viernes, 21 de julio de 2023

¿Es digno congelar la vida humana? (III)

La causa de que muchos problemas éticos en medicina no tengan fácil solución es porque arrastran tras de sí una complicada trama de opiniones sociológicas, psicológicas, políticas, económicas, etc. que los hace prácticamente irresolubles y cargados de demagogia. Un claro ejemplo es el que venimos debatiendo sobre el futuro de los embriones congelados.

A esos efectos, es interesante la exposición del Prof Herranz:  

“Patéticamente lo decía un editorial de Lancet: Qué pena que no se nos ocurra una palabra que signifique “no permitir desarrollarse más allá del estadio de cuatro células”. Pero esa palabra sería, en caso de ser inventada, una palabra perversa, un truco semántico, pues es una injusticia biológica, llamar meramente cuatro células a los cuatro blastómeros que, en ese momento, son el cuerpo entero de un embrión humano. 

Hablaba ese mismo artículo de que algunos críticos usan las expresiones dejar perecer, morir o destruir como si estuviéramos ante un genocidio de laboratorio. Pero es un sofisma intencionado rechazar esas palabras para describir la acción real de poner término a esas vidas humanas incipiente, exactamente igual que lo hubiera sido si alguien hubiera puesto fin deliberadamente a la vida de cada uno de nosotros cuando éramos embriones de cuatro células.

También la ley ayuda a simplificar el problema, incluso a eludirlo. La ley, nos dicen, pone orden en el caos cuando determina con precisión quien tiene que decidir qué se hace con los embriones congelados: todos los demás deben quedarse al margen, no deben inmiscuirse en lo privado y conforme con la ley. 

Los textos legales son territoriales y ofrecen soluciones distintas en las diferentes latitudes… Pesa, pues, sobre los hombros de los directores de los Bancos autorizados la responsabilidad de darles destino. Que decidan, no los médicos, sino los progenitores: es lo que de modo indivisible e intransferible adjudica a los proveedores de gametos la ley inglesa. Ni médicos ni los progenitores: en Australia, es la mujer que ha proporcionado el oocito quien debe decidir. Esa es también la opinión dominante en Estados Unidos y la que cuenta con mayor apoyo de la jurisprudencia: ésta señala, en concordancia con la ideología del aborto, que la mujer es la dueña de la situación.

Hay que plantar cara al problema. Los problemas éticos no se resuelven negándolos o sometiéndolos a arbitraje legal. Hay que aceptarlos como tales y estudiarlos con sinceridad. Un método que resulta a veces muy eficaz para analizar los complejos problemas de la ética médica moderna consiste en empezar por reducir la cuestión a su núcleo más íntimo. Para eso hay que separarlos de las muchas adherencias (sociológicas, psicológicas, políticas, económicas) que los envuelven y dificultan su análisis. En su momento, llegará el turno a la consideración de las circunstancias, muchas veces de gran relevancia ética.” Gonzalo Herranz, La destrucción de los embriones congelados: reflexión sobre una noticia. Conferencia. Bogotá, 1997.


viernes, 14 de julio de 2023

¿Es digno congelar la vida humana? (II)

Seguimos con el relato anterior que, hace unos años por estas fechas, no pudo menos que levantar un revuelo de conciencia ética a nivel internacional tras la decisión urgente del gobierno inglés de destruir los embriones humanos que mantenían congelados. Son actitudes que hoy en día conviene estar sensibilizados para que esas decisiones no sigan siendo fruto de argumentos tan pobres, infértiles y corrosivos en ética médica y social.

El Prof Gonzalo Herranz sigue razonando sus aportaciones:

“…Aunque la cosa sucedió en el corazón del verano, abundaron los comentarios y también las polémicas. La prensa se encargó de sentimentalizar la ocasión. Se relataron historias de progenitores que, enterados tardíamente por la prensa, trataron, al regreso de vacaciones, sin apenas tiempo, de salvar sus embriones en el último momento; de cónyuges, separados o no, que no se pusieron de acuerdo sobre qué hacer; o que no pudieron manifestar la necesaria decisión concorde porque uno de ellos estaba imposibilitado. Una pareja londinense dramatizó retóricamente el adiós a los doce embriones que dejaba morir extinguiendo la llama de doce velas: lo curioso es que, con ese gesto tan teatral y estético, pretendía desautorizar al órgano vaticano L’Osservatore Romano, por haber calificado de masacre prenatal la masiva y legal destrucción de embriones.

El debate estaba abierto y las voces que sonaron en él fueron muchas y disonantes, como corresponde al pluralismo ético de la sociedad de hoy. Unos, estremecidos de pena, recordaron la matanza de los inocentes. Otros se quedaban tranquilos cuando los expertos les dijeron que los 3300 embriones abandonados a la muerte el 1º de agosto no alcanzan a ser sino una pequeña fracción de los que, cada día y sin que nadie derrame una lágrima por ellos, mueren espontáneamente en el útero de sus madres, por causas naturales o por efecto de la contracepción antinidatoria. 

Se recordaron encuestas que aseguraban que, en el sentir de la mayoría, se puede denegar al embrión inicial, una mota de vida rudimentaria de apenas 0,2 mm de diámetro, los derechos propios de la dignidad del hombre. La conciencia de los buenos ciudadanos se aquietó cuando se cercioraron de que no se estaba haciendo otra cosa que cumplir la ley que el Parlamento, que a todos representa, había aprobado cinco años atrás.

Los médicos no se quedaron callados. Algunos de los que practican la fecundación in vitro y que son responsables de los bancos en que se conservan congelados los embriones sobrantes, declararon que la ley era demasiado rígida y que carecía de compasión. Otros, en cambio, se alegraban del carácter firme e inequívoco de la ley, pues evitaba todo quebradero de cabeza: para ellos, todo embrión no reclamado conforme a lo prescrito, era un embrión que tenía que ser destruido, pues conservarlo constituye un delito tipificado. No podían exponerse a ir a la cárcel o a que les retiraran la licencia para seguir trabajando en la especialidad por preservar unas vidas que ya no interesaban a quienes las habían promovido. Otros, en fin, decían que era comprensible que los padres que ya habían conseguido tener un hijo mediante la reproducción asistida se olvidaran de los embriones congelados: ya habían obtenido lo que buscaban…

…No faltan recursos ideológicos para relajar la tensión ética del problema o para vaciarlo de contenido moral: basta, en el plano ético, inclinarse por la opinión de que los embriones humanos carecen de entidad humana, son mera posibilidad, potencialidad escueta; basta, en el plano legal, atenerse a la letra de la ley: en fin de cuentas, las leyes son ética, aunque mínima.

¡Con qué fuerza anhelan algunos que los embriones humanos fueran simples entidades prehumanas, y que pudiéramos disponer de ellos como si fueran cosas!” Gonzalo Herranz, La destrucción de los embriones congelados: reflexión sobre una noticia. Conferencia. Bogotá, 1997. 

jueves, 6 de julio de 2023

¿Es digno congelar una vida humana? (I)

Hace unos años, en el Reino Unido, se estableció que los embriones humanos congelados tenían un tiempo límite. A los cinco años, si no se le daba un destino útil, se debía proceder a su destrucción. Esa disposición para con los embriones congelados se ha hecho general, e incluso se ha agravado el delito ético al facilitar, sin reparo alguno, la congelación del embrión humano de forma indefinida.

El relato al que hace referencia el Prof Gonzalo Herranz es muy significativo:

“La destrucción de 3300 embriones que habían alcanzado la fecha de caducidad que les marcaba la ley británica no fue una noticia para entretener el ocio del verano europeo. En torno al 1 de agosto de 1996, cuando muchos se iban o venían de vacaciones, esos minúsculos seres humanos ocuparon el primer plano de la actualidad en conversaciones, artículos de periódicos, entrevistas de la radio o en reportajes de la televisión. A nosotros los médicos nos conviene reflexionar sobre lo acontecido, porque pone a prueba nuestras convicciones éticas más profundas.

Relatar lo ocurrido es fácil. La Ley de Fecundación y Embriología Humana de 1990 establece, en el Reino Unido, que los embriones congelados pueden ser conservados por un plazo de 5 años. En consecuencia, los embriones congelados antes del 1º de agosto de 1991, día de la entrada en vigor de la ley, y que no hubieran sido usados tenían que ser destruidos antes de terminar el 31 de julio de 1995, fecha límite de su conservación.

Era obvio que ese momento tenía que llegar. Ya, al comienzo mismo del año, sonó la voz de alarma en las páginas del British Medical Journal. El 1 de mayo de 1996, el organismo que aplica la Ley de Fecundación y Embriología Humana modificó su Código, señalando que los embriones humanos nunca se conservarán más allá del periodo máximo normal de 5 años, a menos que las personas que han proporcionado los gametos, incluidos los donantes, soliciten un periodo de conservación más prolongado, que nunca los embriones humanos deberán conservarse más allá del periodo máximo especificado por estas personas, y que será excepcional prolongar el almacenamiento más allá de los 10 años. 

Ante la concesión de esa prórroga, los centros de reproducción asistida trataron de localizar a los progenitores biológicos de los embriones crioconservados, pues son ellos, de acuerdo con la ley, quien ha de decidir sobre el destino que se ha de dar a los embriones. No fue una tarea fácil contactar con tantos y tan dispersos. Al expirar el plazo, se había podido dar con casi las dos terceras partes de ellos. Fueron éstos los que pudieron acogerse, y lo hicieron masivamente, a la nueva normativa.

De todas formas, llegado el 31 de julio, existían unos 3300 embriones cuyos progenitores o no pudieron ser localizados, o decidieron abandonarlos. Esos embriones fueron descongelados y destruidos de diferentes modos: dejándolos morir a la temperatura ambiente, sumergiéndolos en alcohol, sometiéndolos a choque osmótico en suero salino hipotónico, para ser desechados por el vertedero o enviados al horno de incineración.” Gonzalo Herranz, La destrucción de los embriones congelados: reflexión sobre una noticia. Conferencia. Bogotá, 1997.


jueves, 29 de junio de 2023

Aspectos médico-farmacéuticos del embrión humano (y VII)

Es evidente que el embrión humano no es hipotético en los primeros días de su existencia. 

El Prof Herranz lo expone de forma clara y rigurosa. Es muy conveniente considerar esta exposición si se quiere trabajar con criterios científicos y éticos.  Su difusión actual parece especialmente adecuada:

5. La obligación de informar sobre el embrión. Quiero terminar refiriéndome a un aspecto típicamente farmacéutico y médico de sus relaciones con el embrión: necesitan tenerlo en cuenta, han de hablar de él con sus madres. Han de referirse a él como a un ser humano, cuando informan a sus pacientes en las consultas prenatales, y, sobre todo, en el momento de prescribir y dispensar. Es importante hablar de seguridad y riesgos de los medicamentos en los dos primeros meses de la gestación.

Pero eso se hace poco. Parece existir, en muchos ambientes médicos y farmacéuticos, en la práctica profesional y en la investigación, una conspiración de silencio en torno al embrión en el seno de la madre. Se prefiere olvidarlo o anularlo, con el propósito de descargar la tensión ética de la destrucción embrionaria de la contragestación y de la reproducción asistida.

Para conseguirlo, se ha acudido a una redefinición de conceptos y a la puesta en circulación de un lenguaje nuevo,… Redefiniciones que vienen avaladas por ciertas corporaciones político-científicas, más interesadas probablemente en revestir de aparente dignidad las rutinas profesionales, que en esclarecer la realidad de los hechos. 

Se acude, por ejemplo, a la autoridad de un diccionario, publicado bajo el patrocinio del ACOG (el American College of Obstetrics and Gynecology), en el que se define la concepción como la implantación del blastocisto y que, por tanto, no es sinónima de fecundación. La gestación se define como el estado de la mujer después de la concepción y hasta la terminación del embarazo.

Las nuevas definiciones recibieron la bendición de la FIGO (la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia), que había sido encargada por la Organización Mundial de la Salud, en 1985, de desarrollar una definición precisa de gestación. Ofreció esta: “La gestación sólo se establece con la implantación del huevo fecundado”. De acuerdo con las definiciones precedentes de concepción y gestación, son agentes abortifacientes sólo los que actúan para interrumpir la gestación después de la implantación. El período preimplantatorio del embrión ha sido escamoteado.

Lo grave es que la redefinición léxica ha sido elevada a la categoría de hecho biológico duro e inapelable: “El hecho biológico es que la gestación comienza con la implantación y no con la fecundación. Cuando un procedimiento de regulación de la fecundidad actúa antes de la implantación, es importante ética y médicamente explicar a las pacientes que el método no es abortifaciente. Comprendemos que puede haber opiniones diferentes acerca de cuando comienza la gestación, pero [...] esas creencias no pueden cambiar el proceso biológico implicado”. 

El embrión humano en su primera semana queda así cínicamente relegado a la triste condición de los “desaparecidos”. Su destrucción no aparece en el catálogo oficial de conductas éticas. Esta es a ojos vistas una actitud agresiva, acientífica, manipulativa, pues no se basa en la observación de los hechos, sino en su supresión parcial, caprichosa y voluntarista. 

Hemos de hablar mucho, y con mucho amor, de que hay dos culturas. Una cultura de la vida, que implica respeto y asombro, veneración y celebración… 

¡Qué pobre en comparación se nos aparece la cultura de la muerte, con su ejercicio del dominio posesivo sobre el hombre, su manipulación de los conceptos, su agresividad violenta hacia los más débiles, incluso su pretendido derecho a decir quién es científico y quien no!” Gonzalo Herranz. Intervención en el Congreso Internacional El Inicio de la Vida. Identidad y Estatuto del Embrión Humano 15 y 16 de febrero de 1999. 


jueves, 22 de junio de 2023

Aspectos médico-farmacéuticos del embrión humano (VI)

Seguimos avanzando en estos apartados. Se trata de dar voz y atención al embrión que pueda precisar tratamiento. 

El Prof Herranz clarifica este aspecto: 

4 La investigación clínico-farmacológica en los dos primeros meses de la gestación. El embrión y el feto, lo mismo que la mujer gestante, siguen mereciendo hoy ser llamados "los huérfanos de una terapéutica en expansión". Para comprobarlo, no hace falta más que leer los prospectos que los fabricantes colocan en los envases de los medicamentos. Suelen decir cosas de este tenor: "No hay datos acerca de sus posibles efectos sobre el embarazo. No debe administrarse a mujeres gestantes". 

El embrión y su madre son los desheredados de la farmacopea de hoy, porque han sido excluidos de la investigación clínico-farmacológica. Constituyen una de las llamadas "poblaciones especiales", sobre las que gravita la prohibición tácita de ser incluidos como sujetos de investigación en los ensayos clínicos.

La necesidad de defenderlos de riesgos y abusos potenciales los ha puesto al margen de muchos avances terapéuticos. Su seguridad ha sido pagada con la ignorancia.

…Si a estos desafortunados episodios sumamos el temor del médico a ser víctima de un juicio por mala práctica si se le acusa de haber inducido un trastorno del desarrollo y, sobre todo, el pánico de la industria farmacéutica ante los efectos morales y económicos de una demanda multitudinaria por daños atribuidos a alguno de sus productos, se comprende que se haya constituido en regla general evitar, durante el embarazo, el consumo de medicamentos fuera del caso de absoluta necesidad.

Esta es la doctrina oficial, la norma vigente: "Si es posible, no debería tomarse ningún medicamento durante el primer trimestre del embarazo. Además, deberán sopesarse cuidadosamente los beneficios y los riesgos de tomar medicinas durante toda la gestación y el parto"….

Por fortuna, se está tratando de poner remedio a esta situación de carencia. Se ha denunciado como una injusticia histórica la marginación de la mujer, y en particular de la mujer gestante, de la investigación biomédica, y se han tomado medidas a nivel institucional para conseguir que las mujeres y los hombres disfruten de igualdad de oportunidades para participar en los beneficios y en las cargas de la investigación…

Imaginemos, por un momento, el futuro, cuando se haya alcanzado el pleno y necesario dominio de las técnicas de terapia génica en células somáticas y nos encontremos ante el desafío de aplicarlas o no a las células de la línea germinal, para curar las enfermedades hereditarias, no sólo en los pacientes que las sufren, sino también en sus descendientes. Una cosa está clara: para que las promesas de la terapia génica de la línea germinal se realicen en un contexto verdaderamente humano, es requisito ético ineludible aplicarlas conforme a las normas exigidas por el respeto a la vida humana naciente y a la dignidad de la procreación… El candidato ideal al que se ha de aplicar esa terapia será, sin duda, el embrión humano unicelular o de muy pocas células, fruto del acto de amor de unos padres, que el médico recuperará de la trompa de su madre, lo tratará in vitro, y lo restituirá, curado, al útero de su madre.

Esa actitud positiva contrasta fuertemente con el negativismo de algunas instituciones que consideran intangible el genoma humano ante modificaciones que puedan transmitirse hereditariamente, como con las posturas, meramente pragmáticas, impermeables al mensaje de respeto a la vida del embrión y a la dignidad de la procreación.” Gonzalo Herranz. Intervención en el Congreso Internacional El Inicio de la Vida. Identidad y Estatuto del Embrión Humano 15 y 16 de febrero de 1999. 


viernes, 16 de junio de 2023

Aspectos médico-farmacéuticos del embrión humano (V)

Las presiones de los intereses de la industria farmacéutica enmascaran desde los comienzos hasta la actualidad, con gran eficacia, la verdad de la acción anticonceptiva: no interesa que se valore con propiedad su innegable efecto abortivo.

Claramente lo expresa el Prof Herraz, en este nuevo apartado:   

3. La ética de la contragestación. La historia de la farmacología de la contracepción hormonal señala una clara tendencia evolutiva: su punto de acción se ha ido desplazando de la mujer al embrión.

Empezó siendo anovulatoria: la píldora de primera generación trataba de impedir la ovulación con el propósito claro de que no pudiera darse la fecundación, y lo conseguía a costa de su elevado contenido hormonal. 

Ahora no excluye la acción interceptiva: ya no interesa interferir con la ovulación, pues es más eficaz impedir la nidación del embrión. Y si la nidación se ha cumplido ya, se lo puede eliminar mediante la píldora abortiva, que tiene su máximo de eficacia frente al embrión de menos de 8 semanas. De la anticoncepción se ha pasado a la contragestación.

…En cierto modo, se ha cerrado ya el arco contraceptivo. En un trabajo muy reciente sobre la eficacia contraceptiva de la mifepristona, se dice: “Una dosis baja de mifepristona, que no inhibe la ovulación, reduce de modo significativo la fertilidad al alterar el endometrio”. 

Se considera la contracepción endometrial como un camino lleno de promesas y muy atractivo, pues permitirá dejar intacta la función ovárica y no perturbará prácticamente el curso del ciclo menstrual. El costo de la contracepción correrá íntegramente a cargo del embrión y resultará fisiológicamente gratis para la mujer. 

Y también en el aspecto ético-social: para tranquilizar las conciencias, se habla de contracepción endometrial, como si la cosa nada tuviera que ver con el embrión. Pero conviene no olvidar que la farmacología de la contracepción endometrial busca alterar en forma mínima el endometrio en lo que mira a la mujer, pero lo vuelve inhóspito en lo que mira al embrión. Aprovechando el conocimiento cada día más preciso del continuo y sofisticado diálogo molecular que mantienen madre y embrión, se procura alterar específicamente la expresión de ciertos factores que son necesarios para la implantación. El resultado es la inhibición de la implantación del blastocisto.

Como una derivación perversa del modelo diádico (materno-embrionaria), se quiere convertir al embrión en el blanco único de la nueva contracepción, ya sea hormonal, inmunológica o de otro tipo. Ésta se propone no interferir, o hacerlo mínimamente, con la fisiología de la mujer, para concentrar todo el efecto sobre el embrión joven…” Gonzalo Herranz. Intervención en el Congreso Internacional El Inicio de la Vida. Identidad y Estatuto del Embrión Humano 15 y 16 de febrero de 1999.


jueves, 8 de junio de 2023

Aspectos médico-farmacéuticos del embrión humano (IV)

¿Qué importancia tiene la medicina embriofetal? ¿Tiene base su existencia?

El Prof Herranz da su valoración, siguiendo la exposición ya iniciada en anteriores envíos:

“2 b) La farmacología de la diada materno-embrionaria

Siempre, el médico y, en la medida que le corresponde, el farmacéutico han de guiarse por datos científicos sólidos, no por datos anecdóticos que pueden inducir una actitud antiterapéutica poco fundada. Todavía hoy el sombrío recuerdo de la tragedia de la talidomida sigue ejerciendo un efecto pesimista sobre la evaluación general de la teratogenicidad medicamentosa.

Hemos de tener presente que, en el contexto de la diada materno-embrionaria, no es únicamente la madre quien puede enfermar. Puede hacerlo el embrión. Si el embrión cayera enfermo, deberá ser tratado…. El médico deberá aconsejar a la gestante, cuando la prevención o la curación de una enfermedad embrionaria así lo exigiera y para el bien del embrión, la aplicación de tratamientos medicamentosos, la adopción de medidas dietéticas o la modificación del estilo de vida, aunque ello exija algunas renuncias y sacrificios. No podemos olvidar que, de ordinario, son mayoría las madres que están dispuestas a sacrificar algo de su seguridad, de su estilo de vida y de su salud por el bienestar y la seguridad de sus hijos. 

No faltan, sin embargo, quienes piensan que la autonomía de la gestante no debe sacrificarse para satisfacer las necesidades de salud del embrión. Manejan argumentos mucho más jurídicos que éticos para sostener que la madre no tiene obligación alguna de sufrir para que se pueda proporcionar la necesaria atención médica al embrión o al feto. Si lo hiciera, dicen, se rebajaría a cumplir el papel pasivo de contenedor fetal, que se abre a fin de acceder a la criatura, incluso corriendo el riesgo de causar daños al contenedor. 

También se ha criticado el entusiasmo por la naciente medicina embriofetal, pues podría ofrecer un firme apoyo al derecho a la vida del no nacido, derecho que puede entrar en colisión, en especial cuando la madre a correr ciertos riesgos, con el derecho, legalmente reconocido, al aborto.

Por fortuna, las relaciones madre-embrión se mantienen en un campo de gravitación más entrañable y humano que el del análisis frío de los conflictos de derechos que hacen los cultores de la muerte. Sin duda, el futuro desarrollo de la medicina y la cirugía embriofetal, tanto en su vertiente curativa como en la preventiva, incrementará las oportunidades y los conflictos. Es de esperar que la servidumbre más o menos importante que la protección de la salud y el bienestar del embrión o el tratamiento de sus enfermedades exija de las gestantes sea prestada con el amor y disponibilidad propios de una madre. No olvidemos que en nuestra lengua, gestar es llevar y sustentar la madre en sus entrañas el fruto vivo desde la concepción hasta el momento del parto. 

Ese tiempo, de la concepción al parto, tiende a ampliarse, para incluir el período preconcepcional, los días que inmediatamente preceden a la fecundación. Ese tiempo se ha convertido en un momento de alta temperatura farmacológica. Es el momento en que han de actuar los fármacos que tratan de evitar la aparición de ciertos errores del desarrollo y concretamente de los trastornos del cierre del tubo neural. Pero también, y paradójicamente, incluye los días en que actúan los fármacos o venenos contragestativos, que tratan de destruir al embrión recién concebido, bien interceptando el mecanismo de nidación, bien actuando como abortivos de la fase embrionaria.” Gonzalo Herranz. Intervención en el Congreso Internacional El Inicio de la Vida. Identidad y Estatuto del Embrión Humano 15 y 16 de febrero de 1999.