viernes, 20 de febrero de 2026

Ética de la investigación (I)

Que la investigación médica esté refrendada por la ética tiene transcendencia vital para la sociedad.  

Cuestión: El 13 de octubre de 2002 usted publicó un memorable artículo en Diario Médico. Se cumplían cincuenta años del histórico discurso de Pío XII sobre los límites éticos de la investigación… El núcleo de su mensaje -nunca los intereses de la ciencia o de la sociedad pueden prevalecer sobre los del individuo- está, desde 1975, en la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial. Aunque, como usted ha estudiado en otro momento, este principio tiene antecedentes. 

Respuesta del Prof Herranz: Con el paso de los años, a medida que uno va perdiendo memoria, no parece que queden ya muchas cosas memorables. No creo que sean muchos los que recuerden ese artículo. La razón de escribirlo provenía de un trabajo que yo había publicado poco antes, en el Bulletin of Medical Ethics, sobre los antecedentes católicos de la ética de la investigación biomédica. Hice ese trabajo como reacción frente a la afirmación reiterada de algunos bioéticos norteamericanos de que eran ellos los creadores de la ética de la investigación biomédica, en especial, del consentimiento informado del sujeto de investigación. 

Creo que es de justicia reconocer la enorme aportación de los Estados Unidos a la bioética. Que ellos sean la indiscutible primera potencia mundial en bioética no quiere decir que lo sean todo, o que lo hayan sido siempre, y que todo se lo debamos a ellos. No es correcta esa visión imperialista que a veces exportan, y que obliga, como ocurrió en este caso, a la oportuna rectificación. 

En Núremberg, durante el juicio contra los médicos nazis, el tribunal militar norteamericano necesitaba una normativa sobre investigación biomédica, una ley, en relación con la cual pudieran enjuiciar y condenar a los médicos criminales. En aquel juicio, como en todo juicio que pretenda ser legal, impera el principio de que «sin ley no hay delito»; no se puede inculpar legalmente a nadie en virtud de una ley que no existe. Y en Estados Unidos no había ley de investigación médica. De hecho, solo la había habido en Alemania, donde fue cruelmente burlada. A toda prisa, la Asociación Médica Americana hubo de improvisar unos principios, que se hicieron valer en el juicio de Núremberg como término de referencia. Lamentablemente aquello era una irregularidad judicial, pero ellos eran los vencedores de la guerra…” (seguirá) En “Desde el Corazón de la Medicina. Libro homenaje al Prof Herranz” p 186-192


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