto quirúrgico, y hasta una de cada cinco mujeres sufrirá una complicación”. También señala que los abortos con químicos tienen efectos sociales impredecibles. “Sin supervisión médica, las píldoras abortivas pueden caer en manos de traficantes y parejas abusivas. Ya hay relatos de mujeres a las que se les dan píldoras abortivas sin su conocimiento y en contra de su voluntad”.

Texas aprobó una ley que restringe los abortos con medicamentos a las mujeres que tienen siete semanas de embarazo. En su preámbulo declara:

“el uso de Mifeprex o mifepristona presenta complicaciones médicas significativas que incluyen, entre otras, hemorragia uterina, infecciones virales, dolor abdominal, calambres, vómitos, dolor de cabeza, fatiga y enfermedad pélvica inflamatoria; y la tasa de fracaso y el riesgo de complicaciones aumenta con el avance de la edad gestacional”.

Los activistas a favor del aborto describen tales afirmaciones como "desinformación", o simplemente como "mentiras", sin embargo, están bien documentadas en la bibliografía médica internacional". 


lunes, 1 de noviembre de 2021

El término pre embrión, la primera causa de pérdidas de vidas humanas (y II)

Continuamos con la exposición del Prof Herranz en su esfuerzo por demostrar que "la idea de prembrión fue construida por científicos que usaron su ciencia para cambiar la moralidad social.” A la vista está que su acción destructora persiste potenciada por un estado de indiferencia.

A continuación las palabras del Gonzalo Prof Herranz:

“La idea de preembrión fue construida por personas (Anne McLaren y Clifford Grobstein) que, además de científicos, eran activistas sociales. 

Usaron su ciencia para cambiar la sociedad, la moralidad social. En el libro “El Embrión Ficticio” (Ed Palabra) trato de mostrar que los argumentos con los que se ha apoyado el concepto de preembrión son falsos, carecen de base científica objetiva. Pero eso no impide, sin embargo, que un número masivo de médicos y científicos crean en esa idea y la defiendan. Incluso se sienten ofendidos cuando alguien, dejando a salvo su rectitud moral, pone en duda lo correcto de su ciencia. Aunque, al escribir el libro, he tratado de dirigirlo al público general en posesión de un buen nivel de formación biológica, pienso que sus destinatarios principales son, además de los bioéticos, los médicos y biólogos…. 

…Hay que reconocerlo: cambiar el modo de pensar de los científicos es cosa muy ardua. En el mejor de los casos, harán falta muchos años. Se dice que, en el campo de las ciencias naturales, introducir una idea nueva en las mentes y en la bibliografía es cosa que cuesta dos o tres decenios, justo el mismo tiempo que se necesita para retirar las ideas obsoletas y erróneas. Las ideas son enormemente viscosas, pegadizas, se agarran tenazmente, sobre todo cuando están ligadas a intereses financieros o ideológicos.

Algo parecido ocurre en el otro plano, el de la opinión pública. Es fácil cambiar modas: hay ideas y tendencias para llevar, como la ropa, una temporada: se imponen y desaparecen con gran facilidad. Pero los hábitos sociales más hondos, las convicciones -políticas, ideológicas o morales- de más arraigo son mucho más costosas de implantar o sustituir. En nuestro caso, es mucha la gente que piensa que la salvación del hombre vendrá de la ciencia; y, sin embargo, sienten una pereza enorme en reexaminar esa ciencia para ellos salvadora…. 

La idea del libro nació hace unos años, …pensé que era necesario revisar críticamente los datos, las ideas y las interpretaciones que en los libros de embriología, genética y obstetricia se daban sobre el embrión muy joven, y, más en concreto, los argumentos que se manejaban a favor del concepto de preembrión. 

Esos argumentos decían, por ejemplo, que durante los primeros 14 días del desarrollo era posible que el embrión se dividiera en dos o más gemelos…. Un día me pregunté: ¿dónde está eso demostrado?, ¿quién ha observado y descrito esos procesos? Y me encontré, después de mucho buscar, que esas demostraciones y esas descripciones no aparecían por ninguna parte. Las ideas que circulaban y que todos repetíamos como reflejo de la realidad observada habían nacido como meras suposiciones, que, gracias a un proceso de repetición, pasaron de ser simples lucubraciones a convertirse en hechos indiscutidos

Hacer esa historia ha sido una aventura muy atrayente, pero que ha exigido incontables horas de búsqueda… 

He de añadir que la motivación, aunque primariamente científica, no estuvo de espaldas a mi fe cristiana. Creo firmemente en que no puede haber contradicción entre los datos de la ciencia y la visión cristiana del hombre: en este caso, con la visión cristiana del embrión como ser humano desde que es concebido al término del proceso de la fecundación.” Entrevista al Prof Gonzalo Herranz. Mundo Cristiano. A fondo. Noviembre 2013


viernes, 29 de octubre de 2021

El término pre embrión, la primera causa de pérdidas de vidas humanas (I)

   En la publicación “Embrión Ficticio” (Ed Palabra) el Prof Herranz indica que "la idea de prembrión fue construida por científicos que usaron su ciencia para cambiar la moralidad social”. En el libro se prueba, con sólidos argumentos científicos, que el prembrión no existe y que las consecuencias de asumir este concepto son muy graves desde un punto de vista humano: la utilización o eliminación de personas en estadio embrionario.

Habla el Prof Herranz:

   “Los científicos que crearon ese término lo hicieron con el propósito de que el público aceptara la idea de que, durante las dos semanas que siguen a la fecundación, la entidad biológica que se desarrolla no es propiamente un ser humano, o, al menos, que no lo es "con todas las de la ley". Dijeron que el preembrión era un mero complejo celular al que no se podía, ni biológica ni ontológicamente, considerar o tratar como a uno de nosotros. Añadían que solo más tarde, pasados ya esos 14 días, el preembrión hecho ya embrión, se hacía digno del respeto que se debe a los seres humanos. 

   Con el preembrión ocurre una cosa curiosa, pero inquietante: el concepto está fuerte, sigue vigente en casi todas partes; pero el término preembrión apenas se usa ya: es una palabra "tabú", que sonroja: ya no aparece en la bibliografía científica, y muy poco en la literatura bioética. Eso viene a indicar que no es "agua clara".  

   Las consecuencias son muy serias y muy reales. La principal es mantener la idea de que el preembrión no exige de nosotros ser tratado como un ser humano de pleno derecho, pues, aunque no sea una cosa o un animal no humano, no es todavía una persona, ni tiene derechos comparables a los de un adulto o un niño.

   Puede, en consecuencia, el preembrión ser usado en beneficio de otro, puede ser destruido si la conveniencia superior de un tercero así lo reclama. Ese uso y esa destrucción ocurren habitualmente en la práctica de la reproducción asistida (FIV), en los experimentos para obtener células troncales embrionarias, o cuando se usan ciertos métodos contraceptivos que impiden la nidación. Quien acepta la idea de preembrión considera que esas acciones son tolerables. Abrigo la esperanza de que la lectura de mi libro ayude a muchos a reexaminar sus ideas biológicas y morales sobre el embrión humano joven.

   Ya dije antes que ese concepto sigue vivo, y muy activo. Muchos investigadores y prácticamente todos los periodistas científicos creen con fe muy firme en la idea de preembrión: defienden la fecundación in vitro, la investigación con células troncales embrionarias, los contraceptivos que impiden la implantación. Y eso mismo creen muchos de los que leen las secciones de ciencia de los periódicos o de la tele. La mujer y el hombre de la calle han sido educados por los medios en la noción de que los embriones jóvenes carecen de valor moral, que destruirlos no es destruir un ser humano viviente, que no hay problema moral cuando se los sacrifica para obtener ciertos beneficios.” Entrevista al Prof Gonzalo Herranz. Mundo Cristiano. A fondo. Noviembre 2013


domingo, 24 de octubre de 2021

El termino pre-embrión: falsedad al servicio de la fecundación in vitro

En una entrevista el Prof Herranz define el interés inicial que llevó a crear artificialmente el termino "preembrión", carente de base biológica científica. Ese postulado “de biología deformada” sigue teniendo eco hoy en día en el mundo científico internacional formando parte del cuerpo de doctrina científica y, por supuesto, sosteniendo grandes intereses comerciales, como la industria de la fecundación in vitro, en detrimento de miles de vidas humanas embrionarias diarias.

Respuesta del Prof Gonzalo Herranz, a una pregunta en Diario Médico (24.XI.2014) 

P/ El término de preembrión lo introdujo Clifford Grobstein en junio de 1979. Según ha escrito usted, es un término engañoso desde el punto de vista biológico, pero que ha influido enormemente en la bioética y en algunas legislaciones. ¿Existe esa fase previa al embrión?

R/ "No. En embriología humana se ha usado el término “embrión” para designar al ser en desarrollo desde la fecundación hasta el final del 3er mes. Antes de la fecundación hay gametos; y si va bien, después de ella, embriones. Como los embriones se desarrollan, si queremos hablar con precisión nos referimos a embriones de 1, 2, 3, y más días; … 

Pero el embrión es ya embrión desde que termina el proceso de la fecundación. Grobstein, en su artículo de Scientific American de 1979 (de casi un año después de nacer la primera niña probeta) habla de (o más bien se saca de la manga) cuatro fases del desarrollo prenatal: celular o preembrionaria, embrionaria, fetal y de autonomía vital, pero describe juntamente las dos primeras, no las separa. Alude a que el preembrión, la fase celular, se transforma en embrión “después de la implantación, por el aumento de tamaño, la génesis de la forma, y la aparición de estructuras rudimentarias y órganos”. Vaguedades inespecíficas. Lo que le interesaba a Grobstein era, me lo sospecho, distraer a sus lectores para poder decirles después que la fecundación in vitro “no manipula personas, sino células humanas. Los estadios implicados no solo son personas, sino que también son preembriones”. Mera prestidigitación verbal, ontología barata, y lo que es peor, una biología deformada por intereses ideológicos."


miércoles, 20 de octubre de 2021

El embrión deshumanizado (y II)

Seguimos con la entrevista al Prof Herranz, en la que ofrece "tratamiento" frente a la "enfermedad" de la falsedad científica, seducida y acomodaticia, por orientación a intereses particulares, y que se está demostrando actualmente tan corrosiva para la sociedad. El tratamiento que propone es: “…Para aceptar que esos argumentos son falaces se necesita una gran apertura de mente, algo de estudio, y mucha generosidad moral”

Continuando con la entrevista: 

P/ Una de las tesis que señala en el libro es que la Bioética ha sido blanda porque se apoyaba en una Biología blanda también. ¿Acaso la ciencia no es siempre sólida y verdadera?

R/ “Creo que en el libro (`El Embrión Ficticio´) demuestro lo débil, parcial y acomodaticia que ha sido la embriología de que se han servido los comités, los parlamentos y los académicos para montar la bioética de la contracepción y de la fecundación in vitro. La ciencia aspira a ser sólida y verdadera o, al menos, basada en pruebas. Eso es el ideal al que siempre se ha de aspirar. Pero la ciencia de andar por casa se presta a amaños: a escoger lo que más conviene para conseguir un fin determinado. En bioética, los científicos actuaron como oráculos; y los no-científicos creyeron a ciegas en lo que aquellos les decían.”

P/ Habla de una necesaria reformulación de la Bioética. ¿Qué espera que su obra aporte en esta dirección?

R/ “La bioética ha sido muy poco crítica con la ciencia de la que se ha servido. Me gustaría que mi libro indujera a muchos a tomar mucho más en serio la Biología de la Bioética.”

P/ La interdisciplinariedad se suele entender como fortaleza en el estudio de los problemas. ¿Por qué usted la señala como debilidad de la bioética?

R/ “Me parece que la interdisciplinariedad no ha funcionado a su nivel más profundo: en la validación sincera de los datos intercambiados entre las distintas disciplinas. Ha habido mucha tolerancia, por no decir blandura, para ideas y datos que apoyaban los prejuicios cientificistas y las ideologías de política social. Creo que será muy interesante estudiar las actas de los grandes comités nacionales de bioética, para medir el nivel de connivencia que se dio entre sus miembros y, especialmente, la falta de oposición interna, de pluralidad de visiones: muchos de esos comités eran, y siguen siendo, ideológicamente `monocolor´”.

P/ ¿Qué le diría a una mujer que aborta, a un científico que investiga con embriones humanos o a una pareja que va a recurrir a la fecundación in vitro?

R/ “Hay que hablarles con mucha comprensión y paciencia, porque esas personas están en situaciones muy poco propicias al debate sereno. Su conciencia subjetiva está ya fraguada. Se han autoconvencido de que están haciendo algo muy bueno y que mucha gente buena piensa así. Es muy difícil devolverles a la realidad, invitarles a que formen su conciencia rectamente, a que revisen los argumentos con que justifican sus acciones. Para aceptar que esos argumentos son falaces se necesita una gran apertura de mente, algo de estudio, y mucha generosidad moral.”

P/¿Por qué es el zigoto un ser humano?

R/ “Lo es porque el zigoto humano, antes que nada, es ya un hijo, en el que unen dos progenies, dos familias humanas. Al reunir los genomas del padre y de la madre, se hace capaz de adquirir y expresar determinados caracteres hereditarios que justo le entroncan biológicamente con un pasado humano, con unas familias, y que determinan en buena medida su futuro, humano también. Además, la fecundación no solo confiere al zigoto una herencia genética, y un dinamismo para que inicie el desarrollo, sino que lo inserta en un ambiente del que recibe estímulos epigenéticos que le obligan a reaccionar, a adaptarse a situaciones nuevas, a desplegar muchas posibilidades. Y, en el embrión humano, todo esto –genoma, dinamismo de desarrollo, estímulos epigenéticos– es siempre específicamente humano…” Entrevista al Prof Gonzalo Herranz, ACEPRENSA, Sole Maldonado Ayuso, 2013.


martes, 19 de octubre de 2021

El embrión deshumanizado (I)

Vamos a reproducir una entrevista que surgió tras la publicación del libro del Prof Gonzalo Herranz "El Embrión Ficticio. Historia de un mito biológico" (Ed Palabra, en versión inglés y español). Sobran las palabras frente a la claridad diáfana del Prof Herranz respecto a cómo se fue introduciendo artificialmente el termino preembrión tanto en el mundo científico como en la sociedad. 

El Prof Herranz asegura que libro `El Embrión Ficticio´ es “un modesto punto de arranque” para un cambio que debe darse tanto en la propia bioética como en la legislación, pues “las leyes de muchos estados contienen vicios graves en lo que concierne a su fundamentación biológica”.

P/ En la introducción de “El Embrión Ficticio” dice usted que lo que le llevó a escribir este libro fueron las pequeñas sospechas que se fueron acumulando durante años. Pero ¿qué fue lo que le llevó a ponerse manos a la obra?

R/ “Cuando uno se incorpora a la ciencia, es llevado por la corriente. Uno empieza siendo un aprendiz pasivo. Pero si no se adormece, empieza a ver problemas. Y los problemas piden soluciones. Con respecto a la bioética del embrión, yo fui acumulando sospechas, anotando incongruencias, hasta que un día me dije: esto hay que revisarlo a fondo. Eso en lo estrictamente científico. Tenía además, el convencimiento de que no puede haber contradicción entre ciencia verdadera y fe verdadera. Las dos cosas, crítica de la ciencia y convencimiento de la fe, fueron dos fuerzas sinérgicas, que me ayudaron a perseverar años en busca de datos y pruebas. La embriología de que se han servido los comités y los parlamentos para hacer leyes ha sido parcial y acomodaticia.”

P/ Parece, según señala en su libro, que la responsabilidad de que se hayan asentado argumentos que no garantizan un estatuto ético al embrión es también de los propios científicos.

R/ “Sí. Hay que olvidarse de la idea de la ciencia como algo puro, objetivo, imparcial. La ciencia de hoy, con su enorme poder y autoridad, es una empresa humana, hecha por personas muy inteligentes, pero muy ambiciosas y, en muchos casos, imbuidas de ideologías sociopolíticas muy definidas. La minusvaloración del embrión humano empezó con los científicos que programaron la contracepción moderna. Sabían que la contracepción causa de modo inevitable la pérdida de embriones humanos: para que pudiese ser aceptada por la sociedad era necesario decir que los embriones perdidos en la contracepción no eran propiamente seres humanos. Ahí empezó todo: los científicos crearon una imagen empobrecida del embrión y se la dieron a los filósofos y teólogos; y estos la aceptaron encantados, pues, de ese modo, la contracepción quedaba libre de la sospecha de destruir embriones.” Entrevista en ACEPRENSA, Sole Maldonado Ayuso, 2013.


viernes, 15 de octubre de 2021

El hombre nunca ha sido preembrión (XI): Una nota final

Como último apunte de esta sección “El hombre nunca ha sido preembrión” (I-XI), vaya un aplauso agradecido, y más que merecido, al Prof Gonzalo Herranz, por su clarividencia científica puesta a servicio de la ciencia, en este original trabajo suyo `El Embrión Ficticio´ que, aunque hasta ahora todavía no ha recibido el suficiente reconocimiento internacional que merece, sí es lógico que mostremos justo agradecimiento, porque también refleja de forma excelente una limpia fidelidad y autenticidad científica, que tanto contrasta con la que frecuentemente, y desgraciadamente, nos vemos envueltos, y en donde no es rara la respuesta del silencio, siempre expresión de muy baja calidad, a propuestas de calado científico acreditado que se abren paso. Un ejemplo de ello se expresa a continuación.

Demos paso al Prof Herranz: “Omito cualquier referencia a los asuntos tratados en el epílogo del libro ‘El Embrión Ficticio’. Voy a referirme muy brevemente a una cuestión que algunos me han planteado: el posible impacto que pueda tener el libro, y, sobre todo, la teoría que propongo sobre el mecanismo de la gemelación monozigótica. Para responderla me harían falta dotes proféticas, que no tengo.

Puedo, sin embargo, manifestar mis deseos: me gustaría que el libro fuese leído críticamente, y, en especial, que los lectores críticos manifestaran, públicamente o en privado, su parecer. Creo en el debate constructivo, que de mi parte será siempre amistoso. Lo más temible en una circunstancia así es tener el silencio por respuesta. Pienso que la polémica buena, racional, educada y fuerte, es una delicia. La polémica destemplada hace sufrir, pero más sufrimiento causa el silencio.

Esa es de momento mi experiencia. A principios de junio de 2013 se publicó en versión virtual un artículo mío en la revista Zygote (Herranz G. The timing of twinning. A criticism of the common model). Ese artículo contiene lo biológico básico del capítulo IV del libro, y solo de pasada alude a sus implicaciones éticas. He difundido ese artículo bastante ampliamente. Lo envié por correo electrónico a más de tres centenares de embriólogos, genetistas, obstetras y bioéticos que, en años recientes, han publicado sobre la biología de la gemelación monozigótica o sus implicaciones bioéticas. Han pasado ya meses suficientes para hacer una evaluación provisional de las respuestas. Las más frecuentes han sido, como era de esperar, el silencio o un formalista acuse de recibo. Son bastante numerosas las que, a un cortés agradecimiento, añaden la promesa de leer el artículo y comentarlo: no parece que muchos la hayan cumplido. No faltan, felizmente, los casos de investigadores, algunos de muy elevado nivel, que me ofrecieron sus críticas y con los que podido mantener un animado intercambio de pareceres. Finalmente, dos importantes embriólogos han publicado en revistas internacionales unos comentarios muy duros a mi trabajo…

Estudié atentamente esos comentarios y redacté mis respuestas, creo que razonables y correctas, y las envié a los editores de las correspondientes revistas. Tengo la impresión de que, de momento, están siendo sometidas a un fastidioso proceso de dilaciones que preanuncian el rechazo de mis respuestas. Habrá que esperar a ver en que acaba todo eso. En bioética, como en palacio, las cosas van despacio.” Gonzalo Herranz. El embrión ficticio: historia de un mito biológico. El autor explica su libro. Cuadernos de Bioética 2014; 25: 312.


miércoles, 13 de octubre de 2021

El hombre nunca ha sido preembrión (X)bis: El “argumento” de la pérdida precoz de embriones

Seguimos con esta falacia, la del “argumento” de la pérdida precoz de embriones. En ética médica es muy rentable desvelar el engaño de las invenciones, porque así se frena su tóxica y letal repercusión social.  

Continuamos con el Prof Herranz: “Se han dado también interpretaciones “optimistas” de la pérdida embrionaria precoz. Desde una óptica eugenista, el fenómeno es celebrado como un eficacísimo recurso para aligerar la pesada carga de la enfermedad genética humana e impedir la degradación del patrimonio genético de la especie: una eliminación rápida y temprana de deficientes y deformes que se hace en el mejor interés de la raza. Y, desde la óptica de la reproducción humana asistida, se ha afirmado que no existen diferencias significativas entre la cuantiosa pérdida natural de embriones y la pérdida de embriones que se da en la reproducción artificial, de modo que esta última no puede ser acusada de ser una práctica nociva, pues no lo es más que el proceso natural.

En tiempos recientes el argumento ha experimentado ciertas derivas controvertidas. Por un lado, algunos bioéticos han insinuado que quienes conceden pleno estatus ético al embrión han de reconocer que la muerte embrionaria precoz constituye el “mayor azote de la humanidad” (supone prácticamente la muerte de más de la mitad de los seres humanos), por lo que quienes militan en el campo pro-vida han de sentirse obligados a hacer todo lo posible para prevenir esa tragedia: no habría otro asunto en el mundo que pudiera ganar a este en magnitud y prioridad.

Por otro lado, y de mano de ciertos bioéticos laicistas, ha surgido un problema relativamente nuevo: el que podría llamarse la escatología de los embriones. Uno de ellos razonaba así: “Incluso si generosamente excluimos todos los embriones anormales concebidos —suponiendo que su imperfecta expresión génica ha bloqueado de algún modo la instalación en ellos de un alma—, resultará aún entonces que quizás el 40 por ciento de todos los residentes en el Cielo no llegaron a nacer, ni desarrollaron un cerebro, ni tuvieron nunca emociones, experiencias, esperanzas, sueños o deseos”. 

Baste cerrar la referencia a tales elucubraciones teológicas con la sensata observación de Lee de que lo que Dios puede hacer o no hacer con los embriones tempranamente muertos, a no ser que lo revele a alguien, es una empresa que desborda nuestra limitada inteligencia.

La muerte embrionaria precoz presenta muchas incógnitas todavía. Probablemente su causa principal esté en las alteraciones génicas y cromosómicas que trastornan los delicados mecanismos moleculares de la misma fecundación y del desarrollo inicial. Parece que es también muy cuantioso el efecto de factores ambientales, en primer lugar los maternos que actúan en el curso de la implantación, lo mismo que los fallos en los delicadísimos mecanismos que rigen tanto el desarrollo intrínseco del embrión, como el intercambio de señales entre el embrión y la madre.

Conviene señalar, como conclusión de este complejo asunto, que sólo podrá tratarse con objetividad cuando se cumplan ciertas condiciones: la primera es que podamos disponer de datos fiables y no de simples cálculos influidos por prejuicios ideológicos. La segunda es conseguir una clara caracterización biológica de las entidades resultantes de la fecundación y seamos capaces de distinguir entre verdaderos embriones humanos (sanos o más o menos gravemente enfermos) y los productos no-embrionarios, carentes de potencialidad para devenir un ser humano. Conocemos ya muchas anomalías cromosómicas y génicas que son incompatibles con el desarrollo.

Cuando esas condiciones se cumplan será posible comprender con más claridad las causas de lo que ahora llamamos pérdida embrionaria espontánea. Esta no será ya vista como mero fracaso biológico, sino como el precio que se ha de pagar a cambio del inapreciable privilegio de la diversidad biológica de cada individuo, de la originalidad irrepetible de cada ser humano, de las ingentes ventajas que la reproducción sexuada y el proceso singularizador de cada gameto que la meiosis proporciona, y también de los errores de la regulación epigenética del desarrollo inicial.” Gonzalo Herranz. El embrión ficticio: historia de un mito biológico. El autor explica su libro. Cuadernos de Bioética 2014; 25: 310-312.


domingo, 10 de octubre de 2021

El hombre nunca ha sido preembrión (X): El “argumento” de la pérdida precoz de embriones

El Prof Herranz, hace ver que cuando se construye una moral sobre presupuestos biológicos no demostrados, el resultado inmediato es la confusión y la argucia para excusar acciones que carecen de ética. Es el caso, esta vez, del “argumento” de la pérdida precoz de embriones que, de forma bien dosificada, es también muy útil para la planificación anticonceptiva y abortista.  

En palabras del Prof Gonzalo Herranz: “Es bien conocido que un número muy elevado de productos de la fecundación se malogran muy tempranamente. Bien podría ocurrir que fueran alrededor de las tres cuartas partes, pero eso es una suposición.

No sabemos cuántos embriones se pierden y seguiremos ignorándolo mientras no dispongamos de procedimientos muy precisos para detectar que la fecundación se ha iniciado y completado. 

Sabemos, sin embargo, que son muchos los casos en que los gametos fusionados no culminan el proceso de la fecundación, pues ni siquiera se realiza la primera división en dos blastómeros: tales fecundaciones no llegadas a término no son, en realidad, fecundaciones. 

…Esa “cuantiosa pérdida” de embriones suscitó el interés preocupado de algunos bioéticos y teólogos, que consideraron que un despilfarro tal de vidas humanas iniciales podría ser prueba del escaso valor biológico, ontológico y ético del embrión humano: pensaban que era razonable dudar que pudieran ser miembros de la familia humana un número masivo de seres cuya existencia rudimentaria y fugaz pasa inadvertida, que a nadie provocan pena ni duelo. 

…En el campo bioético, “el argumento” ha sido presentado a veces recargando las tintas: para resaltar la insignificancia del embrión inicial muerto tan prematuramente algunos lo han echado en la cuenta de la menstruación. Y, así, han hablado de embriones que son expulsados con la cubierta endometrial en lo que parece ser una simple menstruación, o que “entre el 60 y 80 por ciento de los embriones naturalmente concebidos son simplemente baldeados con el flujo menstrual de la mujer, sin que la cosa se note”. 

Son, una vez más, expresiones retóricas, que, en su empeño de depreciar al embrión, ignoran la realidad biológica: los embriones que fenecen antes de la implantación mueren bien en la trompa, bien en la superficie del endometrio; y, lo mismo que los ovocitos no fecundados, sufren autolisis o son fagocitados. Esos ovocitos fecundados se disuelven mucho antes de la menstruación y nada tienen que ver con ella. Sólo los que mueren cuando ya han iniciado la implantación son candidatos al aborto menstrual.” Gonzalo Herranz. El embrión ficticio: historia de un mito biológico. El autor explica su libro. Cuadernos de Bioética 2014; 25: 310-311.


lunes, 4 de octubre de 2021

El hombre nunca ha sido preembrión (IX)bis: El “argumento” de la totipotencialidad

Hay “argumentos” científicos que, sin una rigurosa y elemental comprobación experimental que le acredite su verosimilitud, se abren paso para su aceptación internacional con la sola certeza que le aporta el mero pensamiento hipotético. Ese es el caso de las afirmaciones que sustentan el concepto de preembrión, como lo va dejado diáfanamente claro el Prof Gonzalo Herranz. El “argumento” de la totipontencialidad es una de las falacias que intentaron respaldar la irrealidad del preembrión, con el colosal aplauso ganancial de la industria anticonceptiva. 

Con palabras del Prof Herrnaz: “En fin de cuentas: ¿hay pruebas fiables acerca de la totipotencialidad “fuerte” de los blastómeros de embriones humanos de, por ejemplo, tres o cinco días?; ¿alguien ha demostrado alguna célula embrionaria distinta del zigoto humano que sea capaz de desarrollarse para producir un feto completo, incluidas la línea germinal y las estructuras placentarias? De momento, la respuesta es no….

Algunos autores han llegado a afirmar que los 4 primeros blastómeros son “potencialmente totipotentes”, pero para que el argumento de la totipotencialidad pueda ser tomado en serio en decisiones éticas de enorme trascendencia, necesita superar el nivel de mero experimento mental: los que lo defienden tendrían que presentar niños nacidos de células que no sean el zigoto. Pero no lo han hecho. De momento, el argumento de la totipotencialidad es un argumento vacío.” Gonzalo Herranz. El embrión ficticio: historia de un mito biológico. El autor explica su libro. Cuadernos de Bioética 2014; 25: 310.

jueves, 30 de septiembre de 2021

El hombre nunca ha sido preembrión (IX): El “argumento” de la totipotencialidad

Siguiendo los pasos del Prof Gonzalo Herranz, vemos que la totipontencialidad sirvió también como "argumento" para forzar y mantener la falacia del preembrión, y a pesar de la falsedad científica que refleja, persiste hoy en día su predicamento entre científicos que en su persistencia hacen cada vez más sospechosa la calidad ética de sus trabajos. Lo que es indiscutible, ayer y hoy, es que el "argumento" de la totipontencialidad sigue beneficiando la proyección de la industria anticonceptiva. 

Dejemos explicarse al Prof Herranz: “…Todo el mundo está de acuerdo en que el zigoto es una célula dotada de totipotencialidad, capaz de generar todos los tipos celulares derivados de las tres hojas germinativas: tanto los que van a formar el cuerpo del embrión como los que constituirán las estructuras extraembrionarias. El zigoto es totipotencial en sentido fuerte. Es necesario hablar así porque, desde que se trabaja con células troncales embrionarias, los científicos han deteriorado la noción de totipotencialidad: usan este término para señalar que las células embrionarias que ellos obtienen y cultivan, son capaces de formar colonias de todas las variedades de células y tejidos, pero no son capaces de generar un embrión y sus anejos como una estructura organizada.

¿Qué dice el argumento de la totipotencialidad? Viene a decir que la totipotencialidad es atributo de las células que forman el organismo embrionario en las primeras fases del desarrollo: esas células, iguales entre sí, igualan al zigoto en totipotencialidad. 

Del dato experimental de que, en ciertas especies animales, cuando se separan unos de otros los blastómeros iniciales eran capaces de originar cada uno un organismo completo, dedujeron que eso sería también cierto para el embrión humano; y concluyeron que el embrión humano inicia su existencia como una masa de células totipotentes, que, siendo cada una capaz de originar un embrión, constituía no un ser único, sino una pluralidad de seres que, sólo más tarde, se integraba como una unidad. “Cada célula singular del zigoto, de la mórula o de la blástula, sería una persona humana; porque en las fases iniciales de la embriogenia cada célula resultante de la división del huevo fecundado posee ese poder y virtualidad. Todas esas células son totipotentes; cada una de ellas, si es separada de las otras suficientemente pronto, se convierte en un ser humano”, decía Donceel en 1970, y 15 años más tarde, Grobstein afirmaba que la división del zigoto produce “un agregado de células, cada una de las cuales sigue equivaliendo a un zigoto en el sentido de que puede convertirse en todas y cada una de las partes del embrión y de sus estructuras extraembrionarias”.

Pero tales afirmaciones de hecho son producto de la imaginación. El comportamiento totipotencial de los primeros blastómeros difiere de unas especies a otras. En mamíferos es muy pobre. En el ratón se muestran totipotenciales sólo los dos primeros blastómeros. Los blastómeros más tardíos necesitan el apoyo de blastómeros auxiliares para que se hagan capaces de originar un embrión con su placenta.

En ‘El embrión ficticio’ incluyo un breve relato del fugazmente famoso experimento de Hall y Stillman presentado en un congreso científico en 1993. La comunicación, distinguida con un premio, obtuvo un eco clamoroso en los medios de comunicación. Los autores, que emplearon embriones triploides, inapropiados para determinar la totipotencialidad, presentaron sus hallazgos como demostración de la clonabilidad del embrión humano mediante el cultivo in vitro de blastómeros extraídos de mórulas y envueltos en una pelúcida artificial de alginato. 

Por fortuna, no faltaron los investigadores que recibieron con escepticismo los datos presentados. No les faltó razón: los autores del experimento no sólo quebrantaron las normas éticas de la institución en que trabajaban, sino que fueron obligados a retractar los resultados. Nunca se llegó a saber qué habían hecho y qué habían “fabricado”. Los materiales y datos del experimento fueron destruidos. Algunos datos indirectos permiten sospechar que se trató de una habilidosa falsificación, lo cual, sin embargo, no ha sido óbice para que el trabajo de Hall y Stillman siga siendo citado como prueba de la totipotencialidad de los blastómeros.” Gonzalo Herranz. El embrión ficticio: historia de un mito biológico. El autor explica su libro. Cuadernos de Bioética 2014; 25: 309-310.