sábado, 28 de marzo de 2026

Ética de la investigación (VIa)

Para garantizar la esencial finalidad de servicio que debe tener toda investigación conviene que los científicos se esfuercen en la sinceridad. 

Cuestión: ¿Cómo prevenir el fraude? ¿Qué teclas se deberían tocar para que no se produjese? 

Respuesta del Prof. Herranz: “Se han identificado con bastante precisión los factores que favorecen el fraude en las publicaciones científicas. Hay muchos libros sobre el tema y mucha investigación realizada. Pero lo importante es prevenir el fraude, educar no para hacerlo repugnante u odioso, sino para crear un amor fiel por la verdad.

Es decisivo crear en todos los Centros de Investigación un ambiente sano, de trabajo en equipo, que fomente el apoyo en los fracasos tan frecuentes en investigación: fallan las hipótesis, se malogran o arruinan algunos experimentos, se pierden datos, fallan las técnicas, se contaminan los cultivos, se "muere" un disco duro. Trabajar en equipo es también superar juntos esos fracasos. El ambiente ha de facilitar la sinceridad, es decir, la confesión y aceptación de los propios y frecuentes fallos o errores; ha de fomentar el trabajo sereno, sin pausa y sin prisas, que evite el estrés, las tensiones, las envidias, cosas que muchas veces afectan a los investigadores jóvenes y a los no tan jóvenes. 

Aunque sea un derecho, y el único modo de trabajar en ciertas ramas de la investigación, trabajar en solitario en investigación biomédica puede ser fuente de problemas. Trabajar con poco o ningún contacto con los mentores o los compañeros genera situaciones de riesgo muy elevado, pues facilita la comisión de fraudes y falsificaciones. Se imposibilita que los demás puedan supervisar y corregir el trabajo…” En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 216-217.


viernes, 20 de marzo de 2026

Ética de la investigación (V)

Los descubrimientos científicos deben reflejar la pulcritud del trabajo de investigación. Tarea nada fácil y siempre imprescindible para la veracidad de los hallazgos. Desgraciadamente no siempre ocurre así.  

Cuestión: Usted ha centrado su docencia durante muchos años en la ética de la investigación biomédica. El fraude de la investigación científica no disminuye. Según se desprende de un reciente artículo (Journal of Medical Ethics 37; 249-253, 2011) entre 2000 y 2010 se retiraron 742 artículos de la base de datos PubMed. 

Respuesta del Prof. Herranz: “No parece que el problema del fraude en investigación biomédica sea un fenómeno reciente. Los historiadores de la ciencia han puesto de relieve que incluso grandes lumbreras del pasado hacían sus apaños, arreglaban los datos para que la demostración y la plausibilidad de las leyes que descubrían o formulaban resultasen más convincentes y elegantes. La elegancia de la demostración ha invitado muchas veces a acicalar los datos para aumentar la estética.

Tampoco parece que el problema del fraude en la investigación sea una cuestión exclusiva de la biomedicina. En otras ciencias, sobre todo las que se basan en la investigación empírica -la sociología, la psicología aplicada, por ejemplo-, el fraude ha infectado mucha investigación, y de forma muy grave. Incluso la Teología está afectada por este mal: citación manipulada y traducción acomodaticia.

No tenemos datos del pasado, ni tampoco suficiente cantidad de datos recientes, para afirmar si el fraude está creciendo o no. Ciertamente, hoy se dispone de medios muy eficaces tanto para perpetrar fraudes como para detectarlos. La manipulación de imágenes o trazados gráficos mediante el hábil manejo de programas de ordenador permiten mostrar como reales cosas increíbles, presentarlas con una verosimilitud muy grande. Algunas revistas han adquirido tecnologías muy avanzadas para descubrir esas falsificaciones. 

Para detectar esos fraudes han creado una especie de laboratorio de policía científica. En este sentido, el episodio famoso de Hwang (la presunta clonación de embriones humanos) es muy ilustrativo: se comprobó posteriormente que las imágenes de sus trabajos habían sido manipuladas.” En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 215-216. 

jueves, 12 de marzo de 2026

Ética de la investigación (IV)

Abundando en la respuesta del Prof. Herranz sobre los límites éticos de la investigación, sigue su argumento:

"La frase, que está recogida en la Declaración de Helsinki, de que jamás los intereses de la ciencia o de la sociedad podrán prevalecer sobre los del individuo, viene de Max Simón: la escribió en su Déontologie Medicale de 1845. Pío XII lo toma probablemente de ahí, y es lo que señala repetidamente en su discurso de 1952… 

Pienso que el libro de Simón es digno de ser leído. Un tanto retórico, pero lleno de energía ética. En él se puede leer: "No es posible ponderar en exceso este principio de respeto al paciente: el paciente más indigente, el más pordiosero, el más inútil a la sociedad, no puede ser sometido a experimentos arriesgados o peligrosos sin su consentimiento. ¡Perezca antes la ciencia que este principio!". 

Es una retórica tan barroca como sincera: una defensa muy antigua y muy genuina de la independencia moral de la persona frente al experimento. 

Pero, al lado de eso, Simón preconizaba la realización de proyectos de investigación coordinados, multicéntricos, que reunieran la mayor cantidad de experticia y la mejor metodología, para llegar a conclusiones válidas cuanto antes." En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 214-215.

viernes, 6 de marzo de 2026

Ética de la investigación (III)

Seguimos con la respuesta del Prof Herranz: 

“Conocía los discursos bioéticos de Pío XII, una de las primeras manifestaciones de la bioética contemporánea. Y uno de ellos, del año 1952, trataba de los límites de la investigación biomédica; del respeto a los sujetos de investigación…. Algunas ideas de ese documento de Pío XII pasaron directamente a la Declaración de Helsinki. Hay que señalar que la Asociación Médica Mundial, con mucha prudencia, quiso oír las opiniones de los líderes religiosos sobre la ética de la investigación; y curiosamente, fue el testimonio del experto protestante, no el del experto católico, el que se refirió ampliamente a lo que Pío XII había dicho sobre el tema. 

Profundizando en ese asunto, tratando de ver de dónde pudo haber tomado Pío XII esas ideas (las fuentes no estaban citadas), pude comprobar que pro- cedían de la deontología médica francesa del siglo XIX, fuentes que habían sido olvidadas por todos, tanto en Francia como fuera. Eran cosas muy básicas sobre el consentimiento libre e informado del paciente para la investigación, y no sólo para las relaciones terapéuticas de médicos y pacientes. 

La cosa era evidente: en la tradición cristiana, tal como destacaban autores del ciclo de la moral médica francesa de mediados del XIX, el dominio del hombre sobre su cuerpo es un asunto de "administración responsable", de algo de lo que uno no es dueño absoluto, sino un don que uno ha recibido y del que se ha de rendir cuenta. 

La defensa del cuerpo no se hacía en nombre de un dominio autónomo absoluto, de "hago con él, o dejo hacer con él, lo que quiera". Lo dijo muy bien Surbled, cuando afirmaba que al hombre le basta atrincherarse tras su voluntad libre: no tiene obligación de explicar sus razones para negarse a un tratamiento o experimento que le propone el médico: el hombre es el administrador de su voluntad, es el apoderado de sí mismo, que sólo tiene que someterse a la voluntad de Dios y darle cuenta de lo que ha hecho con su vida y su cuerpo. Surbled clamaba contra la conducta monstruosa, criminal, de ciertos médicos que engañaban a los pacientes y los sometían a experimentos brutales.” En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 213-214.