sábado, 24 de julio de 2021

Es urgente vacunarse contra la eutanasia (I)

De manos del Prof Gonzalo Herranz vamos a valorar, sucesivamente, como la eutanasia parte de un pensamiento que tiene las características de enfermedad infecciosa, con una muy alta potencialidad contagiosa junto a una capacidad de propagación ilimitada, lo que hace no sólo que sea muy necesaria, sino también urgente, una vacunación que impida el poder progresivamente deletéreo del pensamiento eutanásico. Ese pensamiento ya fue en el fondo juzgado en Núremberg, como hemos visto. 

Pasemos a las consideraciones del Prof Herranz:

“En el planeta, Holanda y Bélgica han sido las sedes de la “prueba piloto” de los efectos de la aceptación social de la eutanasia. En quienes llegan a practicarla se produce un efecto psicológico en cascada, del que es muy difícil echarse atrás; se pierde el respeto por la vida y la autonomía de los pacientes y las familias, y por parte de los ciudadanos, la confianza en los médicos y las enfermeras. Aquí se describe la evolución de los argumentos y términos a favor de la eutanasia, y la seria dificultad de las autoridades sociales para controlarla. Las conclusiones de investigaciones científicas sobre la experiencia holandesa y otros estudios, llevaron a que el Comité de la Cámara de los Lores de Inglaterra concluyera la conveniencia de no legalizarla.

La eutanasia no tiene conformidad con el ethos de la medicina. Es incompatible: no puedo imaginar un médico investido por ley del paradójico y discrecional privilegio de dar muerte a algunos de sus pacientes. Reconozco que, para ciertos espíritus sensibles, la eutanasia puede ser a veces una tentación casi irresistible. Pero con plena lucidez veo que si un médico sucumbe a la idea de que es profesional y éticamente correcto poner fin a la vida de uno de sus enfermos, ya no podrá de ofrecer ese “remedio” a más pacientes cada vez y con más anticipación. La eutanasia no es medicina, porque no la completa: la sustituye.

La eutanasia nos interpela a todos

La inquietante pregunta: “¿no es la eutanasia, acaso, la solución de muchos problemas?” no tiene un pelo de retórica. Se nos dirige casi a diario: en las noticias de la prensa y en los debates televisivos, en encuestas promovidas por casos dramáticos o tras estrenos de filmes de gran éxito, en las deliberaciones de los comités de ética de los hospitales o en estudios demoscópicos que pulsan la opinión pública ante propuestas legislativas.

La respuesta del público depende en buena medida de los mensajes que le envían los promotores de la eutanasia y, en medida mucho menor, los detractores de ella. Merece la pena considerarlos con circunspección. Es patente que, en muchas cosas, todos estamos de acuerdo: estamos todos a favor de la buena muerte, del morir sereno y digno, en cuidar con competencia técnica y humana del bienestar físico del moribundo, de aliviar sus síntomas, de atender sus legítimos deseos, de que muera acompañado del afecto de los suyos, confortado con el consuelo espiritual. Es patente también que, entre otras cosas, estamos profundamente divididos. En concreto, sobre si hay, o no, vidas humanas de calidad, biológica o existencial, tan carentes de sentido, que sería justo y digno ponerles fin.

Los promotores de la eutanasia llevan ya tantos años enviándonos sus persuasivas eslóganes, que buscan nuestro apoyo para que se despenalice la eutanasia y se instale en la sociedad la idea de que es éticamente correcto terminar las vidas carentes de calidad. Ese mensaje ya no es hoy sostenible. En los países avanzados han tenido que cambiarlo sucesivamente, para adaptarlo a las mudables circunstancias de ideas, lugar y tiempo. Conviene conocer la realidad de la eutanasia para evaluar los mensajes que sobre ella recibimos". Gonzalo Herranz "La metamorfosis del activismo pro eutanasia" Persona y Bioética, 2014, 22-23, pag 16-21.


martes, 20 de julio de 2021

La eutanasia también fue condenada en Núremberg


  El Código de Núremberg, del que vamos a celebrar pronto el 75 aniversario, constituye una lección de oro de Ética Médica. No es nada recomendable que la olvidemos. El recuerdo de la sentencia del Tribunal Militar contra los médicos y sanitarios nazis por sus crímenes contra la humanidad y la medicina será, y debe ser, siempre actual. 

   Allí se explicitó de forma meridianamente clara, para formar parte del Código Médico Internacional, las características esenciales que tiene la autonomía del paciente. Al paciente no se le puede confundir ni dejar al margen a la hora de la actuación médica, y en concreto:

   1) al enfermo se le debe garantizar su dignidad, respaldada por el Código Deontológico Médico, y no puede nunca ser tratado como objeto de mayor o menor utilidad, como así es calificado por la eutanasia.

   2) a su vez, el paciente, frente al médico, no puede renunciar nunca de su condición de persona y siempre debe exigir no ser considerado en grado de utilidad, como así también es apreciado por la eutanasia.

   Viene apropósito para estimar la importancia histórica del Código de Núremberg en la actuación médica, saber leer entre líneas las siguientes afirmaciones del Prof Gonzalo Herranz al final de una conferencia, en 1997, que tituló: “El Código de Núremberg: ¿ha sido demasiado exigente? La historia de un olvido”

“…Añadir dos ideas muy breves. La primera es esta: la herencia ética del Código de Nuremberg sigue sin agotarse; la doctrina ética del código puede enriquecer por igual el alma de los investigadores y la de los sujetos. Para eso es necesario considerarlo primariamente como un documento ético, y no como un mero documento jurídico, de legitimidad dudosa y de contenido “plástico”, susceptible de interpretación minimalista. 

La segunda idea es esta otra: el progreso moral en medicina va ligado necesariamente a la humildad de reconocer que no hay lugar para la exención ética. Los médicos nazis fueron condenados por un tribunal militar americano; pero fueron militares americanos, que se creyeron no afectados por las normas de Núremberg, quienes con más recalcitrancia quebrantaron las normas que ellos mismos habían promulgado. Fueron médicos designados precisamente por las asociaciones médicas nacionales los que actuaron como expertos y consejeros ante el Tribunal de Núremberg; pero fueron las asociaciones médicas nacionales las que retrasaron de modo increíble la puesta en vigor de las normas del Código. 

La idea es relevante. En este año se han promulgado documentos bioéticos que, aunque imperfectos, están llamados a alcanzar gran resonancia: la Convención de Bioética del Consejo de Europa y la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos del Hombre, de la UNESCO. 

¿Qué destino les espera: la puesta en práctica prudente pero inmediata o el abandono? Para esto también, el Código de Núremberg es una lección.” 

En “El Corazón de la Medicina”. Libro Homenaje al Prof Gonzalo Herranz, 2013, pag. 375-383.


sábado, 3 de julio de 2021

En torno a la legislación de la eutanasia (y III): La eutanasia complace a quien la ejecuta


En este tercer apartado seleccionado de los escritos del Prof Gonzalo Herranz sobre la aberración médica que supone la eutanasia, se expone con notable clarividencia el poder de atracción que suscita la eutanasia en los ejecutores de la misma, lo que inevitablemente recuerda los perfiles de conducta más propia de cierta variante de drogadicción, con consecuencias devastadoras en quien la practica. 

"Es necesario seguir repitiendo la cláusula del Juramento hipocrático "no daré un veneno a nadie aunque me lo pida". Hay que hacerlo, pues lo básico ha de ser repetido muchas veces. Pero los médicos no necesitamos sólo doctrina ética; hemos de educarnos también en psicología moral. Me parece que la progresión que se ha dado en Holanda, donde, en pocos años, se pasó de ver la eutanasia como recurso médico excepcional a practicar eutanasias involuntarias, depende no de teorías metaéticas, sino de la psicología ética del médico, esto es, de que este cuide su alma. 

Un médico debería haber reflexionado a fondo sobre lo que le ocurre cuando accede a practicar su primera eutanasia. Debería haberse concienciado de que si no reconoce su error, si no se arrepiente de lo que acaba de hacer y no renuncia definitivamente a ese comportamiento, entra en un torbellino moral del que no podrá salir. 

Si piensa que su comportamiento está justificado, que haber dado muerte a un paciente que se lo ha pedido es una decisión racional y conforme a su ética, no podrá dejar de hacer eutanasias en el futuro. Las virtudes propias del médico le obligarán a hacerlas más veces y más pronto.

Si es fiel a su mentalidad preventiva, no podrá posponer su decisión y dejar que las cosas lleguen a un punto extremo: su deber de ahorrar dolor, de beneficiar al paciente le llevará a ver indicaciones cada vez más tempranas para la eutanasia. Ante su próximo paciente terminal anticipará unos pocos días, unas pocas semanas, la práctica de la eutanasia con respecto a su paciente anterior. Dirá: "no es humano, no puedo permitir que las cosas lleguen a tanto". 

...El médico queda atrapado en la propia dinámica de su moralidad profesional, y ya no puede dejar de matar. No se puede pensar que lo haga por perversidad. No hay monstruos morales en Medicina. Lo hará simplemente por mero sentimiento, por un falso sentido de justicia, por no denegar a un paciente lo que ha dado a otro. 

La reflexión sobre el proceso acerca de cómo se inicia y se consolida la actitud del médico ante la eutanasia debería ser tema obligado para todos los estudiantes de Medicina. Lo hacen en Holanda como programa para desensibilizar a los estudiantes. Habría que escribir seria y documentadamente la historia de la conversión de un médico hipocrático en un médico que ya no se resiste a la eutanasia, que piensa que la eutanasia es parte de la buena profesionalidad.(en el libro Homenaje al Prof Herranz “El Corazón de la Medicina”, pag. 123-140).

domingo, 27 de junio de 2021

En torno a la legislación de la eutanasia (II): La eutanasia como posible instrumento de transplantes

En este nuevo envío, podemos comprobar cómo la mentalidad eutanásica, puesta en marcha, se ve impotente para poner freno a las mayores aberraciones y atrocidades, realizadas y revestidas de pretexto médico. Merece la pena leer lo que el Prof Herranz describe a este propósito:

"...En esa reunión que tuvo lugar en la Real Academia Belga de Medicina, y en la que intervinieron también médicos de Luxemburgo y de los países del Eurotrasplante (Países Bajos, Alemania, Austria y parte de la antigua Yugoslavia, entre otros), se propuso que los pacientes neurológicos, sobre todo los de enfermedades de la neurona motora, podrían ser candidatos muy prometedores para el trasplante, pues sus órganos están en mejores condiciones que los provenientes de cadáveres. Es necesario obtener esos órganos cuando todavía no han sufrido daños debidos a la anoxia post-mortal. 

Hay pacientes, por ejemplo con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que piden la eutanasia, pues no pueden practicarse a sí mismos el suicidio. Para que la donación sea posible, es necesario trasladar al enfermo de su domicilio particular al hospital, donde se practicará primero la eutanasia y posteriormente la extracción de los órganos para donación. El paciente tendría que ingresar directamente en el quirófano, ser preparado para una intervención quirúrgica de extracción de órganos (a la vez que en un quirófano contiguo se prepararía al receptor), se le practicaría la eutanasia y, en cuanto se certificara su muerte, se procedería de inmediato a la extracción de órganos. 

Esto suscita repugnancia moral, es un tanto macabro. Lo sorprendente del caso es que se discuta a nivel académico. Para dar un poco de brillo ético al asunto se nos dice que se establecerán una serie de directrices. Pero viendo las diapositivas que han sido proyectadas en esa reunión, se siente un poco de alarma, pues la mentalidad utilitarista no tardará en plantearse si la necesidad de obtener órganos en condiciones óptimas (los mejores son y seguirán siendo los de donante vivo), no llevará a operar en vida a los pacientes que solicitan la eutanasia: una vez extraídos los órganos, se procedería a dejar morir al donante." (en el libro Homenaje al Prof Herranz “El Corazón de la Medicina”, pag. 123-140).

miércoles, 23 de junio de 2021

En torno a la legislación de la eutanasia (I)

Vamos a dar paso a una selección de escritos, muy ilustrativos y claros, del Prof Gonzalo Herranz en torno a la agresión que sufre la medicina y la sociedad a través de la de la eutanasia.

"Ya desde el principio se vio que era alto el número de las eutanasias (en Países Bajos) no voluntarias. Se trataba de casos en los que no había una petición racional y reiterada del sujeto: pacientes en estado vegetativo persistente, dementes avanzados o incapaces mentales. 

El fenómeno que, sin embargo, desacredita la validez práctica de la ley fue el número de casos de eutanasia involuntaria; es decir, la eutanasia de pacientes conscientes, cuya vida era considerada por los médicos como carente de valor, improductiva, o exigente de atención médica excesiva. 

Se trataba en muchas ocasiones de ancianos sin familia, abandonados, sin sistemas de ayuda, para los que se juzgaba que la muerte era mejor que seguir viviendo así. Muchos médicos confiesan que han practicado este tipo de eutanasias. 

Es inevitable preguntarse qué diferencia separa el programa de eutanasia de la Alemania nazi y esta forma de dominio sobre la muerte que ejercen hoy esos ilustrados profesionales de la Medicina. Se dice que son decenas de miles los ancianos que en Holanda se han provisto de un testamento de vida para manifestar que rechazan de plano que se les practique la eutanasia." (en el libro homenaje al Prof Herranz “El Corazón de la Medicina”, pag. 123-140).

lunes, 21 de junio de 2021

Importancia de la Deontología en la actividad profesional (y II)


Siguiendo el capítulo iniciado de la Importancia de la Deontología Médica, aprovechamos la enseñanza del Prof Herranz para salir al paso en reclamar dicha consideración, con carácter de absoluta necesidad. Incentivar y adquirir la enseñanza del Código de Deontología, es un deber ya desde las Facultades de Medicina, como asignatura básica y elemental. Si, desgraciadamente, ello no ha tenido lugar, es conveniente proceder a suplementarlo, por el procedimiento más eficaz. No en balde es lo que ilumina la tarea profesional ordinaria y diaria de cada médico. Incluso, me atrevería a decir que esa enseñanza del Código, por supuesto, al margen de interpretaciones y de opiniones personales, debería ser frecuentemente rememorizada y reactualizada en un programa de formación continuada, al igual que se procede con de otras materias básicas en medicina. 

"Ningún estudiante debería licenciarse sin conocer el Código. Las Facultades de Medicina han de enseñar el Código, lo mismo que enseñan Pediatría o Bioquímica. Si, lo que sería penoso, alguna Facultad lo omitiera, el correspondiente Colegio tendría que remediar esa carencia, y ofrecerse a suplirla. Si, de modo incomprensible, alguna cerrara sus puertas, el Colegio tendría que abrir las suyas a los estudiantes, porque la OMC tiene el serio deber/derecho moral de requerir el conocimiento previo del Código para conceder la Colegiación. No puede autorizar el ejercicio de la Medicina a un analfabeto en deontología.

En la Licenciatura, se ha de dar un curso de duración suficiente sobre el Código y darlo con categoría, ganando el corazón de los estudiantes, ilusionándolos por la ética profesional; que sepan que no trabajarán en un desierto moral, sino en un hogar ético, con sus tradiciones, su orden, sus derechos, sus obligaciones fuertes. 

Los médicos jóvenes han de ser “fans” del Código... Los Colegios y las Facultades no pueden vivir de espaldas, han de colaborar. Pensemos que la demografía médica es muy cambiante. A ojo de buen cubero, en un decenio se renueva entre un cuarto y un tercio de la colegiación...  Si (los nuevos médicos) llegan con el Código asimilado, podrían ser el fermento en la masa. Ese es un argumento y una invitación fuerte a enseñar el Código; más aún, a enseñar a cumplirlo. 

El Código puede enseñarse bien como catálogo, bien como diálogo; esto es, como texto muerto y lista de mandatos impersonales, impuestos desde fuera; o como palabra viva, que, a la vez que le configura a uno como persona, le hace miembro de una comunidad moral de colegas. 

La deontología hace al candidato idóneo para la colegiación, para entrar en una sociedad de hombres libres que aman su ley, no como súbditos pasivos que no pueden salirse de la fila. 

La deontología no se manda: cada uno ha de incorporarla con estudio, con debate interior, formando su conciencia." (En “El Corazón de la Medicina” Libro Homenaje (pag. 384-393).


domingo, 13 de junio de 2021

Importancia de la Deontología en la actividad profesional (I)

   



    El Prof Herranz, recientemente fallecido, ha sido un gran maestro en la Ética Médica contemporánea a nivel internacional, pero su magisterio sigue presente entre nosotros, y sus escritos tienen el potencial de iluminar de forma muy intensa el futuro del campo de la bioética, sólo basta en acercarse a ellos para percibirlo.
    En este apartado, nos hace considerar la importancia del Código Deontológico, no en un mirar exclusivo profesional médico, sino como garantía imprescindible del enfermo y base que cimienta la relación médico-enfermo.  

   "El Código Deontológico, es una herramienta imprescindible. Nadie duda hoy que profesionalidad implique mejorar, dar calidad al trabajo, mediante la Educación Continuada, hecha de estudio y autoevaluación. La validación periódica de la competencia se está convirtiendo en un gaje más del oficio. La carrera profesional depende de la calidad científica personal demostrada. Y algo paralelo pasa con la ética.
 
    Desde hace años, repito que los centros sanitarios, hospitales o no, deberían desarrollar cada uno su personalidad ética, su propio estilo, su modo de cuidar las cosas, de tratar a las personas. La idea tarda en abrirse paso, pero se impondrá. Los médicos sensibles a la inspiración de la deontología irán traduciendo el Código, aplicándolo al propio entorno. Las relaciones del médico con sus pacientes cobrarán en cada Centro Sanitario un acento ético particular.... Esto es, qué hacen unos u otros por cuidar el trato (la actitud, el lenguaje, las formas, la imagen) para favorecer la plena confianza del paciente? Cada hospital debería planteárselo libremente y responder con originalidad. Adaptar la ética del Código a las peculiaridades del hospital sería una tarea muy apropiada para los comités de ética asistencial.

   Cumplir y hacer cumplir el Código: eso debería ser una pasión de los directivos, no un asunto marginal del que se habla en ocasiones. En el Orden del día de las Juntas directivas debe estar presente el recordar que uno de los objetivos primordiales es la promoción y desarrollo de la Deontología profesional, difundir los preceptos del Código y velar por su cumplimiento. Es una función primaria, propia, indelegable de los directivos. Ellos podrán pedir consejo y parecer experto a la Comisión de Deontología. Pero el seguimiento del ambiente ético, la promoción y desarrollo de la deontología, es responsabilidad de las Juntas directivas. 
   
   En deontología, los directivos han de hilar fino. ¿Por qué? Porque, en general, el deterioro deontológico, como casi todo en esta vida, tiene comienzos pequeños. Si no se detectan sus primeras manifestaciones, o si, advertidas, se hace la vista gorda, las cosas tienden a ir a más. Sabemos, o nos han contado, por ejemplo, que la ruina ética de un colega pudo detenerse a tiempo y, por negligencia o mala tolerancia, nadie le echó una mano o lo hizo tarde. Eso puede también ocurrir a nivel colectivo. Se empieza tolerando un pequeño fraude, una negligencia menor, y se termina en una pandemia de abuso. 

   A lo largo de los años hablé, en mis clases, de algo tomado de la vieja deontología francesa: que era función del Presidente de las Ordenes departamentales amonestar al colega cuando se detectaban las primeras señales de conducta desviada, para que no siguiera adelante por el camino erróneo. Había de hacer como el árbitro de boxeo que, al comenzar el último asalto, amistosamente recuerda a los púgiles que no se puede golpear por debajo del cinturón. Esa amonestación servía para recordar que hay una deontología preventiva, y que la deontología iba en serio. Me gustaría proponer el abandono del engorroso procedimiento administrativo para la corrección de faltas leves, e instaurar en su lugar esa advertencia preventiva, amistosa, que, sin herir la reputación del colegiado ni dejar huellas en su expediente, le ayuda a rectificar su conducta, a que las cosas no pasen a mayores. Es ese, me parece, un aspecto básico de la confraternidad propio de los directivos: cumplir y hacer cumplir los preceptos del Código amablemente, persuasivamente, sin la violencia del expediente disciplinario. 

   Los Colegios, con el Código en la mano, tendrían que proponerse trasladar la deontología de lo excepcional-punitivo a lo ordinario-inspirador, y aprovechar los primeros errores, y también los primeros rumores, para dar doctrina, o recordarla con gracia, a los colegiados que la necesitaran. Los Colegios tienen ahí un gran campo para el ejercicio de su autoridad moral." (En “El Corazón de la Medicina” Libro Homenaje (pag. 384-393)