Prof. Jérôme Lejeune
Este blog persigue favorecer la Formación Continuada en Medicina. Su contenido principal es la Ética Médica siguiendo el magisterio del Prof. Gonzalo Herranz (1931-2021), que fue: Vicepresidente de la Comisión de Ética del Comité Permanente de la Comunidad Europea; Miembro del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO y Experto ante el Parlamento Europeo, e impartió docencia en numerosas universidades.
miércoles, 11 de enero de 2023
martes, 3 de enero de 2023
Los derechos del paciente, ¿son derechos humanos? (I)
Los derechos del paciente son esencialmente derechos de humanidad, no una amalgama de exigencias muchas veces utópicas, y otras, incluso, diametralmente contrarias a la Deontología Médica Universal.
Las palabras, al respecto, del Prof Herranz, son diáfanas:
“…La relación entre médicos y pacientes es una relación que queda protegida por unos derechos humanos especiales: los derechos del paciente.
Yo no voy a tratar el asunto desde el punto de vista técnico-jurídico, sino desde una perspectiva ético-médica, pues ése es mi puesto de observación. No quiero entrar en la pregunta que, con tenacidad inevitable, inquiere sobre si los derechos de los pacientes son jurídicos o meramente morales, o una mezcla heterogénea de ellos; si son en parte vinculantes y en parte sólo supererogatorios; y si, para ser fuertes y exigibles, han de ser recibidos en una ley positiva.
A mi parecer, los auténticos derechos de los pacientes, los derechos que protegen la dignidad del hombre en la situación precaria del enfermar, vienen impuestos por las leyes de la humanidad. Son universales: sus titulares son todos los hombres enfermos que entablan relación con el médico, se disfrutan por el hecho de que el enfermo es un ser humano, están inscritos en la misma naturaleza de la relación médico/paciente, repelen cualquier tipo de discriminación excluyente.
Sin embargo, la tesis que equipara los derechos de los pacientes a los derechos humanos es discutible y no aceptada por todos, porque hoy los llamados derechos de los enfermos forman un conjunto heterogéneo, en que se entremezclan reclamaciones justificadas, aspiraciones utópicas y exigencias caprichosas.
…De ese análisis, se deriva la conclusión de que los derechos de los pacientes forman un conjunto heterogéneo, dentro del que puede identificarse un núcleo fundamental que no son otra cosa que la aplicación al ser humano enfermo de los derechos humanos fundamentales, junto a otros derechos que no parecen poseer esa condición. Ese mismo análisis muestra que, en ese núcleo básico, faltan algunos derechos esenciales.” Gonzalo Herranz, Departamento de Humanidades Biomédicas, Universidad de Navarra, Pamplona 1998.
jueves, 29 de diciembre de 2022
El respeto ético a la debilidad (y XIII)
La atención paliativa forma parte esencial e intrínseca del quehacer de todo médico y enfermera. Poseerla o no, cualifica o excluye del ejercicio de la medicina.
El Prof Gonzalo Herranz lo expone con claridad:
“Si el médico o la enfermera se dejan llevar de razones utilitaristas, llegan más temprano o más tarde a la conclusión inevitable de que hay pacientes, sobre todo, familiares de pacientes, cuyo deseo de seguir viviendo o de ayudar a vivir, es irracional y caprichoso, pues tienen por delante una perspectiva detestable. Razonan así: “las vidas de ciertos pacientes, unos capaces de decidir y otros incapaces de hacerlo, son tan carentes de calidad, que no son dignas de ser vividas. El empeñarse en vivirlas es un deseo injusto, que conlleva un consumo irracional de recursos, económicos y humanos: ese dinero y ese esfuerzo laboral podrían ser mucho mejor empleados”. No es difícil construir argumentos de apariencia racional que expropian al paciente, o a los responsables del paciente, de la libertad de escoger seguir viviendo.
No son estas situaciones hipotéticas. El laboratorio social que es Holanda ha presenciado ya y, en cierto modo ha confirmado, con jurisprudencia, las cuatro fases de la expansión de la eutanasia.
Cada día que pasa me convenzo de que los Cuidados Paliativos encierran una ética de gran densidad: son un tesoro precioso de la Medicina y la Enfermería, una fuerza que encarna y defiende sus valores éticos más íntimos y básicos. Son, además, el antídoto que nos preserva contra la tentación, temible y atractiva a la vez, de la eutanasia; y que salva a nuestros hospitales del error deshumano del ensañamiento terapéutico.
La obligación de médicos y enfermeras de respetar y de cuidar toda vida humana es una fuerza moral maravillosa e inspiradora… Quiero personalmente agradecerles (a médicos y enfermeras) su interés y dedicación a la atención paliativa. Los cuidados que ustedes prodigan están salvando a la Medicina del gran peligro de convertirla en cómplice de los fuertes contra los débiles… Han escogido ustedes una especialidad llena de futuro. Muchas gracias.” Gonzalo Herranz, Conferencia en el VI Máster de Cuidados Paliativos. Aula “Ortiz Vázquez”, Hospital La Paz de Madrid, 8 de mayo de 1999.
viernes, 23 de diciembre de 2022
El respeto ético a la debilidad (XII)
“Al médico o a la enfermera que hayan sucumbido a la tentación de matar por compasión y llevado a cabo una eutanasia, se les presenta una disyuntiva fuerte: o se arrepienten sinceramente, o con la misma sinceridad ya no podrán dejar de matar. Porque si son éticamente congruentes consigo mismos, y creen que han hecho algo bueno cuando pusieron fin a la vida de su paciente, no podrán rehusar, por coherencia, a seguir haciéndolo. Y lo harán en casos cada vez menos dramáticos y saltándose con mayor facilidad, en nombre de su ética, las barreras legales.
Porque si la ley, como parece en las leyes de eutanasia de primera generación, sólo autorizara la eutanasia o la ayuda al suicidio a quien la pidiera libre y voluntariamente, ¿qué razones podrá aducir el que la haya practicado conforme a la ley, para negarla a quien es incapaz de pedirla, pero se encuentra en una situación biológica tanto o más depauperada, o cuya atención es mucho más cargosa para los demás? Está seguro de que, indudablemente, el que ha dejado un testamento de vida explícito, el demente profundo o el oncológico en coma, la pedirían si tuviesen un momento de lucidez.
Por muy cuidadoso que sea de la autonomía de sus pacientes, por mucho que respete su capacidad de elección, si piensa que hay vidas tan carentes de calidad que no merecen ser vividas, concluirá que a veces sólo queda una cosa que escoger: la muerte del extremadamente débil. Si un médico o una enfermera consideraran que la eutanasia es remedio superior a la atención paliativa, no podrían evitar convertirse en mandatarios subjetivos de los pacientes terminales. Pues, ante un paciente incapaz de expresar su voluntad, razonan así en su corazón: “Es horrible vivir en esas condiciones de precariedad biológica o psíquica. Yo no querría vivir así. Esa vida no es vida. Yo preferiría mil veces morir. Lo mejor, lo único decente que puedo hacer por ellos, es poner fin a su tragedia.” Gonzalo Herranz, Conferencia en el VI Máster de Cuidados Paliativos. Aula “Ortiz Vázquez”, Hospital La Paz de Madrid, 8 de mayo de 1999.
jueves, 15 de diciembre de 2022
El respeto ético a la debilidad (XI)
“A juzgar por lo que dicen ciertas encuestas sociológicas, hay, entre los profesionales de la salud, un sector, de tamaño indeterminado, que acepta la idea de que está justificado, e incluso de que es virtuoso o moralmente obligado, poner término a ciertas vidas humanas carentes de calidad. Y algunos de ellos están dispuestos a hacerlo, ya colaborando a que el paciente ponga voluntariamente fin a su vida, ya practicándole la eutanasia….
…Creo que conviene, para evaluar por contraste en valor inestimable de la atención paliativa, preguntarnos qué pasa cuando se autoriza legalmente la eutanasia y la ayuda médica al suicidio.
Mi tesis es clara: cualquier legislación tolerante de la eutanasia, por restrictiva que pretenda ser en el papel, provoca un cambio brutal, que afecta a los principios y a la práctica de la atención médica. La perturba profundamente, la degrada en lo ético y la empobrece en lo científico.
La decadencia ética no es difícil de calcular. En la dinámica de la permisividad legal, y en la conciencia del médico, despenalizar la eutanasia empieza por significar que matar sin dolor es una forma excepcional de tratar ciertas enfermedades, que sólo se autoriza para situaciones extremas y muy estrictamente reguladas.
Pero, sin tardanza, de modo inexorable, por efecto del acostumbramiento social, del engolosinamiento de los medios de comunicación, y del activismo pro-eutanasia, la despenalización restrictiva termina por significar que matar por compasión es una alternativa terapéutica aceptada de hecho, con más indicaciones de las que se pensaba en un principio. Y es tan eficaz, que los médicos no pueden moralmente rehusarla. La razón es obvia: la eutanasia -una intervención limpia, rápida, eficiente al cien por ciento, indolora, compasiva, mucho más cómoda, estética y económica que el tratamiento paliativo- se convierte en una tentación invencible para ciertos pacientes y sus allegados.
Despenalizada la eutanasia, lo grave para un número de médicos y enfermeras, es que las virtudes profesionales específicas -la compasión, la prevención del sufrimiento, el sentido de justicia, el deber de no discriminar entre sus pacientes- se vuelven contra ellos, de modo que se ven impulsados por sus propias virtudes profesionales a la aplicar cada vez más esta terapia liberadora: no se puede negar a un paciente el alivio definitivo que, en circunstancias similares, se ha dado a otros; ni es operativo retrasar para más tarde lo ya ahora se presenta como el remedio indicado y eficaz. El concepto de enfermedad terminal se ensanchará más cada vez; las indicaciones de la eutanasia se irán haciendo más extensas y precoces.” Gonzalo Herranz, Conferencia en el VI Máster de Cuidados Paliativos. Aula “Ortiz Vázquez”, Hospital La Paz de Madrid, 8 de mayo de 1999.
domingo, 11 de diciembre de 2022
Eutanasia: el arma de la derrota
En su actuación el médico tiene a su cargo una persona que muestra un deterioro orgánico o psíquico, en mayor o menor proporción, reclama que se le preste una atención integral a su persona, y requiere, desde el inicio, ser acogido por la ciencia y la humanidad del facultativo.
Tanto si el resultado del acto médico conduce felizmente a la curación, como si sólo cabe adoptar medidas de cuidados paliativos, invariablemente debe permanecer constante la actitud médica inicial. Es decir, querer garantizar siempre el mejor cuidado científico y humano posible. Por otra parte, mantener viva esa conducta básica inicial asegura y facilita que los procedimientos científicos que se vayan tomando están en la vía adecuada.
Muestra nítida de ejemplaridad de ello se tiene en la Medicina Militar, al menos, en lo que respecta al ejército español. En las misiones en donde tiene que actuar, sean ordinarias o especiales, es regla de oro que estén presididas por no hacer, en absoluto, acepción de procedencia de los pacientes que les llega, sea de un signo u otro, y vengan de donde vengan, tratando a cada uno con la misma dedicación profesional. Se subraya, así, que lo esencial en todo acto médico es acoger a la persona vulnerada para prestarle los conocimientos científicos que le solucione o, al menos, le alivie la gravedad de su situación.
Por tanto, en el horizonte de la actuación del médico militar no tiene cabida la eutanasia, pues, para él, el enfermo cuenta desde el inicio con todo el amparo científico y paliativo eficaz disponible, sin dar cauce a una valoración espúrea del paciente según criterios de mayor o menor utilidad, o de calidad de vida, que son los que abastecen y nutren a la mentalidad eutanásica.
Las siguientes palabras sintetizan muy bien lo que se viene comentando: “hemos aportado, durante toda la historia militar, sacrificio, heroísmo, conocimiento, ciencia… en definitiva, vida. Porque nosotros lo que aportamos es vida y tranquilidad a nuestros soldados. Lo venimos haciendo desde siempre de manera organizada” General Manuel Guiote, médico militar.
En la Medicina Militar al médico sólo le mueve un interés básico: sacar a cualquier enfermo que le llegue de su comprometida o grave situación, venga de donde venga, y sólo por el hecho de ser enfermo. El médico militar, tiene muy aprendido, y asumido, que el médico que no sabe cuidar o paliar tampoco sabe curar.
Juan Llor Baños
Medicina Interna
11.XII.2022




