sábado, 17 de abril de 2021

EL RESPETO A LA DEBILIDAD (VII)


El enfermo en su condición de debilidad exige que el médico le respete con el ejercicio su actitud de predisposición y humanidad, pero también con su actualizada, y no menos importante, competencia profesional. Claramente lo expresa el Prof Herranz en estas líneas:

   “El reconocimiento de la finitud, plataforma de progreso. El progreso formidable de la medicina moderna con sus métodos diagnósticos y terapéuticos de eficacia increíble ha hecho todavía más patente y luminoso este aspecto.

   Debemos ponernos en guardia ante la tentación del pesimismo anti intelectualista, de las premoniciones… de los que hablan a gritos de una deshumanización tecnológica de la Medicina moderna o de la estructura fabril de los hospitales de hoy. 

   En el fondo, el uso de lo tecnológico-instrumental en Medicina es una manifestación prodigiosa de humanidad, un acto ético elevado, lleno de solicitud. Por desgracia, se escuchan a veces críticas bienintencionadas contra la fría tecnología de los modernos hospitales, y al aparente distanciamiento del médico cuando le separan de su paciente muchos aparatos y muchos colaboradores. Se dice que todo eso ha hecho perder humanidad a la Medicina. 

   Pero nada más falso. El realismo médico no abandona nunca la esperanza. La misma debilidad, la fragilidad biológica, la vejez avanzada o el vicio del desarrollo no pueden ser objeto sólo de conmiseración resignada y fatídica. Ha de ser objeto también de análisis científico. No se podrá curar, pero siempre se podrá aliviar y hacer más llevadero…

   No podemos olvidar que la Medicina y los médicos tenemos una deuda particular con los débiles. Por encima del principio ético general de no discriminar, nos obligan dos razones cualificadas. 

   La primera es la ya mencionada particular obligación de discriminación positiva, que tan hermosamente ha sido formulada por el Comité Nacional de Ética para las Ciencias de la Vida y de la Salud, de Francia, en una declaración en la que condenaba la realización de experimentos sobre ese tipo especial de seres humanos débiles que son los pacientes en estado vegetativo crónico. El Comité concedió a su particular debilidad un alto valor ético, al decir que los pacientes en estado de coma vegetativo crónico son seres humanos que tienen tanto más derecho al respeto debido a la persona humana cuanto que se encuentran en un estado de gran fragilidad.

   La segunda razón es que, en cierto modo, gran parte de los pacientes débiles de hoy son víctimas del progreso médico a las que quedamos particularmente obligados. Es ese un tributo que es necesario pagar, en particular en las etapas que siguen a la introducción de nuevas modalidades terapéuticas.… También porque toda nueva tecnología ha de pasar por una fase de implantación más o menos larga, en el tiempo y en el espacio, hasta que alcanza un nivel óptimo de eficiencia. 

   Mientras no llega a ese nivel porque está todavía en la parte baja de la curva de aprendizaje, o cuando extiende audazmente el área de sus aplicaciones a pacientes que implican riesgos crecientes, es inevitable que un contingente más o menos numeroso de enfermos tratados sobrevivan en condiciones de mayor o menor precariedad... 

   Todos ellos reclaman nuestra atención de modo especial. Nadie se prestaría a colaborar en los avances científicos de la Medicina si no tuvieran la seguridad de que los médicos asumimos de modo pleno ese deber peculiar. Y eso no es posible si los débiles no confían plenamente en sus médicos. 

   La asistencia médica eficaz sólo es posible cuando se da la confianza del paciente en el médico. Pero hoy esa confianza no se basa principalmente en un tipo determinado de simpatía del médico, en su humanidad en sentido popular, sino más bien en su objetividad científica, en la fiabilidad de sus conocimientos, de su competencia, de su familiaridad con los métodos de tratamiento aceptados, en la plena asunción de la responsabilidad por las intervenciones que emprende. Se da así el hecho aparentemente paradójico de que el máximo de subjetividad, la confianza del paciente, se apoya en el máximo de objetividad del médico, es decir, en su competencia y habilidad técnica. 

   Es preciso disipar el falso enfrentamiento entre competencia técnica, experiencia y ciencia del médico, que han de ser necesariamente objetivas, y sus cualidades éticas, su humanidad, su carácter. Y, para lo que nos importa hoy, en su debilidad por los débiles. ¡Qué sorprendente coincidencia! El Diccionario de la Real Academia define la debilidad a la vez como falta de vigor o fuerza del cuerpo o del alma, y como afecto, cariño, que esa condición provoca. 

   Precisamente la verdadera idoneidad y autoridad del médico consiste en la reunión de ambas actitudes. Igual de sangrantes son las heridas que el médico puede infligir al respeto ético que debe a sus enfermos cuando los maltrata con la chapuza terapéutica, o la falta de sensibilidad para lo humano oscurecido por la debilidad extrema.” En “Desde el Corazón de la Medicina”, Libro homenaje de la Organización Médica Colegial al Prof Gonzalo Herranz, 2013, pag 294-306.


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