sábado, 27 de junio de 2026

Ética clínica (Ib)

Seguimos la respuesta del Prof. Herranz del envío anterior: …“La ética, el estilo ético del hospital, es una empresa colectiva; se enseña, igual que la medicina, haciéndola. Y eso exige esfuerzo y capacidad de sacrificio; pero sobre todo exige una inmensa sinceridad. Mientras los jefes no sean absolutamente sencillos y sinceros para enseñar ética aprovechando las oportunidades, a veces elementales, otras extraordinarias, no hay manera de arreglar las cosas.

 Me preocupa la resistencia, tanto en los directivos de los hospitales como en los médicos y enfermeras, a aceptar que la fuente más abundante de aprendizaje de la ética viene de reconocer y estudiar los errores, las pifias que se cometen. Curiosamente se ha definido al ser humano como un animal que se equivoca. En todos campos de la vida, el hombre aprende de sus propios errores. No puede haber vida moral sin aceptar esa realidad. El error reconocido y reparado, salva. 

Incluso hubo un momento en que llegué a proponer -nadie me hizo caso- que en los hospitales se instituyera un premio anual, generoso, tentador, para quien presentara el estudio más objetivo, sereno y no acusatorio, de la detección, confesión, investigación, discusión y enmienda de los errores. Hay que premiar a quien consigue desarrollar intervenciones que eviten la repetición de errores. Y eso solamente se consigue, igual que en la autopsia, a base de reconocer que hay que sacar a la luz las lesiones, muchas veces ocultas, desconocidas o mal evaluadas. Sin esa buena relación con los errores, inevitables o no, me parece que la vida moral colectiva e individual en un hospital no puede prosperar. 

Confesar los errores es un modo infalsificable de demostrar que se quiere a la institución, que se la ama de verdad. En ese ambiente de transparencia y sinceridad, estoy seguro, los médicos jóvenes se volcarían y aceptarían la ética médica como un desafío abierto, como un deporte limpio. Considero que la ética todavía sufre, y sufrirá mucho, por la dominante interpretación hipócrita de que nunca pasa nada, de que nunca se hace nada mal, que, en todo caso, todo se puede barrer debajo de la alfombra. 

Ya lo publiqué hace tiempo: los hospitales son la cátedra de ética médica; los profesores de ética han de ser los médicos sénior de los hospitales.”  En El Corazón de la Medicina. Libro Homenaje al Prof. Herranz, p 213-216. 


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